Fisiología del Alma



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LA SALUD Y LA ENFERMEDAD
Pregunta: Antes que nos trasmitáis vuestras consideraciones sobre la eficacia del tratamiento homeopático, prometidas hace mucho, desearíamos que nos explicaseis cómo se originan las molestias, particularmente en el mundo oculto de las fuerzas que alimentan el pensamiento y el sentimiento.

Ramatís: La salud y la enfermedad, son producto de la ar­monización y desarmonización del individuo con las leyes es­pirituales que actúan desde el mundo oculto sobre el plano físico. Las molestias, por tanto, ponen de manifiesto en el mundo psíquico e invisible a los sentidos de la carne, cuando ¡el alma está enferma! La cantidad de cólera, envidia, lujuria, codicia, celos, odio o hipocresía que el espíritu haya acumulado imprudentemente en el presente o en las existencias físicas an­teriores, forman un patrimonio "morbo psíquico", una carga insi­diosa y tóxica que, en obediencia a la ley de la Armonía Es­piritual, debe ser expurgada de la delicada intimidad del periespíritu. El mecanismo ajustador de la vida, actúa drásti­camente sobre el espíritu que incurrió en falta, al mismo tiempo que el fardo de sus fluidos nocivos y enfermos se van difun­diendo por su cuerpo físico.

Durante el período gestatorio de la nueva encarnación, esos residuos psíquicos venenosos provenientes de energías gastadas mórbidamente, se condensan gradualmente en el cuerpo físico a medida que éste crece y, por fin, lesionan las regiones orgánicas que por hereditariedad sean más vulnerables. Ese proceso me­diante el cual el espíritu drena su psiquismo enfermizo a través de la carne humana, la Medicina lo estudia y lo clasifica bajo grave terminología técnica, preocupándose más de las "enfermedades" que de los "enfermos". Aunque la ciencia médica cla­sifique ese drenaje en su nomenclatura bajo la denominación de lepra, pénfigo, sífilis, tuberculosis, nefritis, cirrosis o cáncer, se trata siempre de un espíritu enfermo que evacua en la carne su carga residual psíquica y deletérea que acumuló en el pasado o en el presente. La causa de la enfermedad, además de diná­mica, es oculta a los ojos y sentidos físicos. El enfermo siente el estado mórbido en sí mismo, pero el médico no lo ve ni puede palparlo como si fuera una cosa objetiva. Cuando ocurre su ma­nifestación física enfermando la carne, alterando los tejidos, de­formando los órganos o perturbando los sistemas vitales, es por que el morbo psíquico alcanzó su final, después, de una larga excursión oculta por el organismo del enfermo, hasta alcanzar la periferia de la materia en donde se acomoda o acumula. Es que el espíritu, a través de virosos esfuerzos, termina focali­zando los residuos en una zona orgánica vulnerable, en su ten­tativa de eliminación tóxica. Por eso, no es en el momento exac­to en que el individuo acusa los síntomas materiales de la enfer­medad, que realmente está enfermo, aunque su mundo exterior no hubiese tenido conocimiento del hecho.

Las inflamaciones, úlceras, tumores, fibromas, tuberculosis, sarcomas, quistes, hipertrofias, cirrosis, adenomas, amebiasis, etc., son apenas las señales visibles que identifican la manifestación mórbida que "descendió" del psiquismo enfermo, exteriorizán­dose en la materia.

Pregunta: ¿Qué podríamos entender por el aforismo que dice que la salud y la enfermedad vienen "de arriba para abajo" y "de adentro hacia afuera?"

Ramatís: Samuel Hannemann, consideró que la enfermedad como la salud, tienen su origen primordial en la mente, emocio­nes, sentimientos y sensaciones de la criatura, como un todo vivo; es decir, cuerpo y alma. De ahí, pues, haber consagrado la ley que tanto la salud como la enfermedad, vienen de adentro hacia afuera y de encima hacia abajo, o sea, del alma para el cuerpo; o con su germinación en lo alto, que es la mente, o en el centro, que es el sentimiento de la criatura humana.

