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1. Política tradicional: Consistirá en la consuetudinaria estrategia de
dominación abierta y desembozada. La persistencia en los errores podrá
traer un aceleramiento en la reacción de los pueblos, contradicciones y
conflictos difíciles de predecir, pero que seguramente irán erosionando se-
riamente las relaciones y el equilibrio continental. A medida que vaya ma-
durando la concientización política de los pueblos y se produzcan hechos in-
ternacionales neutralizadores y adversos a la Nación del Norte, es probable
que las naciones latinoamericanas abjuren de ser peones para la defensa del
sistema capitalista y busquen apartarse de correr la suerte del mismo.

  1. Política tradicional atenuada: Podrá estructurarse manteniendo
    los objetivos, pero cambiando los métodos, como ya se ha intentado. Esta
    alternativa puede darse como una variante de la anterior. Exigirá una políti-
    ca muy flexible, contemporizadora, pero asentada en ciertos límites que in-
    defectiblemente esquematizarán la estrategia. De este modo, tarde o
    temprano, el proceso decantará en la primera alternativa, puesto que en el
    fondo nada cambiaría.

  2. Política progresista: Implicará el apoyo y promoción para el logro de
    ciertos cambios en las comunidades latinoamericanas, condicionándolas se-
    gún prioridades que resultarán de sus propios intereses y de la evolución
    mundial. Esta alternativa tendrá que producir una marcada evolución en el
    proceso de desarrollo de los pueblos, a la vez que deberá permitir una liber-
    tad de acción en la estructuración político-económico-social y militar. De-
    berá asentarse más en cuestiones de fondo que de forma.

  3. Política transformadora: Significará el cambio global, el apoyo y
    promoción a los pueblos latinoamericanos, para la transformación acelera-
    da de sus comunidades. La relación respetuosa, igualitaria, justiciera; el
    planeamiento para el desarrollo integral y la participación comunitaria en
    los esfuerzos y objetivos. Esta alternativa significará un cambio total en el
    frente interno norteamericano, la formación de un movimiento renovador,
    asentado en nuevas pautas y principios, que asuma la realidad de la evolu-
    ción mundial, advierta con anticipación el signo de los tiempos y prevea la
    responsabilidad que le cabe como nación poderosa. Esta alternativa es la de
    más difícil realización, por cuanto, además de lo expresado, significará el
    recambio del sistema capitalista.

La orientación que impondrá el gobierno norteamericano a la óptica
continental, sobre la base de la creciente madurez política de los pueblos, el
impostergable desarrollo y el fuerte movimiento nacionalista de sus comuni-
dades, deberá estar destinado a pensar menos en términos inversionistas y
de lucro de sus organizaciones, proporcionando mayor visión política e histórica a sus decisiones.

Latinoamérica necesita de EE.UU. y esta potencia requiere, a su vez,


concurso de Latinoamérica. Pero esta conjunción jamás podrá lograr
sobre la base de la ecuación: dominante y dominados.

Encrucijada política
La realidad política de los EE.UU. demuestra que no existen antago-
nismos políticos partidistas. Las diferencias pragmáticas entre los Demócra-
tas y los Republicanos responden a un sistema superior que los usa como
dos brazos: uno para acariciar y otro para castigar, simultánea o alternati-
vamente.

Ambos cumplen el rol que le fue asignado en la política y estrategias de


la conducción real. Según Hugnsidey, columnista de "Time" la diferencia
es similar a la que existe entre la COCA-COLA y la PEPSI-COLA.

Puede deducirse que en la década del 70 EE.UU. practicó la formación


de países claves y a tal efecto respaldó a: Alemania Federal, Japón, Irán y
Brasil.

A cada uno de ellos le fue asignado un rol y un plan de desarrollo.

La secretaría de Estado funciona siempre de acuerdo con la administra-
ción de la partidocracia de turno, por eso a veces usa el "canto de sirena" y
otras el "garrote", boicotea solapadamente a los países que se opongan al
crecimiento de las naciones mencionadas precedentemente y otorga priori-
dades en las asistencias y ayudas.

