La creciente criminalización


Los plazos de Obama J. Jesús Esquivel



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Los plazos de Obama J. Jesús Esquivel


W ASHINGTON.- Personal del Departamento de Estado considera que la aprobación condicionada para que Cuba se reintegre al Sistema Interamericano como miembro activo es, para la administración de Barack Obama, una “herramienta de cálculo diplomático”. El propósito, a largo plazo, es que La Habana adopte reformas democráticas que faciliten las probabilidades de restablecer las relaciones bilaterales.

“Sabemos que el gobierno de Cuba ha dicho que por el momento no tiene ningún interés en reintegrarse a la Organización de los Estados Americanos (OEA), pero esta resolución (aprobada el miércoles 3 en San Pedro Sula, Honduras) es un proceso a futuro; sabíamos que su efecto no sería inmediato”, asegura a este corresponsal un alto funcionario del Departamento de Estado, quien aceptó la entrevista bajo la condición del anonimato.

Según él, la resolución aprobada en San Pedro Sula abroga la suspensión impuesta a la isla caribeña por la Casa Blanca en 1962, en plena Guerra Fría; ahora el gobierno de Estados Unidos intenta demostrar que hay consenso democrático entre los países del hemisferio para acabar con el aislamiento regional de Cuba.

Dice el entrevistado: “Estados Unidos está avanzando en el camino bilateral con Cuba, hemos logrado más cambios en sólo cuatro meses (de la presidencia de Obama) que los que se alcanzaron en varias décadas.”

Consciente de que las estrategias de cambio en la relación bilateral y de que la posibilidad de un eventual levantamiento del embargo económico dependen del comportamiento del gobierno de Raúl Castro, el funcionario del Departamento de Estado insiste en que Washington se mantendrá siempre abierto a la negociación con La Habana, una vez que existan señales en la isla caribeña de un interés genuino por acabar con las retóricas obsoletas de la Cuba de Fidel Castro.

En este contexto, explica, fue muy importante que la Asamblea General de la OEA aprobara una resolución condiciona da al cumplimiento de los principios de la Carta Democrática del Sistema Interamericano relacionados con la instrumentación del respeto a los derechos humanos, la apertura económica, comercial, la no intervención, la libertad de expresión y la democracia.

“La medida no es impositiva, para nada; es una oferta que puede tomar el gobierno cubano lo considere prudente. Además, Estados Unidos y Cuba tienen su propio proceso para un cambio en las relaciones bilaterales”, anota.

La Casa Blanca, asegura que el presidente Obama esta “complacido” con el curso que ha tamoda el proceso de modificación en la relación bilateral con la Habana. Primero, por la decisión del gobierno de Raúl Castro de aceptar la propuesta de restablecer las negociaciones con Washintongton suspendidas en 2003, en materia migratoria y para el restablecimiento del servicio postal directo entre los dos países.

Como parte de sus promesas de campaña de modificar la política exterior de Estados Unidos y de abrirse al diálogo con los “países enemigos”, incluida Cuba, en abril último el presidente Obama modificó las regulaciones federales del Departamento de Tesoro.

Con esa medida dio el aval para que el exilio cubano en Estados Unidos pueda viajar libremente a Cuba para visitar a sus fa miliares (durante el gobierno de George W. Bush sólo se podía realizar un viaje cada tres años), así como enviar dinero a la isla y todo tipo de regalos.

La decisión de Obama también dio luz verde a las empresas de telecomunicaciones estadounidenses para conseguir las licencias necesarias a fin de ampliar y mejorar el sistema de comunicaciones de la telefonía celular cubana, así como la transmisión televisiva vía satélite. “Todos estos pasos son muy importantes dentro de la relación bilateral”, dice el entrevistado.

E insiste en que “lo alcanzado en la reunión de la OEA en Honduras es nada más un camino para eliminar un obstáculo, pero un obstáculo regional que le abre más oportunidades a Cuba para cuando quiera tomarlas, si es que quiere tomarlas”.



El papel de Hillary Clinton

Dentro de su estrategia para modificar la relación con Cuba a largo plazo, siempre y cuando haya reciprocidad de parte del gobierno de Raúl Castro, era importante la eliminación de un “irritante” regional como lo era la suspensión de Cuba dentro de ha OEA impuesta hace 47 años, dice el funcionario del Departamento de Estado.

Por eso, insiste, las negociaciones de San Pedro Sula dejan entrever un involucramiento diplomático de Estados Unidos al más alto nivel para evitar que Nicaragua y Venezuela bloquearan la intención de condicionar el regreso de Cuba al Sistema Interamericano bajo el acatamiento de los principios definidos en la Carta Democrática de la OEA.

También aclara que Hillary Rodham Clinton, la secretaria de Estado del presidente Obama, quien sólo estuvo presente en las negociaciones de San Pedro Sula el martes 2 y salió precipitadamente para El Cairo, Egipto, para incorporase a la comitiva del presidente Obama en su gira por cuatro países (dos de Europa y dos de Medio Oriente), se mantuvo en constante comunicación telefónica con sus colegas latinoamericanos hasta el último momento. Su intención era lograr la aprobación consensuada de la resolución que levantó la suspensión a Cuba.

Lo mismo hizo el propio Obama, admite el funcionario del Departamento de Estado; incluso “habló por teléfono con el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, para conseguir que se rompiera ha tensión que prevaleció en los momentos finales de la definición del texto final de la resolución”.

La intervención directa de Obama, quien se comunicó desde Arabia Saudita con su par brasileño, fue para pedirle que convenciera a Nicaragua y a Venezuela de que dejaran de complicar un proceso cuyos objetivos son a largo plazo.

Y el miércoles 3 por la mañana HiIary Clinton llamó por teléfono a la canciller mexicana Patricia Espinosa, así como a sus homólogos Celso Amorim y Mariano Fernández, de Brasil y Chile, respectivamente. El propósito: asegurarse de que se eliminara cualquier oposición a la resolución que finalmente quedó aprobada ese día.

“Logramos un consenso sobre un tema sensible que nos facilita (a Estados Unidos) un proceso futuro de diálogo con Cuba, pero que crea un ambiente favorable para los otros desafíos y oportunidades regionales que se esperan más adelante; como son la solución a la crisis económica y la lucha contra ha inseguridad, entre otras cosas”, insiste el entrevistado.

Respecto a la amenaza que hicieron algunos legisladores estadounidenses inmediatamente después de que se aprobara la resolución de San Pedro Sula, de suspender las aportaciones económicas de Esta dos Unidos a la OEA con las que se financia el 60% de las operaciones del organismo interamericano, el Departamento de Estado y la Casa Blanca están seguros de que van a conseguir que no se haga realidad esta advertencia que proviene básicamente de congresistas de origen cubano.

“Vamos a hablar con nuestros amigos del Congreso que también comparten la idea de que ya es tiempo de cambiar la relación con Cuba, siempre y cuando el gobierno cubano demuestre su compro miso con los principios democráticos”, acota el funcionario del Departamento de Estado.



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