Ese concepto, extremadamente valeroso para el siglo XVIII, despertó muchas sonrisas irónicas y sarcasmo tonto contra el ge­nio de la Homeopatía. No obstante, la nueva escuela psicológica moderna, que investiga la causa de los desequilibrios orgánicos en la vivencia psíquica, se familiariza cada día más con él y comprueba la justicia de los conceptos hannemanianos. Actual­mente, la medicina no opone duda que las perturbaciones men­tales, emotivas y sentimentales, alteran profundamente el cos­mos orgánico. El espíritu humano, piensa por lo mental, siente por lo astral y actúa por lo físico, acarreando, hasta la periferia de su cuerpo, toda la carga mental y emotiva que se origina en su profundidad espiritual, produciendo las distintas modifi­caciones de fondo en ese trayecto oculto para el objetivo.

A través de la mente, circulan "de arriba para abajo" los pensamientos de odio, envidia, sarcasmo, celos, vanidad, orgu­llo o crueldad, incorporándose, en su pasaje, con las emociones del llanto, miedo, alegría o tristeza, que tanto pueden modificar la ética de los sentimientos como actuar sobre el temperamento, perturbando la solidaridad celular del organismo físico. El ce­rebro es el principal campo de operaciones del espíritu; es el productor de las ondas de fuerzas que descienden por el cuerpo y se gradúan conforme a su campo energético. La onda de la rabia, cólera o irascibilidad, es fuerza que hace crispar hasta las extremidades de los dedos; mientras que la onda emitida por la dulzura, la bondad o el perdón, afloja los dedos en un gesto de paz.

Se sabe que el miedo ataca la región umbilical a la altura del nervio vagosimpático, pudiendo alterar el funcionamiento del intestino delgado; la alegría afloja el hígado y desopila la bilis, mientras que en el sentimiento de piedad se refleja instantánea­mente en la región del corazón. La oración colectiva y sincera de la familia ante la mesa de las comidas, es suficiente para calmar muchos espasmos duodenales y contracciones opresivas de la vesícula hepática, predisponiendo también a la criatura para la armonía química de los jugos gástricos. El cuerpo físico es el prolongamiento vivo del psiquismo; es su forma condensada en la materia, por cuyo motivo sufre los más graves perjuicios de los estados mórbidos de la mente. La envidia, por ejemplo, comprime el hígado y el derrame de la bilis llega a causar bro­tes de ictericia, confirmando el viejo refrán que "cuando el indi­viduo se pone amarillo, es de envidia". El miedo produce sudores fríos y la adrenalina defensiva puede hacer que se ericen los cabellos; mientras que la timidez hace afluir la sangre a la cara, causando rubor. Ante el enemigo peligroso, el hombre se pone blanco, dominado por terrible palidez mortal; la cólera conges­tiona la sangre del rostro, paralizando el aflujo de la bilis y debilitando al colérico; la repugnancia vacía el contenido de la vesícula hepática, cuyo contenido, penetrando en la circulación, produce náuseas y atontamiento. La Medicina reconoce que exis­te eczema producida por cólera o injuria, pues sobreviene la intoxicación hepática, y las toxinas y los residuos mentales pe­netran en la circulación sanguínea; la urticaria es muy común en aquellos que viven bajo tensión nerviosa y preocupaciones men­tales. No son raras las muertes súbitas producidas por emociones de alegría o debidas a catástrofes morales inesperadas.

Por tanto, todas las partes del ser humano son afectadas por la influencia de la mente, que actúa fuertemente a través de los distintos sistemas orgánicos, como el nervioso, el linfático, el endocrínico o el circulatorio. Las recientes investigaciones mé­dicas bajo la orientación de la medicina psicosomática, están confirmando que el psiquismo altera profundamente la compo­sición y funcionamiento de los órganos del cuerpo físico. En consecuencia, debido a su penetración infinitesimal, es la Ho­meopatía la terapéutica más acertada y capaz de operar e influir en la raíz de las emociones y pensamientos perturbadores, mo­dificando los efectos de enfermedad que se manifiestan después en la organización carnal.

