Eduardo sabugal machaen chapingo-zootecnia,generacion 1961-1968



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El Internado

( EDUARDO SABUGAL MACHAEN – CHAPINGO-ZOOTECNIA,GENERACION 1961-1968 )

Dedicado a los colegas de la escuela nacional de agricultura generación olímpica 1968, y en especial al amigo de siempre Juan Francisco Escobedo castillo. En memoria de Ignacio Olalde Gradilla.

A pocos kilómetros de la ciudad de México cerca de Texcoco se localiza una prestigiada universidad que en otros tiempos fue una escuela militarizada.

Hemos querido retroceder medio siglo y en boca de nuestros personajes relatar lo que en ese internado se vivía. Que tanto de ficción o realidad tiene los dichos que nos narran nunca lo sabremos con certeza.

Al principio de los años 60's la población estudiantil era de unos 500 internos jóvenes que estudiaban diferentes ramas de agronomía. Había algunos extranjeros de Perú, Venezuela, Costa Rica, República Dominicana, Haití, ecuador y otros países de América latina.

Los estudiantes gozaban de una beca que incluía alimentación, alojamiento, ropa militar y algunos servicios gratuitos como peluquería y lavandería.

Para merecer esta beca durante siete años, periodo requerido para concluir los estudios de ingeniero agrónomo, Había que estudiar arduamente además de cumplir con las disposiciones y reglas que imponía la disciplina militar.

Sin embargo muchos de los internos abandonaban la escuela, la mayoría en el transcurso del primer año.

Algunos por reprobar materias otros por no soportar la disciplina militar y otros por no aguantar las novatadas, ya que los casi adolecentes de nuevo ingresos, eran sometidos durante un largo año a humillaciones y vejaciones, por parte de los veteranos.

Pues bien, regresemos el carrete del tiempo y situémonos cincuenta años atrás, días antes de los desfiles militares, se intensificaban las prácticas y los cadetes tenían que marchar dos o tres horas al día.

Lo que para algunos era una pérdida de tiempo, para otros era satisfactorio participar el 16 de septiembre en el largo desfile. Desde el zócalo de México hasta el castillo de Chapultepec.

O ir en el contingente del 5 de mayo a Puebla, y después participar en el tradicional combate de flores que protagonizaban las muchachas poblanas.

- Otra vez perdiste el paso, Alejandro

marcha bien ah me voy a tropezar contigo y levanta bien el Mauser (fusil fabricado por Mauser) lo traes todo chueco y me vas a dar un fregadazo.

En el próximo descansó mejor tú te pasas atrás.

- Ah ya sabes que me tiene sin cuidado esto de la milicia, además ya me calo el hombro este maldito mosquetón.

- Y tú qué crees... Que yo estoy en un lecho de rosas.

- Ah bueno pero tú tienes sangre de Militar, no.

- Que sangre de Militar, ni que la “chingada”

- Solo quiero que no me arresten.

Ya tengo acumulados 200 puntos de demérito y si llegamos a los 600... Caput.

Y ya cállate, que ya está de regreso buldócer.

Ese si tiene espíritu de verde no más lo hicieron subteniente y se tomó muy enserio su papel.

Ya viste, marcha como NAZI, el muy “mondrigo “.

- Shii hay viene

- Shii (silencio)

- Ojala en el desfile, ahora si manden a los de acaballo. Atrás de nosotros.

Si no corremos el riesgo de resbalarnos con las majadas.

Como le paso al Nacho el año pasado, ¿Te acuerdas?

- ja ja ja

Irma joven de 18 años, estudiaba el último año de una carrera técnica. Tenía poco tiempo de conocer a Alejandro se veían, los fines de semana cuando él estaba franco.

Alejandro entonces tenía 19 e iba a la mitad de la carrera de ingeniería agronómica, había logrado sobreponerse a la disciplina militar y aun que no era buen estudiante. Se las había ingeniado para pasar los exámenes con el mínimo necesario, para así conservar la beca.

Alejandro no habría podido estudiar de otra manera, ya que su madre maestra jubilada y su padre que aún era profesor de secundaria. No contaban con recursos económicos suficientes para sacar adelante a ocho hijos.

- Alejandro, cuéntame quienes son tus compañeros de dormitorio haya en el internado.

- Juan es mi vieja... ja ja ja .

- No me mal intérpretes, Así se dice al compañero de cuarto.

