Las carreras tecnologicas


CAPITULO X LA UNIVERSIDAD IN SITU



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CAPITULO X
LA UNIVERSIDAD IN SITU:

AMPLIACION

DEL ESPACIO ACADEMICO
"Parecía claro que la universidad debía ir hacia el pueblo, franqueando por vías asequibles, hacederas, su aporte científico tecnológico. La Ciudad Universitaria, noble objetivo de una época, debía dar paso a una universidad de la nación, en una nueva y ambiciosa medida. Todo el territorio del país habría de convertirse en campus universitario, en espacio cruzado por una red creciente de cátedras y laboratorios, donde cada trabajador pudiera convertirse en un estudiante y cada estudiante en un trabajador".
Juan Marinello.1
Una nueva apertura
Los caminos para el acceso de los trabajadores a la universidad se estaban abriendo. Sin embargo, no basta con la decisión de incorporarlos a la universidad; hay que crear las condiciones para ello y trabajar duro por hacerlo realidad. Que se sepa, ninguna universidad ha colocado en su puerta un letrero que diga: "Se prohibe el ingreso a los trabajadores", pero tampoco se sabe de muchas que se hayan preocupado por desarrollar una política que realmente lleve a los grupos más bajos de la sociedad a niveles de enseñanza superior.

Cuando la Universidad Técnica del Estado llegó a los trabajadores y otros sectores de escasos recursos, obtuvo una respuesta inmediata. Los cursos de temporada realizados en poblaciones marginales o en los mismos locales sindicales, se repletaron rápidamente, y en ciertas oportunidades hubo que crear cursos paralelos debido a la afluencia de alumnos. Había deseo, ansias de estudiar, de perfeccionarse. Sólo había que proveerles de la oportunidad.

Se habían creado medios importantes para conseguirlo. Las escuelas de nivelación, para permitirles la terminación de la enseñanza media, y las carreras tecnológicas, cortas y vespertinas, constituían grandes portalones por donde los obreros, campesinos y otras capas podían acceder a la universidad. Profesores y estudiantes de la Universidad Técnica estaban llenos de convencimiento, fuertemente motivados en cuanto a atraer a estos ciudadanos y compartir con ellos la cultura, la ciencia y la técnica en estimulantes jornadas de auténtica convivencia.

Pero había que dar otro paso más. Era necesario llegar hasta los trabajadores. Había que tomar en cuenta sus dificultades e, incluso, su timidez ante esa torre de marfil inalcanzable. No bastaba abrir la puerta y sentarse a esperar. Era necesario llegar hasta la fábrica, la mina, la aldea, el puerto, etc.

Había que obrar con audacia. Terminar definitivamente con la idea de que la ciencia, la educación y, especialmente, la universidad es propia de una élite, por amplia que ésta pudiera ser, con la idea de que la inteligencia, el espíritu, el conocimiento son privilegios de iniciados o de miembros de una casta o de un sacerdocio hermético. Era necesario cambiar aquella mentalidad - no fue fácil - y abrir paso al pensamiento de que se puede instalar cursos universitarios en una fábrica o en una mina y que la universidad que lo haga no aparecerá disminuida. Y no pensar más que el nivel de una universidad se reduce a medida que ella se extiende, prejuicio muy generalizado.

Nunca bajaron los niveles de la Universidad Técnica a pesar de que en cinco años cuadruplicó el número de sus alumnos y abrió cursos y carreras en todo el territorio nacional. Por el contrario, en este lapso subieron sus niveles académicos, especialmente en matemáticas (se otorgaba el "Master of sciences"; ver capítulo IV en "Los profesores y su perfeccionamiento"), química y física (cuyos departamentos estaban ya programando él mismo grado), metalurgia y minas (cursos de postgrado) y educación con sus nuevas autoridades. Como se dijo en el capítulo IV, contribuye a estos niveles el regreso de cerca de dos centenas de profesores que habían estudiado y obtenido un grado en Canadá, Estados Unidos y otros países, como también los cursos de perfeccionamiento de profesores en el país. De igual manera se ampliaron o mejoraron las investigaciones, asignándoles mayores recursos, como se vio en el mismo capítulo en “La investigación”. Nunca se distrajeron recursos económicos de otros programas de la universidad para aplicarlos a los nuevos programas de educación de trabajadores; para ello se obtenían aportes especiales de las empresas, los sindicatos y algunos aumentos en el presupuesto por parte del gobierno de la Unidad Popular.