Principalmente, los estados de enfermedad que provienen de las alteraciones del sistema glandular, son los más sensibles, particularmente al tratamiento homeopático, puesto que tienen su principal base de perturbación en las condiciones mentales del espíritu. Las dosis infinitesimales potencializadas por el pro­ceso homeopático, expelen del psiquismo el potencial peligroso generado por la mente desordenada que sobrecarga el periespíritu con la carga mórbida de residuos tóxicos provenientes de sus contradicciones. En el caso de un hígado exhausto y abatido por la excesiva carga mórbida, que aflora "de adentro hacia afuera", o sea "del espíritu hacia la materia", ese órgano precio­so, filtro heroico y responsable de la producción de las hormonas de la nutrición, necesita alivio inmediato y socorro energético, en vez de ser flagelado violentamente por la medicación tóxica que, viniendo desde afuera, lo obliga a un trabajo excepcional.

En ese caso, la Homeopatía es la que mejor puede actuar a través de su procedimiento científico ordenado y exacto, sin obligar a los órganos abatidos a un drenaje intempestivo, reac­tivándoles las energías, con el fin de lograr una función terapéu­tica endógena y sensata.

EVOLUCIÓN DE LA HOMEOPATÍA
Pregunta: Si los espíritus desencarnados pueden prever con más certeza los acontecimientos futuros de nuestro mundo, ¿po­déis decirnos si el empleo de la Homeopatía tiende a difun­dirse, del mismo modo que sucedió con la Alopatía?

Ramatís: Tal como innumerables realizaciones e idealiza­ciones empíricas consideradas en otra hora como charlatanismo, se imponen actualmente como eventos científicos incontestables, la Homeopatía se ha de consagrar como una de las más exactas de las ciencias para curar al ser humano. Actualmente, la me­dicina alópata se siente casi impotente para solucionar muchos casos de enfermedades que se multiplican incesantemente, mien­tras que la farmacología moderna, bajo desesperada competencia comercial, se ve obligada a sustituir sus medicamentos con igual prisa que los modistos hacen variar la moda femenina.

El desenvolvimiento mental del ciudadano del siglo XX, como los actuales descubrimientos científicos en la esfera elec­trónica, dan suficiente capacidad al hombre para comprender el mecanismo del mundo infinitesimal y el consecuente poderío de las dosis dinamizadas de la Homeopatía. Pero es evidente que la historia siempre se repite cuando ocurren descubrimientos valiosos para la humanidad, pues ésta es renuente a reconocer los valores de sus grandes pioneros. A pesar de la consagración moderna del magnetismo y del hipnotismo terapéutico, Mesmer y Braid, sus descubridores, fueron considerados en su época, como hábiles charlatanes. Pasteur, hoy consagrado como una de las glorias irrefutables de la ciencia médica, fue también hos­tilizado cuando intentó demostrar la vida microbiana, Harwey, descubridor de la circulación sanguínea, y Semmelweis, el mé­dico que identificó la fiebre puerperal, fueron considerados necios, pese a que sus descubrimientos forman hoy las bases de los más rigurosos tratados científicos modernos.

Samuel Hannemann, el genio de la Homeopatía, sobrellevó su vida con amargura por la persecución y sarcasmo de los mé­dicos alópatas. Pero todo eso se ha de transformar en el más profundo respeto al criterio científico de la Homeopatía, pues llegará el momento en que la ciencia médica se arrepentirá de haber olvidado a aquel hombre durante tanto tiempo. Fue uno de los más grandes científicos de la humanidad, y su método te­rapéutico, encuadrado en la ley de que "los semejantes curan a los semejantes", es el mismo que la Naturaleza acostumbra a emplear en el tratamiento de las enfermedades crónicas, cuando, bajo genial proceso, acrecienta otra función enfermiza a la do­lencia que pretende curar.