- Los veteranos están dos por cuarto y los pelones habitan al principio tres en cada cuarto después del primer trimestre solo quedaran dos.

- ¿Y porque?

- Algunos adejan la escuela por no soportar las novatadas.

O por reprobar.

- Hay cuatro componías o dormitorios. Y en total hay como doscientos cincuenta cuartos.

- ¿Y cómo es tu cuarto?

- Ah bueno tiene piso de duela, dos mesas, dos libreros, dos camas todo metálico de color café, closets de madera... Que más te digo.

- Tenemos mosquiteros en la ventana, hay abundan los moscos, algunos compañeros han desarrollado tal habilidad, que los matan en pleno vuelo, eh, usando la toalla como látigo.

- ¡Vaya!

- La puerta tiene al centro un visor de vidrio, que obligadamente debe estar descubierto durante el día.

Para vigilancia del personal militar.

Por las noches se nos permite taparlo.

Los colchones son de borra.

Periódicamente los sometemos a patadas en sus costados, para hacerlos menos incomodos.

Desde luego hay que dejarse puestas las pesadas botas, para hacer más eficiente esta tarea.

La ropa de cama está marcada con nuestro número correspondiente.

El mío es el 343.

Los cobertores también son cafés, y tenemos una colcha de muy mal gusto de rayas blancas y azules.

Al final del año hay que entregar puntualmente todo, Contra el resguardo correspondiente.

Pero misteriosamente, no sé porque desaparecen estás colchas.

Tenemos que ir a México, hay en la merced que es el único lugar donde se pueden conseguir… En Fin.

Ya te estoy aburriendo con tanto detalle, ¿no?.

- ¡No!, no me aburre.

Al contrario, me interesa saber cómo vives en ese internado.

¿Siempre andas uniformado.?

- Bueno el uniforme del diario, es de color caqui, de ahí que nos digan caqueros las botas muy feas y pesadas son cafés.

Ya siendo veteranos tenemos derecho a un uniforme de gala, Con casaca blanca o negra, con vivos azules, botines y un maquinof negro (abrigo tipo gabardina) con botones dorados. Prenda muy valiosa, ya que es de lana con buen forro, Ideal para las noches cuando el frio cala.

ja ja ja… Claro que esta prenda también es muy cotizada, por meseros de las cantinas de Texcoco.

- Te has de ver muy guapo, con ese uniforme. Quiero que me regales una foto.

Bueno... Claro Irma.

- Déjame decirte que se le pude sacar provecho al uniforme de gala. Sobre todo cuando nos contrata de chambelanes, para quinceañeras de los pueblos cercanos de la escuela.

- Oye, he oído que te refieres a tus compañeros por sus apodos, ¿Por qué esa maña de poner sobrenombres?

Parece que están en la cárcel.

- ahh, En parte tienes razón. Los internados militares tienen algunas semejanzas con las prisiones no creas.

- ¿Y a ti como te dicen?

- Ahhh... Yo no tengo apodo Irma. Yo no tengo apodo fijo.

- Ya dime, como te dicen.

- Bueno mira depende del día, bue… Ja ja ja ... Bueno miera eh, ah Juan, Ignacio y a mí nos apodan los tres chiflados.

- ja ja ja … Hay no me digas, ¿como los de la serie de la tele?, Que feo apodo les pusieron. ¿Por qué les dicen así?.

- Ah ni te rías eh, que hay apodos peores. Nos dicen así, tal vez porque a nacho y a Juan se les ocurre cada cosa.

- humm ju ju ju... ¿Y a ti no?.

- Bueno algo hay que hacer para no aburrirse. En cuanto a los apodos de la escuela parecen un Zoológico o el arca de Noé.

- Mira está el perro, bueno hay dos perros el perro Magallanes y el perro Lalo, la Hormiga, el pollo, el ratón, la araña, el Chivo, la ardilla, el lobo, el caimán, el vampiro, el caballo, el grillo, la boa, Pancho pantera,… Solo por mencionarte unos, eh…

- ¿Que todos tienen apodos de animales?

- Hay, no claro que no, también tenemos un chompas, ah el, el Güiro, el choyas, el turco, el bachas, ah chavelino, el norote,... ja ja ja ... el Greñas, el Buen tacuaro, el patachin, el trompas, el chumas, ruyis, el huevo, el tequila, ahh los xochimilcas, el siete, el foco, el bilis, el loco, vapu, gasparin, la pacota,...