Es necesario reconocer que entre 1972 y 1973 se comenzó a detectar un leve descenso en el rendimiento estudiantes. Ello se reconocía en el hecho de que algunos estudiantes se inscribían en menos asignaturas o repetían algunas, lo que, en general, se traducía en una prolongación del tiempo de permanencia en la universidad, extendiéndose su carrera hasta en un año. Esto se debía a las tareas laterales de los estudiantes y la Federación propuso un plan de medidas para superar esta situación. Sus resultados no alcanzaron a ser evaluados.

En todo caso, uno de los aportes más significativos de la experiencia de educación universitaria de trabajadores fue el refutar y reducir muchos prejuicios en ese campo y, al mismo tiempo, evidenciar el interés y la capacidad de los trabajadores para estudiar y perfeccionarse.


La universidad extramuros
Si bien la instalación de institutos tecnológicos en diversos puntos del país significaba una innovación de consideración en el ambiente de la educación superior en Chile, la instalación de cursos universitarios en las faenas mismas de los trabajadores fue un paso lleno de audacia. Y allí se encontró amplia acogida.

Comenzó en 1971 a principios de año. La Escuela de Ingenieros Industriales (que más tarde pasó a integrar la nueva Facultad de Ingeniería) había suscrito un convenio con la Industria Textil Sumar - una de las más grandes del país y, que había sido recientemente nacionalizada - con el objeto de racionalizar totalmente el sistema productivo de la industria tanto en la administración como en líneas de producción, de trabajo, revisión de las resoluciones tecnológicas, estudio de movimiento, de mercado, etc. En adelante, la industria iba a servir a la nación y no a la familia propietaria de ella. Durante esta actividad y a través de la visita cotidiana de profesores y estudiantes a la industria, surgió la idea de instalar cursos allí y desarrollar actividades académicas que fueran compensadas con la participación de los estudiantes de ingeniería para realizar allí práctica sobre sistemas de producción. Pronto esta iniciativa fue tomada por la Oficina del Convenio CUT-UTE y fue traducida en un convenio firmado por la empresa y la Universidad en el cual se consignaba la instalación dé algunas carreras tecnológicas en la industria misma. Posteriormente, en una ceremonia pública, se firmó el convenio definitivo en el que se establecía una Escuela de Nivelación y carreras tecnológicas en la industria misma. En el primer semestre de 1972, funcionaban cuatro cursos en estas carreras, 160 alumnos en horarios diurnos y vespertinos (debido a sus tres turnos de trabajo) con un profesor de jornada completa y cinco de jornada parcial. Los cursos se desarrollaban en el local de una escuela pública muy cercana a la industria y que disponía de facilidades para tales actividades.

Posteriormente se firmaron decenas de convenios con industrias a iniciativa de los propios trabajadores. La mayor parte de ellos eran concertados con empresas que estaban “estatizadas” y cuyo consejo administrativo comprendía la importancia que tenía para la industria que se elevaran los niveles de conocimiento de sus obreros. También influía el espíritu de superación que se despertaba en el personal con la sensación de que algo nuevo estaba ocurriendo que para muchos se empezaba a realizar un anhelo que ya creían perdido. Estos consejos estaban dirigidos por el interventor nombrado por el gobierno y se integraban con representantes del personal, tanto técnico, administrativo como de empleados o de obreros. De allí se puede apreciar la acogida que tenía la idea de estos convenios que, por lo general, era propuesta por el sindicato de obreros o de empleados.

