*Los Ángeles, ee. Uu: Contraste de dos realidades Recuerdo Los Ángeles, en la California soñadora, con sus edificios, parques, calles, avenidas y aceras, todo en grande, dos o tres veces el ancho y largo de los de Managua



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*Los Ángeles, EE.UU: Contraste de dos realidades

Recuerdo Los Ángeles, en la California soñadora, con sus edificios, parques, calles, avenidas y aceras, todo en grande, dos o tres veces el ancho y largo de los de Managua. Los edificios de cristales con ventanas relucientes que parecían espejos, molestaban la vista al verlos de frente. Toda una ciudad fantástica, pulcra e higiénica para impresionar al turista japonés y europeo, que casi siempre va a los mejores lugares en los tours pagados. Yo veía pasar a los turistas privilegiados, con sus cámaras al cuello, sonrientes, y despreocupados, emocionados de estar en la ciudad de las grandes estrellas cinematográficas. Pero yo no era un turista; era un inmigrante latino; alguien que conoció con algo de profundidad los detalles de esa gran ciudad, o quien pudo entrever las lacras de una mujer bonita y coqueta escondidas en el maquillaje.

El centro de la ciudad muestra un nudo social. El Oeste es la parte bonita, limpia, pero agitada por el rápido y práctico caminar de los norteamericanos (en su mayoría de raza blanca), que ajenos al entorno casi corren por llegar a tiempo a ponchar su tarjeta, o se prestan a tomar el taxi o el carro estacionado en el parqueo. Todos ellos elegantemente vestidos de uniformes o trajes completos. Pero toda esta apariencia de fantasía y vanidad cae en repugnancia e inconformidad en el lado Este de la ciudad, que es como un gran basurero con gente miserable y edificios viejísimos; todo en abandono. Aquí se camina más despacio, a veces como en cámara lenta, no hay urgencia de ir al trabajo (hay desempleo), no lujo, ni etiqueta en el vestir (ropa de segunda, o barata de swapmeet). Ese sector es transitado en su mayoría por negros y mejicanos inmigrantes, ilegales casi siempre, que andan errantes por esas calles de vida o muerte “a la cara o sol” y es que la muerte camina de tu lado en ese sector (asaltos con armas de fuego o arma blanca, toda variedad de agresiones o placeres insanos); las drogas son vendidas como chiclets, y la policía se hace como la que no ha visto, aburrida de ver una realidad incambiable. Este es en L.A., el lado oscuro – the dark side – que no presenta Hollywood.

Inversionistas sur–coreanos vs., nativos–americanos. Los inversionistas que son extranjeros legales, han sido bienaventurados es esta ciudad, con más y mejores derechos que los propios americanos nativos no blancos (indios, negros y chicanos). Con el pretexto de que los inversionistas traen capital y generan fuentes de empleos, esta ciudad les ha concedido un libertinaje económico. Los coreanos establecen pequeños negocios (restaurantes, mini-tiendas, relojerías, casas de empeño, etc.) los cuales son administrados por familias; además de que si llegan a necesitar a un empleado extra lo escogen de entre su mismo grupo racial. Esto genera grupos sociales bien cerrados de un mismo origen y apariencia física. Las ganancias que estos negocios generan son llevadas fuera del sector o de la ciudad donde tienen el establecimiento. En otro sentido, ellos realizan un proceso paulatino pero constante de descapitalización del lugar o barrio donde operan. Tal práctica ha generado resentimiento y malestar en los sectores más empobrecidos y desprotegidos de la ciudad de Los Ángeles (que casi siempre en su mayoría son gente de raza negra) en contra de los inversionistas.

Los negros, pobres negros norteamericanos, los mas manipulados, los mas explotados, los mas marginados, los más olvidados, y por si fuera poco los mas injustamente tratados por la policía y el orden jurídico norteamericano, son sometidos al exterminio. Pululan como moscas, que a ratos se detienen aquí o allá, sin rumbo fijo, sin empleo, sin futuro, solos o mal acompañados, desventurados, sin hogar, homeless y en su propio país.

L.A., es todo un contraste, lleno de injusticias y desigualdades sociales; riqueza y abundancia por un lado, pobreza y desilusión por el otro. A veces me decía, esta realidad no es la mostrada en los folletos de agencias turísticas, ni en las películas que a diario se ven en el cine o la TV y es que venden una imagen falsa o verdad a medias, con un fin propagandístico político o turístico. Es la postal que en su reverso está llena de mugre.



*Este documento fue publicado en El Nuevo Diario el día 17 de junio de 1992.

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