En el caso sudamericano, Brasil fue apoyado por los Estados Unidos,


Japón y Alemania Federal para lograr su crecimiento acelerado. Pero ahora
el sistema comenzó a alterarse por acciones no previstas. Irán no le provee
petróleo y los que le venden, lo hacen a alto precio; Japón y Alemania Fede-
ral tienen sus propios problemas, que los obligan a desatender un poco a
Brasil. Este país que ha crecido, presenta un cuadro de situación interna
comprometido, al cual debe proporcionársele seguridad. Esto último pre-
tende lograrlo a través de alianzas que le proporcionen un crecimiento acele-
rado, un mercado compensatorio, y un abastecedor seguro.

Cuando Kissinger declaró y erigió a Brasil en país privilegiado otorgán-


dole el rol de "clave" en Sudamérica, pretendió cubrir un espectro de obje-
tivos, que van más allá de la propia seguridad de la Nación del Norte, y se
confunden con la prevalencia de los factores de poder, que disputan el mun-
do. Hasta donde el Estado Norteamericano representa a la Trilateral, o esta
última se identifica con el Estado, puede ser tema de dudas y hasta de
controversias; pero lo que está más allá de la ignorancia, es que las grandes
figuras políticas y los conductores que ocuparon las máximas jerarquías, así
como los directores de las grandes empresas y los entornos correspondientes, han pertenecido y pertenecen, salvo raras excepciones, a la llamada Co-
misión Trilateral.

Lo que también significa una evidencia objetiva, en cuanto a la coincidencia de los objetivos e intereses, está dado en el campo de los hechos. El caso de "Brasil País Clave" es sumamente ejemplarizador, que se trasluce a través del proceso mundial, en particular, en el acontecer del continente sudamericano.

La designación de "País privilegiado" comprende a todos los campos,
pero en especial al económico y militar. Esto está íntimamente relacionado,
configura una situación donde el compromiso de la clase dirigente con el
país rector, adquiere un grado de alienación cultural y un significado econó-
mico "clasista", que configura una seria e "institucionalizada" dependen-
cia, como la que existe entre el marxista con su ideología. Un grado de de-
pendencia donde no existe el retorno, y si lo hubiera, asumiría un quebranto
total con ruptura de los esquemas impuestos, de los compromisos
contraídos y de las servidumbres practicadas. El valor y conciencia que se
requiere para esto último, significa normalmente una desestabilización in-
tegral del Estado y un nuevo replanteo de la existencia como Nación, dado
el término de la ligazón y aferramiento logrado.

Desde el momento en que Brasil recibió el tratamiento de "País clave" se volcó todo el esfuerzo de las inversiones y radicaciones de los capitales de la Trilateral en su territorio, en función de conjugados factores históricos geopolíticos y coyunturales. Significó también que la política del Estado Norteamericano identificado y representado por los personeros de la Trilateral, asumió la defensa de esas inversiones que pasan a ser de interés del Estado y responden a una política y estrategia tendiente a uniformar el mundo (solo el llamado mundo occidental) a través de una nueva división del trabajo, basada en el eficientismo de la producción selectiva, manipuleado por la misma Trilateral. Es decir, el "colonialismo tecnológico".

De esta manera, tiene clara explicación cuando la República Argentina posterga su integración interior, su desarrollo espacial, sus obras de infraestructura, quiebra su mercado interno, abre sus fronteras a los productos brasileños, recibe indicaciones a través de componedores, firma acuerdos y tratados comerciales que atenían contra sus propios intereses, cede espacio geopolítico, mal negocia su patrimonio soberano y compromete su futuro, se deja penetrar alegremente, claudica en sus principios y declama la integración regional con Brasil. Detrás de todo esto se encuentra la decisión política de USA y de la "Trilateral Comisión", que consiste en el objetivo de salvar a Brasil para proteger sus inversiones e intereses, que puedan verse comprometidos por el proceso político-económico-social de ese país, apoyados por el cipayismo mercantilista de cierta clase dirigente argentina que no cree en su país y sí en el destino de liderazgo brasileño, motivo por el cual también realizó inversiones en dicho país.