Fueron muchos organismos que suscribieron convenios con la Universidad Técnica. Varios de ellos se refieren a investigaciones científicas, tecnológicas, de asesoramiento, artísticas, etc. que ya se han enumerado. Además de éstos, se firmaron una cincuentena de convenios con minas o industrias para la instalación de cursos universitarios junto a las faenas. Una lista de estos convenios por sectores se puede ver en la Tabla 26:



Tabla 26
Instituciones y empresas en las que funcionaron cursos universitarios en virtud de convenios suscritos con la UTE (1970 -1973), por sectores
Servicios

Compañía Chilena de Electricidad (CHILECTRA)

Ferrocarriles del Estado

Empresa de Agua Potable

Línea Aérea Nacional (LAN)

Corporación de Fomento a la Producción (CORFO)

Empresa de Transportes Colectivos

Correos y Telégrafos

Empresas extractivas (Mineras)

Sindicatos Profesional e Industrial de las Minas de Cobre Chuquicamata

Id. Id. de La Exótica

Sindicato Profesional de Empleados de la Compañía Cobrechuqui

Compañía Minera Andina (Cobre, Los Andes)

Sociedad Minera El Teniente (Cobre, Rancagua)

Compañía Minera de Santa Fé (Hierro, Copiapó)

Compañía Minera Santa Bárbara (Hierro, Copiapó)

Compañía de Cemento Polpaico, Cerro Blanco

Empresa Nacional de Petróleo (ENAP)

Empresa Nacional de Minería (ENAMI)

Empresas Carboníferas de Lota, Coronel y Schwager


Textiles

Manufacturas Textiles Sumar

Complejo Textil de Tomé

Yarur, Industria Textil

Textil Progreso

Sociedad Textil Banvarte, Arica

Industria Nacional del Rayón, S.A.
Industrias varias

Compañía Manufacturera de Papeles y Cartones de Puente Alto

Automotriz Franco - Chilena de Los Andes

Industria de Neumáticos S.A. (INSA)

Manufacturas de Cobre (MADECO)

Manufacturas de Metales, S.A. (MADEMSA)

Artefactos de Electricidad (SINDELEN)

Sociedad Industrial Pizarreno (Materiales de construcción)

Fábrica de Enlozados (FENSA)

American Screw

Aluminios Fantuzzi

Artefactos de Electricidad ELECTROMAT

Sociedad Industrial Vocanita (Materiales de construcción)
Alimentos

Industria Azucarera Nacional S. A. IANSA de Curicó

IANSA de Linares

IANSA de Chillán

IANSA de Los Angeles

IANSA de Rapaco

IANSA de Llanquihue

Pesqueras de San Antonio

SOCOAGRO Sociedad Agrícola y Comercial
Empresas comerciales

Empresa de Comercio Agrícola (ECA)

Distribuidora Nacional Gildemeister, S.A.

Banco del Estado


Universidades y Municipalidades

Universidad de Concepción y

Municipalidad de Lota para el Convenio de la Zona del Carbón

Municipalidad de Angol para el Instituto Tecnológico de Angol

Municipalidad de Santiago para el Instituto del Tránsito

En estas instituciones se organizaron cursos para las carreras tecnológicas, y en muchas de ellas se fundaron escuelas de nivelación.


La "Universidad del Carbón"
Merece especial atención lo desarrollado en la zona del carbón en la provincia de Concepción. En la ciudad de ese nombre funciona la Universidad de Concepción y una sede de la Universidad Técnica del Estado. La Universidad de Concepción es antigua y prestigiosa, con gran sentido social y larga tradición científica y artística. Fue otra de las universidades que profundizó la reforma universitaria y la llevó a cabo en forma consecuente, impulsada por un estudiantado combativo y un rector que había ganado el respeto de todos: el doctor Edgardo Enríquez Frödden, quien fue posteriormente ministro de Educación del presidente Salvador Allende hasta el día del golpe militar. Ambas universidades iniciaron conversaciones para determinar qué se podría realizar para llevar la educación a la zona carbonífera de esa provincia, especialmente a las localidades mineras de Lota y Coronel. En la creación de este nuevo centro universitario, las universidades contaron con la cooperación decidida de las municipalidades de Lota y Coronel, la Compañía Carbonífera de Lota - Schwager, la Central Unica de Trabajadores, los sindicatos mineros y el magisterio de la región.