Los médicos alópatas, no ignoran que la ley del "similia similibus curantur" rige también los principios de la vacinoterapia, de la insensibilización alérgica en el tratamiento hormonal y forma parte de otras distintas terapéuticas modernas, mientras son preparados en dosis infinitesimales, los histamínicos, los isó­topos, los coloides y los insensibilizadores. Después de los descu­brimientos que la ciencia logró en el terreno de la energía nuclear, ya no se puede dudar más del dinamismo establecido por Samuel Hannemann en su trabajo homeopático.

Pregunta: Los mentores espirituales de nuestro planeta, ¿no podrían auxiliar la medicina alópata en la consolidación de su terapia, de modo tan preciso que se pudiese omitir el método homeopático? Si éste está opuesto a la práctica tradicional de la primera, ¿no sirve para aumentar aun más la competencia entre dos escuelas diferentes?

Ramatís: El progreso y la purificación de vuestra humani­dad son acontecimientos previstos en un gran plano espiritual mediante el cual es supervisada la vida terrenal, encuadrándose todos sus acontecimientos en una disciplina superior, con el fin que cada cosa pueda encuadrarse en su ciclo exacto, en benefi­cio de la evolución general. La técnica evolutiva de la vida del hombre, determina que, a medida que cierta cosa se consolida, otra debe estar pronta para sustituirla en el futuro.

Cuando la medicina alópata mal consolidaba aun sus prin­cipios fundamentales, organizando su cuerpo doctrinario y dis­ciplinando la formación médica por el curso académico, la ley progresista orientaba los primeros estudios y experimentaciones, todavía indecisos, en la esfera de la Homeopatía.

Samuel Hannemann y sus devotos discípulos, como espí­ritus misioneros al servicio del bien de la humanidad, descu­brían las primeras leyes y establecían las reglas fundamentales de un nuevo sistema terapéutico que más tarde deberá imponerse al viejo método de curar, convirtiéndose en preciosa contribución a la Medicina terrenal.

Como los homeópatas se asemejan a valerosos pioneros atravesando la selva hostil de los sarcasmos y desconfianza mé­dica alópata, no pudiendo aun revelar toda la capacidad de la Homeopatía, el plano espiritual mueve otros recursos terapéu­ticos, cuyas raíces, por ahora ocultas, parecen basarse en los mismos principios que rigen las curas mediante las experiencias homeopáticas.

Se trata de la moderna medicina "Psicosomática", que con­sidera al hombre como algo más importante que una simple máquina y pretende tratarlo como una entidad global, un todo cuerpo-alma, y considerarlo terapéuticamente en todas sus rela­ciones íntimas con el ambiente. En consecuencia, es una eficiente terapia que servirá para llegar más fácilmente a la psicoterapia, libre, por tanto, del medicamento material.

Con esta explicación, os será fácil comprender que en el tratamiento de la salud del hombre, la Ley Espiritual va em­pleando distintas técnicas compatibles con su progreso mental y científico, pero procurando siempre su mayor elevación y cura psíquica. He ahí por qué los métodos de la medicina bárbara del pasado —como la exageración en la cauterización mediante el hierro al rojo vivo, la excentricidad de las mutilaciones, ven­tosas, sedales, exutorios, fontanelas, sanguijuelas y de la terapéu­tica escatológica, el tratamiento por medio de los vomitivos y purgantes en masa, la medicamentación contradictoria, versátil y tóxica de la medicina alópata— fueron apenas grados prepara­torios e hilos intermediarios que consolidan el éxito de la tera­péutica homeopática, preparando el terreno para la futura me­dicina psicoterápica pura y racional, cuando el hombre consiga mayor adelantamiento espiritual.

La Homeopatía no es una doctrina médica deliberadamente adversa a la Alopatía y sí una resultante natural del progreso terapéutico en el mundo terreno, conforme con la evolución mental y psicológica del hombre. Es un método que no debe ser subestimado y que no desaparecerá bajo cualquier crítica académica, porque representa exactamente una de las etapas avanzadas de la Ciencia Médica, en camino hacia la Psicoterapia absoluta.