Para ello, nada mejor que sacrificar el desarrollo argentino dándole el


rol de país proveedor de alimentos y comprador de productos manufacturados para asegurar la expansión de las empresas transnacionales que operan
en Brasil y el afianzamiento de la idea político-estratégica de la Comisión.

La idea puesta en movimiento por las multinacionales puede sintetizarse en un slogan: "SALVEMOS AL BRASIL Y NOS SALVAMOS TODOS".

A partir de allí la ayuda será a cualquier precio, inclusive hasta el opro-

bio de cesión territorial, con el pretexto de la "optimización nacional" del


uso de los recursos naturales, en especial los energéticos.

Habremos pues, hipotecado el futuro de nuestros hijos. Hipoteca que


no podrá ser amortizada pues se echará mano de los recursos naturales no
renovables, para poder seguir manteniendo la estructura suicida de una
política de consumo, con ofertas de artículos superfluos, que no hacen a los
valores heredados de nuestros mayores.

Es pública y notoria la exposición de ideas que hacemos, ni siquiera lo


ocultan las autoridades de Brasilia, que declaran sin ambages ni embustes
los modos de acción seleccionados, para equilibrar la balanza de pagos y
disminuir la deuda externa. El rol que cumple la Argentina, es muy impor-
tante para el logro de los objetivos propuestos por Brasil.

De esta manera el rol de la Argentina antes boicoteada y neutralizada


por ambos países, comienza a tener otra relevancia.

Para USA, porque necesita asegurar el alineamiento argentino a toda


su política mundial, y en el espacio continental, crear un factor de equilibrio
frente a Brasil, que podría ir logrando una mayor autosuficiencia.

Para Brasil, porque alcanzados sus objetivos en la Cuenca del Plata, y


ante la situación global que presenta, necesita aliados satélites que le ayuden
a cubrir su bache económico-energético.

A la Argentina, se le plantea la alternativa de ser Colonia de USA y


satélite de Brasil, como proveedor de materias primas, o Nación Libre.

Si la actual coyuntura se aprovechara inteligentemente, puede darse el


caso que la Argentina se sentara a la mesa de negociaciones en carácter de
socio y no de satélite de ninguno de los países, para luego acordar con Brasil
y los restantes Estados del Cono Sur, desde un mismo nivel, el destino de
Sudamérica.

Para que esto sea posible, deberán cumplirse requisitos insustituibles.

En principio no debe negociarse desde una posición de debilidad. Pri-
mero habrá que potencializar la Nación, acrecentar su autodeterminación y
lograr la Unidad de los argentinos, vertebrados por objetivos nacionales, es-
fuerzos compartidos y participación política.

Negociar desde situaciones débiles, tendrá tarde o temprano, conse-


cuencias desastrosas; pretender integrar la economía argentina agraria pastoril, a un Brasil industrializado significará el satelismo histórico, la postra-
ción geopolítica y la derrota estratégica.

Madurez y Objetividad
Uno de los rasgos más significativos que presenta el proceso de la República Argentina, es la profunda contradicción entre una rica y señera historia
con patriotas valientes y vencedores, y la sistemática cesión territorial
acompañada con la aparición de protagonistas tortuosos y nefastos.

A brillantes acciones y hechos de acendrado patriotismo, le han sucedi-

do otros de entrega y traición, donde se enajenaron principios, territorios e
intereses, en beneficio de sectores particulares. La historia escrita por par-
ciales, ha tratado siempre de ocultar, minimizar o disfrazar la realidad, en-
focando los hechos con una supina superficialidad.