Finalmente, el 20 de enero de 1971, se firmó un convenio. En su texto se expresaba: “Las Universidades de Concepción y Técnica del Estado desarrollarán en las ciudades de Lota y Coronel labores docentes, de investigación y de difusión tendientes a la formación tecnológica, profesional y a la capacitación sindical de los habitantes de la zona”, y agregaba en el punto cuarto: “ Ambas universidades orientarán fundamentalmente su actividad en función de las demandas de técnicos y profesionales que la región requiere y de las necesidades de la clase trabajadora y sectores populares de la zona”. Y más adelante: “Las Universidades de Concepción y Técnica del Estado se comprometen a estimular, desarrollar y fomentar actividades culturales y recreativas teniendo en cuenta la existencia de organismos de esta naturaleza en las ciudades de Lota y Coronel".

Después de la firma del convenio, se constituyó un consejo directivo del programa con la representación de las universidades y los demás organismos que los suscribieron. Finalmente las actividades se inauguraron el 30 de mayo con una ceremonia solemne, a la que asistieron los primeros 530 alumnos, en el Teatro de Lota Bajo. La Clase Magistral que coronó este acto fue pronunciada por el presidente de la República, Salvador Allende, y asistieron ambos rectores, Edgardo Enríquez y Enrique Kirberg, el presidente de la Corte de Apelaciones, el intendente de la Provincia, los presidentes de los sindicatos de las Minas del Carbón, el gobernador del Departamento, el alcalde de Lota, el embajador de Polonia y autoridades eclesiásticas y militares. Participó también el Coro de la Universidad de Concepción.

Hicieron uso de la palabra el alcalde de Lota y maestro de la enseñanza básica, Danilo González;2 el presidente del Sindicato Industrial Minero de Schwager, Juan Bravo; los rectores de las universidades, y Salvador Allende.

El alcalde de la comuna de Lota dijo, entre otras cosas:
Lo que ayer nos parecía utópico hoy es una luminosa realidad. Las universidades entablan un diálogo abierto con el pueblo. Nos ofrecen la posibilidad concreta de realizar carreras para los hijos de los trabajadores. Para aquellos que por razones socioeconómicas no estaban en condiciones de llegar a las aulas universitarias.
El rector de la Universidad de Concepción expresó:
La sede universitaria a cuya inauguración estamos asistiendo, es la materialización de un viejo anhelo de los educadores, que siempre han soñado con dar a los obreros y empleados modestos, la posibilidad de incorporarse a la educación superior. Las carreras vespertinas que se han establecido cumplen esta aspiración.
Y, en su discurso, el rector de la Universidad Técnica manifestó :
Se trata que las universidades abran sus puertas y permitan a los trabajadores y los campesinos llegar a todos los niveles académicos de la universidad ...

Saludo a los nuevos alumnos de la Universidad Técnica del Estado que se encuentran aquí presentes, saludo a aquellos que después de sacudirse el polvo del carbón y de enjugarse el sudor, van a sentarse al pupitre del estudiante a seguir aprendiendo algo nuevo, con ese tesón con que lo hacen los obreros.