Pregunta: ¿Cómo podríamos tener una idea de esa etapa avanzada de la Ciencia Médica, en donde la Homeopatía repre­senta la base favorable para la Psicoterapia absoluta del futuro?

Ramatís: El médico que pasara del conocimiento y del hábito exclusivo de la Alopatía al ejercicio de la medicina psicosomática, sin conocer primero los efectos y las sublimacio­nes científicas verificables que la práctica de la Homeopatía ejerce en los temperamentos, en la mente y en el psiquismo, se enfrentaría con grandes dificultades en su diagnosis, desperdi­ciando precioso tiempo al margen de conjeturas. La naturaleza de las indagaciones del médico psicoterápico y su consecuente juicio terapéutico, puede muy bien que no correspondan a la realidad esencial del psiquismo del paciente, si ese médico ignora el sentido exacto de las leyes espirituales que disciplinan la manifestación del espíritu en la forma carnal.

El enfermo no revela por sí mismo al médico, con toda exactitud, los principios psíquicos desarmonizados que son la causa exacta de su enfermedad, y si pudiese hacerlo, obviamente sería su propio médico. El enfermo expone los efectos mórbidos de las causas ocultas que ignora, y procura la solución a través de personas entendidas; revela sus impresiones al responder a las indagaciones médicas, sin que por ello esté identificando la reali­dad causal y revelando los hechos tal como ellos ocurren. Toda la sintomatología orgánica o psíquica observada por el médico o trasmitida por el enfermo al mundo exterior de la materia, es apenas un efecto de lo que se produjo bajo la regencia íntima de leyes y principios espirituales comúnmente ignorados tanto por el médico como por su paciente. Todos los fenómenos de vuestro mundo, tales como el calor, el frío, la electricidad, la tempestad o la simple composición del agua, obedecen a leyes inmutables, idénticas en cualquier latitud del globo o en cualquier época de su apreciación. El éxito del progreso y de la realización científica en el mundo terrenal, no se debe totalmente al descubrimiento de los fenómenos propiamente dichos o al hecho de haber sido controlados en su manifestación espon­tánea o conocidos en su origen, pues el suceso se interpretará cuando los científicos hayan podido identificar la naturaleza de las leyes que rigen tales fenómenos.

Será necesario pues, que en el examen del enfermo, el mé­dico no confíe solamente en aquello que puede impresionar sus sentidos físicos o despertarle asociaciones de ideas que favorezcan sus conjeturas psicológicas, aun cuando el resultado pueda sa­tisfacer los métodos oficiales e indagativos establecidos por la Psicoterapia o por el Psicoanálisis. Eso implicaría un ajuste de síntomas físicos o presumiblemente subjetivos, a programas y reglas, y a una técnica creada por los hombres; pero con igno­rancia de la vigencia exacta de las leyes espirituales indiscuti­bles que disciplinan los fenómenos, pero que no se modifican en modo alguno a pesar de las nuevas doctrinas científicas creadas por el hombre. Sentado esto, es preciso que en cualquier inves­tigación mórbida se procure descubrir antes, cuáles son las leyes exactas creadas por la Naturaleza o por la Divinidad, que realmente gobiernan las causas y los efectos de las enfermedades en observación. Esas leyes inmutables y espirituales que actúan indiscutiblemente sobre las causas y los efectos en la vida hu­mana, estableciendo tanto la salud como la enfermedad, actúan específicamente en el mundo mental oculto que nutre el pen­samiento, como también en el mundo etéreo-astral que alimenta las emociones e interpenetra la manifestación del espíritu hu­mano en la forma física. Los sentidos físicos, como recursos identificadores de la persona en el mundo carnal, observan y valoran las formas; pero éstas son apenas una expresión grosera y transitoria de las energías libres que "descendieron" o "bajaron" de los planos ocultos e imponderables, para plasmarse orgánica­mente en el escenario de la vida material.