A lo largo de una adolescencia de 170 años, la Argentina, sufrió los em-


bates de una persistente penetración en su frontera interior, en busca del de-
bilitamiento cultural y del copamiento de su economía, mientras que en su-
cesivos actos diplomáticos, perdía espacios legítimamente heredados pero
desaprensivamente descuidados.

Las dirigencias de turno continuaron sumando y repitiendo errores, la


experiencia no fue asimilada, los enemigos del país, de adentro y de afuera,
persistieron en sus objetivos.

La década del 70, significó una dura prueba para la Identidad Na-


cional,
que aún se procesa sin haber alcanzado metas definitorias.

El Movimiento Nacional fue copado por grupos marxistas-leninistas,


desviado de sus objetivos y radicalizado en una estrategia subversiva nihilis-
ta y antinatural. Una valiosa juventud argentina se perdió en el engaño, el
idealismo juvenil, en la equivocación, en el apresuramiento o por haber asu-
mido la filosofía del anarquismo apatrida.

La Nación, pasó desde el extremo del guerrillerismo (subversión mili-


tar) al extremo de la desestabilización impuesta por las multinacionales
(subversión económica).

La crisis de Identidad Nacional jugando como péndulo histórico, no


acierta a ser comprendida ni asumida por los argentinos. De esta manera la
crisis de Identidad continúa, aunque por otros carriles y protagonizados por
otros hombres.

Se piensa que con un modelo, concebido sectorialmente e impuesto


desde una posición de fuerza, podrán superarse las agudas antinomias que
el largo y oscilante proceso destila.

Se olvida, así, lo que la historia de los pueblos señala con evidencia ob-


jetiva. Sin una definida política nacional, sin que se logre una legitimidad,
sin que se dé respuesta a las apetencias populares, sin que se testimonie con
claridad la defensa del interés nacional, sin que se adopte una política social
participativa y justa (bien común); es muy difícil, por no decir imposible,
realizar una unidad que supere las contradicciones sectoriales y estructure
una Identidad Nacional.

No se trata de enumerar los acontecimientos históricos ampliamente


conocidos por la opinión pública, sino sólo referirnos a los dos últimos ac-
tos aún en proceso.

La Argentina ha perdido, o bien va en camino de hacerlo, tanto en el Norte como en el Sur. Las pinzas del cerco han golpeado en los extremos, como en el caso de la política interna, con una rara coincidencia.

En el Norte, la Nación ha cedido ante Brasil, otorgando más ventajas
sin descuentos, sacrificando así la integración nacional en beneficio del de-

sarrollo del vecino, que asegura de este modo sus propios intereses y de las


multinacionales que lo han erigido en País Líder.

Brasil actúa sobre la base de un mayor desarrollo relativo, con el apoyo


total del poder de occidente y la complicidad de una política argentina que
lo privilegia.

En el sur, Chile y Gran Bretaña completan el cerco geoestratégico. El


intruso inglés engaña y dilata las negociaciones y pretende llevar a la Argen-
tina, a negociar soberanía por acuerdos comerciales.

Aparentemente frente a Gran Bretaña, los gobiernos argentinos nego-


cian con una dosis de ingenuidad, esperanzados en que algún imponderable
resuelva favorablemente el conflicto. No obstante, sabemos bien que esto
tiene remota posibilidad, encuadrada en el azar del proceso. Jamás Ingla-
terra ha entregado una presa gratuitamente. O hay que entregarle algo en
cambio, o hay que arrancársela de la misma manera con que la Rubia Albion usurpara el territorio patrio.

Continuar con los escarceos diplomáticos es hacerle el juego a Gran


Bretaña; persistir en declaraciones altisonantes no nos acerca más al logro
del objetivo. La política se hace con hechos, no con palabras.

La recuperación de la soberanía en el Atlántico Sur concretada el día 2


de Abril de 1982, a través del acto militar de la toma de las Islas Malvinas e
Isla de San Pedro, sin duda alguna, marca un hito histórico en la reivindica-
ción de la soberanía nacional, cercenada desde 1833 por el despojo y usur-
pación de Gran Bretaña.