En su clase Magistral, el presidente Allende dijo:
. . . este gobierno del pueblo, comprendiendo la misión de las universidades, respetando su autonomía y exigiéndoles que sean cada vez más críticas en sentido constructivo, ha dado todo su aporte para hacer posible que se abran permanentemente las puertas universitarias para que entre el pueblo a expresar su talento y ponerlo al servicio de la patria.3
Como se ha dicho, el Instituto Tecnológico de Lota, a cargo de la Universidad Técnica del Estado, y el de Coronel, a cargo de la Universidad de Concepción, se inició con 530 alumnos, la mayor parte de ellos jóvenes estudiantes, hijos de mineros (cerca de un 60%), y el resto, mineros que poseían ya su licencia secundaria. Las carreras tecnológicas con que se iniciaron en Lota fueron: Control de Producción, Explotación de Minas, Dibujo Industrial, Prevención de Riesgos, Galerías de Minas y Mantención Mecánica y Eléctrica.
Otros convenios
A mediados de 1971, se firmo un convenio con la Compañía Chilena de Electricidad CHILECTRA y el Sindicato Unificado de Trabajadores de dicha empresa. El acuerdo señalaba que las tres entidades "aúnan sus recursos y esfuerzos para llevar a la práctica programas específicos en los campos de la capacitación, de la formación profesional, de las investigaciones y otros campos destinados a abrir nuevas perspectivas al desarrollo de la generación y distribución de la energía eléctrica", Y "que sus respectivas inquietudes de servir a la patria se traducirán en mejores logros mediante la concertación de acciones comunes y concretas".

Entre las disposiciones del convenio, se encontraba una que creaba un Instituto Tecnológico, dependiente de la Universidad Técnica del Estado, que desarrollaría sus actividades en los salones del edificio del Sindicato en el que funcionarían cuatro carreras tecnológicas: Redes y Equipos de Distribución, Administración, Mantenimiento Electromecánico y Protecciones de Equipos Eléctricos y Mecánicos. Además se consideraba el funcionamiento de una Escuela de Nivelación para el personal tanto de obreros como de empleados.

Por su parte, la Compañía Chilena de Electricidad, según este convenio, daba facilidades para que los demás alumnos de la Universidad Técnica pudieran realizar sus prácticas en dicha empresa. En este sentido se desarrollaron temas de seminarios y tesis de grado de interés común para ambas instituciones.

En la ciudad de Calama, como ya se ha dicho, funcionó un Instituto Tecnológico organizado directamente por la Universidad Técnica a través de su sede de Antofagasta. Posteriormente se celebraron convenios con los sindicatos de mineros y de empleados de Chuquicamata. A los dos años, se firmó un convenio con la empresa misma (marzo de 1973) que poseía gran amplitud, pero no llegó a desarrollarse plenamente debido al golpe militar. La revista Presencia UTE del 26 de julio de 1973 describe la actividad que se desarrolla junto a las minas:


Al atardecer, los alumnos comienzan a llegar al Instituto Tecnológico para asistir a las clases que dictan cuarenta y cinco profesores, la mayor parte de ellos, ingenieros de Cobrechuqui. Esto se realiza como resultado del convenio firmado en marzo de este año entre la Compañía del Cobre y la Universidad Técnica para que esta última proporcione un sistema integral de educación a los trabajadores de ese mineral.

Entre los puntos de dicho convenio figuran un programa de nivelación media tecnológica; carreras tecnológicas para formar técnicos de mandos medios; cursos de perfeccionamiento para superar conocimientos de los trabajadores en sus respectivas áreas; cursos especiales para profesionales y técnicos de Cobrechuqui, y cursos de post-grados para profesionales y técnicos de la compañía.


Por dicha época, el Instituto Tecnológico de Calama funcionaba en el local de una escuela pública y se preparaba para trasladarse a un edificio que la empresa le había destinado. Tenía 475 alumnos, los que serían incrementados pronto con las 360 vacantes ofrecidas para el segundo semestre de 1973 tanto en la Escuela de Nivelación como en las 4 carreras del instituto: Mineralurgia del Cobre, Mantención Mecánica, Control de la Producción y Mantención Eléctrica.

