Sujetos Políticos de Euskalerria Advertencia preliminar


Sobre la clase trabajadora vasca



Yüklə 260,56 Kb.
səhifə9/9
tarix31.10.2017
ölçüsü260,56 Kb.
1   2   3   4   5   6   7   8   9

Sobre la clase trabajadora vasca

UNANUE LETAMENDI, JOSÉ MIGUEL, Apuntes históricos y análisis de su evolución desde la transición política, Bilbao, Manu Robles-Arangiz institutua, 2002, 323 págs. ISBN: 84-920674-4-6.


Decía Natxo Arregi, en su etapa de dirigente de HASI, que tres eran los pilares que movían la historia vasca durante el franquismo y a comienzos de la transición: la acción armada de ETA, el movimiento cultural y el movimiento obrero. Parece que este último ha perdido parte del protagonismo que llegó a tener en aquel periodo. El libro de José Miguel Unanue, escrito desde la pertenencia al actual sindicato mayoritario en Euskadi (ELA-STV), pretende sacar a la luz el peso de las relaciones laborales dentro del ámbito de la sociedad vasca. Las transformaciones políticas, sociales y económicas ocurridas en los últimos años, que van por el camino de un mayor predominio del capital y del cambio del propio paradigma de la clase trabajadora, constituyen el marco de actuación del movimiento sindical, que en Euskadi, con su peculiaridad nacional, posee sus propias características.
Nos encontramos ante un libro que no es específicamente político aunque también trate temas políticos. Unanue plantea toda una síntesis de la historia del sindicalismo vasco, desde finales del siglo XIX hasta nuestros días. La existencia de dos tradiciones contrapuestas, como la del sindicalismo socialista de la UGT y el sindicalismo nacionalista de Solidaridad de Obreros Vascos (más tarde ELA) es el hecho que recorre las vicisitudes de la lucha sindical y laboral. El autor destaca que si bien SOV nace en el contexto del sindicalismo católico español, desde esta postura ideológica, las peculiaridades del País Vasco hace que mantenga una distancia considerable respecto a ese contexto. Es el Partido Nacionalista Vasco el agente político que propicia la creación de este sindicato vasco y cristiano. La lucha por la hegemonía sindical de nacionalistas y socialistas pasa por numerosos conflictos y políticas de alianzas divergentes (en las que la CNT y la UGT llegan a tomar una postura unitaria en contra de SOV, acusado de amarillismo; en la que la UGT llega a aliarse con la Dictadura de Primo de Rivera y con la oligarquía liberal vasca) hasta su convergencia en la guerra civil de 1936. El franquismo actúa como un anulador de unas relaciones laborales libres y normales, con el establecimiento del Sindicato Vertical, y las huelgas que se dan en Euskadi a principios del régimen (en 1947 y 1951) son huelgas políticas, propiciadas por el Gobierno Vasco en el exilio. Las tres centrales históricas, CNT, UGT y SOV, firman un pacto sindical en contra del franquismo pero su acción es limitada. A comienzos de los años 60 surge CCOO, como una nueva forma de acción sindical, y al finalizar el franquismo las centrales sindicales históricas comienzan su reorganización.
A continuación Unanue da un repaso a una serie de factores que marcan la configuración actual de las relaciones laborales en Euskadi. Primeramente, la cuestión de la representación sindical. A partir de las primeras elecciones sindicales, que fueron engañosas ya que los grupos independientes fueron los que consiguieron una mayor fuerza, ELA comienza a configurarse como la central sindical mayoritaria en la CAV, con una presencia muy importante en Navarra. Con el surgimiento de LAB se refuerza una división sindical entre los sindicatos de ámbito vasco y los de ámbito estatal. Señala, asimismo, que ELA rompe todo vínculo con el PNV y evoluciona “hacia las posiciones tradicionales de la izquierda” (p. 110). Nos encontramos, pues, ante un escenario donde “los cuatro sindicatos representativos, conceptualmente, comparten los valores de la izquierda” (p. 107), pero que en función de la cuestión del ámbito territorial de los sindicatos difieren y tienen disputas entorno a ello.
Unanue analiza con detalle la relación de la nueva situación laboral con la legalidad privativa del ámbito autonómico de la CAV y la Comunidad Foral Navarra, la sindicación en los nuevos sectores, como pueden ser las nuevas administraciones públicas, de los nuevos espacios educativos y de la Policía Autónoma, las vicisitudes de la regulación de los convenios, en que medida la legislación de ámbito estatal condiciona la propia acción de los sindicatos privativos del ámbito vasco, y las acciones dadas desde UGT y CCOO para tratar de limitar la representatividad de estos. Señala nuestro autor “la inseguridad jurídica que proyecta el propio ordenamiento laboral español en relación al status que, dentro del modelo único y uniforme, el propio Estado ha dado al sindicalismo vasco” así como las claras desventajas que acarrearía la limitación de status que pretenden los sindicatos estatales de cara a que un sindicato vasco, con una representación superior al 40% en su ámbito, como ELA, podría tener para ejercer sus funciones sindicales normales (p. 138, 304). Esta es una de las razones por las cuales el sindicato vasco plantea el agotamiento del actual marco jurídico autonómico y propugna uno nuevo.
No deja de señalar, asimismo, las consecuencias que la tercera revolución industrial y la globalización están trayendo al campo sindical: “la evolución que viene experimentando en los últimos años el mundo del pensamiento y de las ideologías, que es una pieza del contexto en el que se desarrolla el conflicto socio-laboral, está favoreciendo los intereses económicos y empresariales frente a los de los trabajadores, tanto en el plano general como en el escenario concreto de la negociación colectiva” (p. 249).
Nos encontramos ante un libro que sobre todo pretende ser informativo del área que toca. Se echa en falta un análisis pormenorizado de las circunstancias que llevaron a la unidad estratégica, que el autor todavía considera deseable, de ELA y LAB, la perspectiva político social que llevo a ello y la posterior ruptura formal. Para nuestro autor, no existe una diferencia esencial entre la perspectiva de los cuatro sindicatos que actúan dentro de nuestro pueblo; la división se ofrece en tanto al marco de actuación. En ese sentido, a la “unidad estratégica del sindicalismo español” opone esa misma unidad estratégica con LAB que “se está viendo seriamente dificultada como consecuencia de las diferentes posiciones que ELA y LAB adoptan respecto a la actividad armada de ETA” (p. 115).