Y como las dosis homeopáticas infinitesimales y dinamizadas consiguen penetrar intensamente en ese mundo oculto de las fuerzas libres, pues interfieren hasta en los síntomas mentales, la Homeopatía debe considerarse como una etapa de avanzada de la ciencia médica moderna, sirviendo de base experimental para el éxito definitivo de la Psicoterapia.



Pregunta: ¿Podrá la Homeopatía convertirse en una ciencia que dispense la cirugía?

Ramatís; En modo alguno, pues solamente la cirugía podrá atender los casos de lesiones corporales, deformaciones orgánicas, estenosis o destrucción y rotura de los tejidos, así como la extrac­ción de cuerpos extraños al organismo humano. Sin duda, la Homeopatía podrá ayudar a consolidar fracturas en los casos de accidentes óseos o favorecer determinada calcificación en las lesiones pulmonares. En cuanto a la operación mecánica de componer huesos o ajustar músculos traumatizados, sólo la intervención quirúrgica u ortopédica podrán resolver el caso.

No tenemos la intención de considerar la Homeopatía como la única ciencia médica, como tampoco la consideramos capaci­tada para que su dinámica pueda sustituir la preciosa asistencia quirúrgica que puede resolver o corregir las deformidades or­gánicas. Queremos explicar que la sabiduría homeopática es medicina que, en su penetración sutil en el cosmos orgánico, puede conservar mejor la salud humana porque, además de curar las enfermedades más contumaces, inmuniza el organismo contra futuras consecuencias, evitando determinadas intervenciones qui­rúrgicas.

Nuestro principal objetivo en estas consideraciones, consis­te en despertar la atención de los facultativos bien intenciona­dos, a fin de que estudien atentamente la medicina homeopá­tica, comprobando que cura por la movilización de las fuerzas del propio organismo, en vez de forzar los órganos enfermos a un trabajo aislado, obligados a funciones violentas e inesperadas para los cuales no están preparados ni fortalecidos, resultando más bien agravados por el drenaje tóxico de la medicina alópata. Bajo la Homeopatía, es el propio organismo el que acelera y dinamiza sus energías vitales, promoviendo las operaciones ne­cesarias para sustentar y destruir la invasión microbiana perni­ciosa. Ella reeduca el organismo y lo inmuniza en sus bases energéticas y vitales, potencializándolo en un estado de vigilia y seguridad que lo coloca a la defensiva contra cualquier enfer­medad imprevista.

Pregunta: En cierta ocasión, hemos oído decir a personas entendidas en cuestiones terapéuticas, que la Homeopatía no evolucionó. ¿Qué podéis decirnos al respecto?

Ramatís: Uno de los principios más importantes de la Homeopatía, es el estudio de las relaciones recíprocas del individuo, en contacto con las manifestaciones comunes de su morada físi­ca. Muchos de los principios adoptados por Hahnemann, están en franca aceptación por la medicina alópata, aunque solamente los reconozca bajo otros aspectos y quiera negarles la prioridad en la práctica homeopática. Los homeópatas, como ya os hemos dicho, consideran siempre al hombre enfermo en sus relaciones con el ambiente en que vive, pues además de la necesaria búsqueda de las causas mórbidas generadas en la intimidad de la criatura, la estudia en cualquier analogía que ofrezca con el mundo exterior en donde ella opera.