- Ja ja ja ... hay que variedad. ¿Cuándo te regresas al internado?

Irma y Alejandro, iniciaban una apasionada relación, sin saber que perduraría casi medio siglo después, Con tres hijos y tres nietos.

Para ellos fueron tan intensos y fugaces, esos últimos cuarenta y ocho años, que ni oportunidad les dio de apreciar el transcurrir del tiempo.

- Regreso hoy en la noche, pues cuando me voy los lunes tengo que salir a las cinco de la mañana. Tomo el primer camión que va del parque de los venados hasta correo mayor, de ahí camino cuatro calles, desayunó en alguno de los puestos hay de la merced, una torta de tamal, o un atole… Cualquier cosa que me cueste dos pesos. Hay en moneda tomo el camión que va a Texcoco, Va parando en algunos pueblitos, así que apenas llego a tiempo. Para pasar lista y entrar a primera clase.

Además no me gusta llegar noche, pues el ambiente es algo tétrico, para llegar al internado hay que atravesar la carretera y después las vías del tren que va para Veracruz.

La puerta principal conserva la estructura de la antigua hacienda y da hay una ancha avenida adoquinada, con grandes árboles a los lados, columnas de piedra en forma de pirámide truncada, que tiene arriba una esfera que apenas si ilumina la avenida.

Las noches son muy obscuras en la ex hacienda, en ese camino es donde se parecen las animas.

- Animas, ¿ah poco tú crees en eso?

- Bueno eso dicen algunos compañeros, yo no he visto nada.

Pero a decir verdad si se siente algo extraño eh, gente vieja del lugar cuenta que en tiempo de la revolución, ahorcaron a varios en ese camino.

Y cuando caminas por ahí, si sientes como si hubiera alguien más mirándote desde la penumbra, y el viento silva... Hay de tal manera que hace que te ponga de la piel de gallina.

- Me estas asustando Alejandro

- Pero de día no está nada mal, a la izquierda no lejos de esa calzada están los laboratorios de química, algunos salones y ah la biblioteca principal.

Bueno hay me la paso todo el tiempo, ¿Tu sabes, no?

Atrás de la biblioteca está el auditorio y más atrás está el jardín botánico, y a la derecha el correo.



Por cierto haber, ¿cuándo me escribes?

- Te prometo que lo hare.

Quiero conocer el internado, cuando me llevas.

- ¡Nunca!

- ¡Como que nunca!, ¿te da pena que te vean con migo?

- No, no es eso, es que algunos compañeros son muy salvajes, basta que oigan un taconeo de mujer por los pasillo, para como perros salgan disparados de sus cuartos.

No quisiera que te faltaran al respeto, con decirte que cuando estamos en el comedor y anuncian llamada telefónica para algún compañero, al ir a contestar es bombardeado por decenas de bolillazos, ya te imaginaras que tan salvajes son.

- ¿Qué, no se permiten las vistas?

- uuh Pues no están prohibidas, bueno a lo mejor te llevo algún día, cuando todos estén de vacaciones.

Oh a lo mejor algún domingo.

- Bueno, sígueme describiendo tu escuela, me interesa como vives, que haces y todo.

- El edificio principal tiene mucho valor histórico. Antes fue el casco de una hacienda conserva los torreones, lo que antes era la capilla ahora es un museo, con murales de diego rivera y todo, la puerta trasera conduce por un camino de terracería aun pequeño pueblo, Un Pueblo que se llama “Bolleros”.

A la derecha de los dormitorios esta un enorme patio, rodeado por pasillos techados que conducen al comedor que es bastante grande, hay comemos al mismo tiempo casi quinientos alumnos.

Atrás del comedor están los campos deportivos, la alberca con agua helada y el gimnasio. Se me hace que si tienes que ir para que te explique en vivo.

- Ya vez, te lo dije.

- Mi... Mira la escuela es muy grande está cercada, sin embargo afuera hay terrenos de cultivos experimentales que también pertenecen al internado.

- ¡Ya es tarde!, ¿Me acompañas, vas a pasar a mi casa?

Quiero que te conozca mi familia.

- Hay mejor el próximo sábado que este más presentable.

(toque de Diana)

- Alejandro ya levántate cabrón, a qué hora llegaste anoche.

- auhmm ahh Hay como a la una, no encontraba camión. Tuve que pasar por la calzada helándome de frio.