Sobre la Iglesia vasca
SETIÉN, JOSÉ Mª, De la Ética y el Nacionalismo, Donostia, Erein, 2003, 132 págs. ISBN 84-9746-112-6
El presente libro es una recopilación de diferentes textos, que resumen, de alguna manera, el magisterio ético de J.M. Setién. El obispo emérito de San Sebastián hace, por un lado, una recapitulación de su visión de la ética en el mundo moderno y la relación de esta con el nacionalismo, y, por otro, entra en una polémica amistosa con dos pronunciamientos eclesiales, el uno referido al epílogo de Fernando Sebastián, Obispo de Pamplona, a un texto sobre violencia y nacionalismo y el otro acerca del documento de la Conferencia Episcopal Española acerca del terrorismo (22-XI-2002).
Cuando se suele hablar sobre la responsabilidad de la Iglesia vasca y, en concreto, de Setién, respecto a la violencia de ETA, en sentido de favorecerla, nos topamos con el hecho concreto e irrefutable de que éste ha escogido la ética como ámbito de su juicio eclesial. Por tanto, su magisterio se ha referido constantemente al tema de la violación de los derechos humanos y a las consecuencias nefastas de la violencia sobre la convivencia y sobre el juicio político justo que debe regir en un contexto de problematicidad tan agudo como es el vasco. Setién ha intentado en todo momento poner el debate ético en el centro del problema político. Decía en otro escrito: “Lo cierto es que la Iglesia, personalmente yo, cuando afirmo los valores éticos en el ámbito de los comportamientos políticos, lo hago con la intención de influir en ellos, es decir, con la intención y el deseo de que los juicios éticos interfieran en el ámbito político”. Resulta, por tanto, tristemente paradójica la caza del colaborador de ETA que han emprendido contra él muchos de los indignos tertulianos que pululan por las ondas y las televisiones. Y es que cuando Fernando Savater separa tajantemente la ética y la política, se acerca mucho más a la visión de ETA que el propio Setién, que en todo momento plantea la necesidad de que la política sea juzgada por la ética. Y comprende, además, la dificultad de esta posición:
La verdad es que la resistencia a que la política no tenga otra referencia de valoración que ella misma y las “leyes” sociológicas internas de su funcionamiento, tiene mucho de razonable. Alguna referencia ética debe tener la política, de parte de algo distinto a ella misma, precisamente en razón de la magnitud del poder que, con la complicidad de la técnica puesta en sus manos, puede alcanzar. Cuanto mayor es el poder, más necesaria se hace la existencia de algo distinto de él mismo, para que ni él se deshumanice ni sea principio de deterioro e incluso de aniquilamiento del ser humano”
Es decir: la conciencia de la magnitud del poder político nos dicta la necesidad del juicio ético, en términos de la más estricta autoconservación. Ello significa que la ética es parte de una objetividad, que es la mera consideración de que un determinado poder debe tener algún tipo de limitación. Y la consideración de tal limitación pertenece a otro plano al del interés político. Afincado de forma sólida sobre este terreno, Setién trata de encontrar la certeza necesaria para juzgar a la política de Euskadi desde los presupuestos éticos.
En la primera parte de este libro, Setién pretende resaltar que la persona es el centro de toda forma de derecho y que, por tanto, los ordenamientos jurídicos o los proyectos políticos tienen que subordinarse a esta (p. 30). A partir de esta unidad personal, es entendible la extensión de los derechos individuales a los derechos colectivos, que “por la persona y desde la persona adquieren su auténtico y verdadero valor” (p. 34). Reconoce la ausencia, entre los vascos, de “necesarias referencias comunes aceptadas por todos” (p. 36) y, por tanto, la problematicidad de un proyecto nacional vasco, así como plantea que la aplicación de la soberanía en un estado plurinacional como el español no debería de poseer un carácter nacional único ni absoluto (p. 39). Finalmente, establece una distinción nítida entre el juicio moral debido al nacionalismo vasco y el que se tiene que hacer a la violencia y al terrorismo (p. 51).