Como la Homeopatía se funda en principios inmutables y bajo leyes permanentes que garantizan la estructura definitiva de la doctrina, es evidente que su evolución sólo podría ser constatada en la multiplicidad y en la variedad de la aplicación de nuevos medicamentos dinamizados. A medida que aumenta la población terrestre, crece también el número de nuevos tipos psicosomáticos capaces de recibir modificación o impresión de nuevas oportunidades terapéuticas de los medicamentos dinami­zados. Así como las leyes y las reglas espirituales que gobiernan el mundo terreno son inmutables y ciertas, las leyes que funda­mentan la Homeopatía no se alteran ni se sustituyen en época alguna ni en ninguna latitud geográfica del orbe. Sus leyes no evolucionan, porque son principios definitivos derivados de las leyes que gobiernan la vida espiritual, que a su vez son fijas como el propio Dios, que no evoluciona, puesto que ya contiene en sí mismo el máximo de sabiduría, Poder y Voluntad. Ellas regulan la afinidad entre las sustancias, la cohesión entre los astros y la afinidad entre los seres, pues se derivan de una sola Ley, que es la Ley del Amor de Dios expresándose por medio de varias formas y planos de la vida cósmica.

Es por eso que tanto en el pasado como en el presente y como lo será en lo futuro, la ley de los semejantes que curan a los semejantes", permanece disciplinando el proceso de la cura homeopática, sin alteración alguna en su fundamento inmutable. Esta es una de las principales verdades de la Homeopatía, bajo cuya ley se mantiene la misma calidad original desde su conso­lidación, pues solamente la modificación de tal principio funda­mental es lo que podría cambiar también la doctrina de la medicación infinitesimal.

Pregunta: Pero el descubrimiento de nuevos medicamentos, ¿no comprueba también que la Homeopatía necesitó de otros recursos terapéuticos y que, por tanto, carece de progreso?

Ramatís: El progreso de la Homeopatía sólo sería compren­sible en su mayor amplitud de servicio terapéutico con la iden­tificación de nuevos tipos de enfermos en su área de aplicación medicamentosa. Además de sus medicamentos seculares, fueron también dinamizadas nuevas sustancias que pudieran atender a nuevos tipos de enfermos, algunos cuyos temperamentos "sui generis" son más afines a la inquietud del siglo atómico. En vista de la complejidad y superactividad en que vivís actual­mente, aumentan también las susceptibilidades de los individuos, que son obligados a constantes mutaciones que aceleran sus reacciones temperamentales y sensibilizan su psiquismo lleno de angustias cotidianas. Por eso es que los homeópatas modernos encuentran también tipos más sutiles y complejos para su acos­tumbrada identificación psicofísica, pues no pueden despreciar sus inesperadas reacciones, propias de la vida bulliciosa de las ciudades y de las mil adaptaciones en la atmósfera saturada de electricidad, emanaciones químicas y creciente radiactividad, cosas que no sucedían en la época de las experimentaciones de Hahnemann y de sus devotos discípulos. Ellos se ven obligados hoy a emplear un proceso semejante al que en la medicina aló­pata, se acostumbra a hacer con los enfermos alérgicos cuando se les aplica la medicación insensibilizadora, para ayudarlos a expeler los factores alérgicos. Así, procuran primeramente neu­tralizar en sus pacientes los factores provenientes del ambiente sumamente contradictorio, a través de dosis preventivas que des­intoxiquen e insensibilicen el psiquismo afectado por los dis­turbios de la vida moderna, por la cual aumenta cada vez más la perturbación, debido a los motivos ya apuntados.

Aunque en la vida actual se hayan manifestado nuevos y múltiples factores de perturbaciones que todavía no existían y hasta eran imprevisibles en la época de Hahnemann, todos los principios de su genial método de curación, continúan aplicándose cada día con mayor éxito. Los homeópatas modernos pudieron comprobar que el sistema terapéutico hannemaniano posee un arsenal definitivo para atender a todos los tipos de individuos que constituyen la escala humana, cuyo éxito de curación de­pende, sin duda, de su efectividad. He ahí por qué la Homeopatía, como ciencia exacta y disciplinada por medio de reglas perfectas y derivadas de elevadas leyes espirituales, no presenta un patrón evolutivo diferente de su doctrina original, puesto que ya se consolidó, en su comienzo, bajo inalterable cualidad espi­ritual. Su progreso, por tanto, si así se considera, ha de consistir en su eficiencia en atender la mayor cantidad de pacientes.




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