- ¡Oh de miedo!

- Ah que va.

- ¿En la tarde tienes clases?

- Solo una, ¿Qué apoco quieres ir a Texcoco?

- No Juan, apenas es lunes y hay que estudiar para el examen de química orgánica.

- Vamos, vamos que ya están formados para entrar al comedor.

- Alejandro, pásame las balas.

- Ten ahí están los frijoles.

- Oye chiflado, ¿qué le pasa a mateo, eh?

Últimamente lo veo muy agüitado, ya no lo he visto en el gimnasio, ni en clases.

- No Sabes, el pobre jodido, quien sabe que broncas tiene, en su casa y pa' colmo reprobó los trimestrales de cálculo y edafología y toda vía nos falta el más perro, el de botánica sistemática con el doctor Hernández.

Y si reprueba este caput, se acaba la beca verdad nacho.

- Creo que lo que lo tiene más agüitado es que termino con su novia. Apenas recibió carta de torreón, en donde lo manda a la fregada, parece que ya se va a casar con bato de por allá.

- Viejas… ja ja ja jay

- Eso mismo...

- Como nos clavamos hasta las chanclas por una, habiendo tantas. Bien dicen “amor de lejos es de pendejos”,

Pobre Mateo hay que llevarlo al “bar”, para que se ponga una guarapeta con nosotros y se olvide de sus males.

Los miércoles eran especiales en el internado, en la noche había función de cine en el auditorio y para la cena habría un pastel corriente y mantecoso, para cada mesa.

Otras veces le servían tamales y atole, algunos abusivos llegaban antes y comían más de su ración, y para disimular el hurto llenaban las hojas de los tamales con el migajón de los bolillos.

La trama de la película poco importaba, se trataba de encontrar parecidos de los actores con algún estudiante y gritar su nombre o apodo en el momento preciso.

- ¡Miren ahí está el patachin!

- Ja ja ja ja

Con la consecuente carcajada colectiva ese miércoles por la tarde, los tres amigos habían salido del internado, y estuvieron bebiendo en una de las cantinas de Texcoco.

Alejandro estaba más ebrio, así que era ayudado por sus amigos, mientras caminaban de regreso a la escuela siguiendo la vía del tren, para no caer.

- Eh chiflado, ya casi llegamos, ehm ya mero llegamos chiflado.

- Ya mero...

- Ya mero, cállate y camina derechito que el velador, no te vea como vienes.

- ehhhh no vengo, no vengo.

- Ahora si se le pasaron los tragos a Alejandro. Vamos a llevarlo al cuarto, ándale no podemos llevarlo al cine así. Déjalo hay que duerma la mona. Bien encerradito para que los verdes no lo vean.

- Como no se iba a embriaga, si tomo mucho y no comió nada, ¿Cómo se te ocurre decirle que la barbacoa de los tacos, la hacen con mitad de borrego y mitad de perro Ignacio?

- Pust ja como sea que la preparen, estaba muy buena esa barbacoa. ¿No?

- Hay, hay... chiflado aaapúrate aquí espantan.

Ignacio y Juan, llevaron a Alejandro a su cuarto, lo echaron sobre su cama, le quitaron las botas y cerraron con llave el cuarto.

Se fueron al auditorio donde ya había empezado la función de cine, en esa ocasión proyectaban casa blanca.

Alejandro poco duro tirado en la cama, aunque la embriagues apenas lo dejaba mantenerse en pie. Se levantó y al ver que sus amigos lo habían encerrado con llave, se asomó por el visor de la puerta.

- Ahhh... ¡ábranme!, sáquenme de aquí... heyyy chhhiflado…

No había nadie en el corredor, todos estaban en el auditorio.

Apenas se había recostado, cuando oyó pasos que se acercaban, se asomó por el visor y vio a Mateo, quien pasaba apresurado por el pasillo.

Alejandro le hiso señas y le llamo a gritos, mateo lo miro de reojo pero no le contesto.

- Ahhh ese jodido de Mateo, pues ¿que no me Vio?

¿Que no oyes, que te estoy hablando Mateo?

¿Para qué se puso el uniforme de gala? … y para que esa maldita cuuuerda…

Ah de estar más borracho que yo…



Vencido por la borrachera Alejandro se tumbó otra vez sobre la cama.