Las dos últimas partes del libro tocan el tema del nacionalismo y del terrorismo. Setién señala las contradicciones de dos escritos eclesiales al tratar de conjugar el análisis con el juicio ético. Tanto el escrito del Arzobispo Sebastián como el de la Conferencia Episcopal española subrayan la especificidad del nacionalismo de ETA en tanto a que éste se encuentra conjugado con el marxismo-leninismo (dice Sebastián: “la democracia del nacionalismo radical de ETA es la “democracia” del marxismo-leninismo”, -p. 69-; dice la Conferencia Episcopal: “el grupo denominado ETA es una asociación terrorista, de ideología marxista revolucionaria, inserta en el ámbito político-cultural de un determinado nacionalismo totalitario”, -p. 117-). Setién critica que estas afirmaciones, mostrando la especificidad ideológica de ETA, no la tienen en cuenta al enjuiciar al nacionalismo histórico, mezclando las reivindicaciones u objetivos nacionalistas con la determinación de llevar a cabo una estrategia violenta. Por ello concluye: “Se trataría de saber cómo y en qué términos precisos ha de interpretarse la afirmada relación existente entre la ideología marxista revolucionaria y la ideología resultante de la degeneración del nacionalismo que pretendería, se dice, un proyecto político excluyente […]. Este planteamiento no es artificial. En el fondo plantea la cuestión de si es el nacionalismo “degenerado” y su ideología la raíz última del terrorismo de ETA o si es, por el contrario, la ideología marxista revolucionaria la que ha de considerarse ser la “matriz”, del terrorismo de ETA, y se sirve de su nacionalismo para los propios objetivos que, como hemos ya indicado, en un análisis más profundo serían contradictorios con los objetivos soberanistas del nacionalismo radical vasco. Dicho de otra manera, cabe preguntarse si existe, en verdad, una coincidencia de objetivos revolucionarios comunes en la ideología marxista y en la que el documento llama la ideología nacida de la degeneración del nacionalismo. O si habría que hablar, más bien, de una coincidencia estratégica y, por ello, transitoria, de dos ideologías distintas e incluso incompatibles” (p. 118).
Tanto el planteamiento como el debate que emplaza Setién poseen, en este libro, los múltiples matices a los que nos tiene acostumbrados su pensamiento, fruto de un largo periodo de la historia civil y eclesial vasca. Es por ello un testimonio necesario para calibrar otra de las caras de nuestra compleja realidad, de la pluma de uno de sus protagonistas. En estos tiempos de secularización de la política, de caída de los grandes discursos políticos, la insistencia del obispo en la ética y sus valores ha resultado profética. Superada la borrachera de la repolitización de principios de la transición y superado también el desencanto posterior, el mundo de los valores, a los que apela este libro, aparece como una nueva referencia, que compromete y engancha a la gente. Es mérito de Setién haber mantenido bien alta la antorcha de la ética en tiempos en los que las tempestades políticas parecían que iban a anegar los valores humanos.
Imanol Lizarralde

Yüklə 260,56 Kb.

Dostları ilə paylaş:
1   2   3   4   5   6   7   8   9




Verilənlər bazası müəlliflik hüququ ilə müdafiə olunur ©muhaz.org 2020
rəhbərliyinə müraciət

    Ana səhifə