En enero de 1972 se firmó un segundo y más amplio convenio con la empresa minera de "El Teniente" en las oficinas principales de la empresa en Rancagua, con la asistencia de numerosos ejecutivos y del presidente de la Central Unica de Trabajadores. De acuerdo al documento que se firmó, la universidad pondría en marcha (y lo puso) ese año el "Centro Universitario para los Trabajadores" de tal forma que permitiría a los mineros de "El Teniente" alcanzar los más altos niveles universitarios, cualquiera que fuera su escolaridad actual, ofreciéndoles las oportunidades y facilidades para acceder a todos estos niveles. El centro universitario funcionó en Rancagua y se dictaban cursos de capacitación, carreras tecnológicas, primeros años de ingeniería, programas de investigación tecnológica, programas de extensión cultural y cursos de post-grado. Por su parte, la empresa minera de "El Teniente" se comprometía a entregar todos los recursos que permitieran a la universidad desarrollar el mencionado programa universitario; aportarían los recursos humanos, materiales y financieros adecuados y, al mismo tiempo, darían las facilidades necesarias que permitirían a sus trabajadores realizar estos cursos en forma normal. En 1973, este centro tenía cerca de un millar de mineros en sus diferentes niveles.

Otro convenio importante fue el firmado por esa época con los Ferrocarriles del Estado. Esta empresa contaba desde mucho tiempo con una institución educacional de bien ganado prestigio denominado Instituto Técnico Ferroviario. A este instituto le faltaba el respaldo universitario, tanto en el planteamiento de sus curricula como en el valor de sus títulos. El convenio impuso la dirección académica de la universidad en el instituto que pasaba prácticamente a formar parte de ella; las carreras se completaban a un nivel de ingeniero de ejecución y se establecieron requisitos de ingreso similar a toda la universidad, pero destinado al personal ferroviario. Las áreas de estudio fueron concentradas en: Administración, Explotación y Mantención de Equipo Ferroviario, Vías y Obras Ferroviarias, etc., y, además, la Universidad Técnica montó las Carreras Tecnológicas para la formación de mandos medios que la empresa requería. Para poner en marcha estos programas, de acuerdo al Convenio, se constituyó un Departamento Académico Paritario que sería el nexo permanente entre la Universidad y Ferrocarriles del Estado para la administración y regulación del Convenio.
El convenio con la Papelera
La Compañía Manufacturera de Papeles y Cartones de Puente Alto tiene una larga tradición en el adiestramiento de sus trabajadores. Existe un Departamento de Adiestramiento dependiente de la Gerencia General, que funciona aproximadamente desde 1930. Como su nombre lo indica, la labor principal de este Departamento es adiestrar a los trabajadores de la Empresa para un mejor desarrollo de su trabajo. Según esta Empresa, las finalidades de esta actividad son tres:

1) Eliminar el analfabetismo y nivelar los conocimientos generales del personal.

2) Capacitar eficientemente en sus labores, a todo el personal.

3) Formar personal para asumir mayores responsabilidades.4


Sin embargo, a comienzos del año 1972, los obreros de la Papelera, representados por sus organismos sindicales de obreros, técnicos y empleados, se interesaron por los cursos y carreras que la Universidad Técnica del Estado ofrecía a las organizaciones obreras, campesinas y de empleados. Tomaron contacto con la universidad y se realizaron amplias conversaciones en las que participaron los dirigentes sindicales, la gerencia y la universidad.5 Las partes aprobaron un convenio similar a los convenios que la Universidad Técnica suscribía con otras empresas y organizaciones de trabajadores. Por tener tal importancia, se transcribe in extenso a continuación
En Santiago, a 23 de mayo de 1972, entre la gerencia de la Compañía Manufacturera de Papeles y Cartones, en adelante la CMPC, y las Federaciones Sindicales de la CMPC, Federaciones de Técnicos y Administrativos, Federación de Empleados Papeleros y Federación de Sindicatos Industriales Papeleros y la Universidad Técnica del Estado, en adelante Universidad, todos de este domicilio y representados por quienes suscriben el presente documento,

Considerando


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