Era una noche fría de octubre y afuera del auditorio un gran roble crujía por el viento, un bulto se mecía entre la penumbra de las ramas y los estudiantes que salían del cine, miraban incrédulos la escena aterradora.

Algunos con la esperanza de lo que veían, fuese producto de una broma de mal gusto. Como tantas bromas geniales que seguido se ideaban en el internado.

Pensaron que se trataba de algún monigote, al que le habían puesto el uniforme para que pareciera un ahorcado. Asiendo remembranza de las leyendas que se contaban en el lugar.

No había sido una broma, no era un bulto lo que colgaba de la rama. Era Mateo, no soporto vivir sin el amor de su novia de torreón y angustiado por estar a punto de perder la beca, decidió matarse y terminar con sus males.

Escogió el árbol más alto a la salida del auditorio… En miércoles de cine y a la hora que acababa la función, como si fuera una despedida de cuerpo presente, para todos los estudiantes que miraban con espanto el cuerpo inerte meciéndose ligeramente por un viento helado.

Que presagiaba una entrada del invierno, Hay para que no se olvidaran de él jamás.

Pasaron los días y el internado regreso a la normalidad, pero Alejandro aun no superaba el terrible suceso.

- Ya olvídate de eso cabrón…

No te atormentes, Tú no podías haberlo evitado.

A lo mejor ni lo vistes, estabas muy ebrio.

Y además Ignacio y yo, te encerramos en el cuarto para que los verdes no te vieran borracho.



- Claro que lo vie Juan, inclusive llevaba en su mano izquierda enrollada esa cuerda con la que se ahorco.

Me acuerdo que llevaba puesto el uniforme de gala… si hasta llevaba puesto el kepi (Sombrero o gorra militar con visera), y los botines negros y hasta creo que portaba el sable.

- Bueno Alejandro, y entonces como te explicas que cuando se colgó, tenía puesto el uniforme de diario.

Inclusive las botas caqueras estaba debajo de él. Se le zafaron a la hora de la zarandeada.

- Tal vez el que vistes, no era el Mateo, Era otro estudiante que iba de chambelán a Texcoco. Y se escondía para que no se burlara de él, por eso no te hizo caso.

- No chiflados, estoy seguro que era él, hasta le grite pero no me pelo.

- Y entonces regreso a cambiarse de ropa antes de colgarse.

- Bueno, no nos hagamos tontos, no le hubiera dado tiempo de hacer ese cambio de uniforme.

Los tiempos no coinciden, además tenía la mirada perdida, ausente como si no estuviera hay, como si no pudiera verme ni comunicarse con migo.

- Eh ee... Yo creo que nunca lo viste, cuando menos vivo. Tuviste una premonición o vino después de ahorcarse a despedirse de ti.

Hace cincuenta años, no había computadoras personales y mucho menos la internet, ni todos los equipos electrónicos que permiten la comunicación y el procesamiento casi instantáneo de millones de datos. Herramientas que la mayoría de estudiantes a nivel profesional, pueden disponer en estos tiempos.

En la escuela militarizada de nuestra historia, los estudiantes más actualizados, contaban con una regla de cálculo y unos cuantos con una calculadora científica.

Había un centro de cómputo sin embargo las computadoras eran unos muebles gigantescos, que tenían que estar con clima controlado y para hacer alguna rutina matemática, que ahora cualquier computadora la hace en segundos. Estas grandes computadoras tardaban horas en dar los resultados y para ingresar los datos se requería el uso de tarjetas perforadas.

Pero vayamos a este internado y a través de los hechos cotidianos, conoceremos más de lo que se vivía en los años 60's.

Alejandro, Ignacio y Juan, durante la tarde habían preparado bolsas de palomitas, en el departamento de industrias agrícolas y antes de que empezará la función de cine de los miércoles, ya estaban en la entrada del auditorio.

Con todo y el robo que sufría su mercancía, tendrían algunas ganancias para las salidas a Texcoco y para el pasaje del sábado a la ciudad de México.

Antes los estudiantes apodados los tres chiflados, habían estado en la fonda de siempre. Dentro del mercado de Texcoco, en sus mesas y sillas plegables de metal tomaban cerveza y comían tacos de chicharrón, aguacate y hierbas. Mientras en una rock-ola escuchaban boleros, danzones y swing de las grandes bandas.

- Échale monedas a la rock-ola, ándale ponte ah… Ponte a Álvaro Carrillo.

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