3. El mana y el poder de la magia
El resultado evidente de todo esto es que todas las teorías que colocan al mana y a similares concepciones en la base de la magia están apuntando en una dirección equivocada. Porque si el poder de la magia se localiza de modo exclusivo en el hombre, y sólo él es el que puede detentarlo bajo condiciones muy especiales y en la manera que tradicionalmente se ha prescrito, se seguirá que no es una fuerza como la que describió el doctor Codrington, según el cual «este mana no está fijo en nada y puede trasladarse a casi todas las cosas». El mana, también, «actúa en todas las formas para bien o para mal... se manifiesta en la fuerza física y en cualquier poder y calidad que posea un hombre». Está claro ahora que esta fuerza que describe Codrington es casi el exacto opuesto del poder mágico tal como lo encontramos incorporado en la mitología de los salvajes, en su conducta y en la estructura de sus fórmulas mágicas. Porque el poder real de la magia, como yo lo conozco en Melanesia, está fijado solamente en el hechizo y su ritual y no puede «trasladarse» a cualquier cosa, sino únicamente por un procedimiento estrictamente definido. Nunca actúa «en todas las formas», sino sólo en las especificadas por la tradición. Nunca se manifiesta en la fuerza física, mientras que sus efectos sobre los poderes y cualidades del hombre están estrictamente definidos y limitados.
Y tampoco la concepción similar que se encuentra entre los indios norteamericanos puede relacionarse con este poder especializado y concreto. Porque del wakan de los dakota leemos que «toda vida es wakan. También lo es toda cosa que exhiba poder, ya sea en la acción, cual los vientos y las nubes que se mueven, o ya en la resistencia pasiva, como el peñasco del camino... Comprende todo misterio, todo poder secreto, toda divinidad». Del orenda, palabra importada de los iroqueses, se nos dice: «Esta potencia es propiedad sostienen éstos de todas las cosas... las rocas, las aguas, los mares, las plantas y los árboles, los animales y el hombre, el viento y las tormentas, las nubes, los truenos y los relámpagos... la mentalidad en embrión de tales hombres la considera ser la causa eficiente de todos los fenómenos y de todas las actividades de su entorno».
Después de lo que se ha establecido sobre la esencia del poder ya casi no es preciso que pongamos el acento en el acento en lo poco común que existe entre los Conceptos de tipo mana y la virtud especial del hechizo y ritual mágicos. Hemos visto que la clave de toda creencia mágica es la tajante distinción entre, por un lado, la fuerza tradicional de la magia y, por el otro, las fuerzas y, poderes de los que tanto el hombre como la naturaleza están dotados. Las concepciones del tipo mana, wakan y orenda, que incluyen toda suerte de fuerzas y poderes además de la magia, constituyen simplemente Un ejemplo de la temprana generalización de un concepto toscamente metafísico como el que también se encuentra en algunos otros vocablos salvajes, concepto en extremo importante para nuestro conocimiento de la mentalidad primitiva, pero que, atendiendo a nuestros datos actuales, únicamente abre un problema como el de la relación entre los primeros conceptos de «la fuerza», «lo sobrenatural» y «el poder de la magia».
Resulta imposible decidir, con la información sumaria de que disponemos, Cual es el significado primario de tales conceptos combinados: el de la fuerza física y el de la eficacia sobrenatural. En los conceptos americanos parece que el énfasis se pone en el primero, en Oceanía en el segundo. Lo que deseo dejar claro aquí es que en todos los intentos de entender la mentalidad del nativo es menester, en primer lugar, estudiar y describir sus tipos de costumbres y explicar su vocabulario en función de éstos y de su vida. No hay guía más engañosa para el conocimiento que el lenguaje, y el «argumento ontológico» es especialmente peligroso en antropología.
Era preciso que entrásemos en tal problema con detalle, porque la teoría del mana como esencia de la magia y de la religión primitivas ha sido tan brillantemente defendida y tan temerariamente manejada que ha de advertirse, en primer lugar, que nuestro conocimiento del mana, notablemente en Melanesia, es en cierta medida contradictorio y, por encimavii de todo, que casi no contamos con dato alguno que nos muestre hasta qué punto tal concepción atañe el culto y credo religioso o mágico.
Una cosa es cierta: la magia no nace de la concepción abstracta de poder universal, posteriormente aplicada a casos concretos. Sin duda alguna, ha surgido de manera independiente en ciertas situaciones reales. Cada tipo de magia, nacido de su propia situación y de la tensión emotiva de ésta, se debe al flujo espontáneo de las ideas y a la espontánea reacción del hombre. Es la uniformidad del proceso mental en cada caso la que ha originado ciertos rasgos universales de la magia y esas concepciones generales que hallamos en las bases del pensamiento y conducta mágica del ser humano. Será necesario que expongamos ahora un análisis de sus situaciones y de las experiencias que éstas provocan.
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