En Abril de 1982, las FF.AA. Argentinas se reencontraron con el fun-
damento misional de su existencia.

Sumándonos al hecho heroico, interpretando cabalmente el significado


geopolítico y estratégico, también visualizamos las grandes falencias de
apreciación y conducción que por muchos años se repitieron. Los resultados
del acto político militar, develaron que las dirigencias confundieron ide-
ología con política, enemigos con aliados, conveniencias sectoriales con in-
tereses nacionales.

Esto es así, por cuanto por muchos años habíamos asistido como testi-


gos de la vocación de las distintas dirigencias de turno, en la britanización y
norteamericanización, apegadas a la fiebre de la transculturización y opo-
niéndose a la autenticidad y legitimidad nacional, desde cargos guberna-
mentales, académicos, financieros, culturales, económicos, educacionales,
periodísticos, cuarteleros, etc.

Por otra parte, la recuperación de las Malvinas e Islas del Atlántico


Sur, configura más allá del significado histórico, un acto atípico y contra-
dictorio del proceso iniciado en 1976.

En efecto, la caracterización más notoria y evidente del movimiento


militar, ha estado por el continuismo en la conducción económica que originó la destrucción de la estructura industrial; la transferencia de ingresos y
Poder desde los sectores productivos a los especulativos y financieros prefe-

rentemente extranjeros; el inexplicable endeudamiento externo; el arrasa-
miento de las organizaciones sociales y políticas. En lo espacial el achica-
miento del País con el afianzamiento de la metrópoli y la pauperización re-
gional del interior, así como la insersión en la división internacional del tra-
bajo impuesta por las potencias desarrolladas y las transnacionales. Esto sin
entrar a considerar otros campos.


Esta situación general denota un gran contrasentido con la oportuni-
dad del hecho y la incompatibilidad de un acto de fuerza con una situación
de dependencia económica financiera y tecnológica.


Pese a todo ello y por sobre todas las cosas, la recuperación de las Islas vi-
no a demostrar una vez más la profunda y genuina riqueza del pueblo argenti-
no,
su vocación nacional, su conciencia patriótica, el claro entendimiento de los
hechos, la lucidez perceptiva de los diferentes acontecimientos.


Luego de frustradores años donde los distintos sectores señalaron insis-
tentemente los grandes errores gubernativos, el pueblo supo reunirse por
sobre sus propias deficiencias, para demostrar que la solución de los gran
des problemas congregan y unen por encima de toda otra consideración.


Este el el más fértil ejemplo y el más grande valor histórico de la recuperación de las Islas Malvinas.

Desde el punto de vista geopolítico y estratégico la recuperación significa

  • La proyección continental (Patagónica) sobre el océano Atlántico y Antártico. Soldadura del espacio marítimo con el continental (Sudamericano
    y Antártico).


  • La presencia concreta de La Argentina en el gran espacio marítimo, su
    control y explotación.


  • La proyección sobre la Antártida, con lo cual se refuerza la continental, y
    se interfieren las teorías inglesas y brasileñas (De frontacao de Teresinha
    de Castro).


  • La neutralización e inviabilidad de las pretensiones chilenas sobre el inventado arco antillano del sur, la minimización del Canal de Beagle y de
    las Islas pretendidas por Chile. Esta es una de las razones principales por
    las cuales Chile es y será aliado de Gran Bretaña.


  • La demostración de capacidad Argentina como potencia emergente en el
    área del Atlántico Sur.


  • La irrupción y proyección hacia el Este y Sur, el natural control sobre el
    tráfico marítimo y aéreo, la explotación de los recursos y la posesión de
    bases estratégicas más importantes en la interconexión oceánica Indico-
    Atlántico-Pacífico-Antártico.


Pero más allá de estas consideraciones, toda hipótesis que se elabore de
aquí en más, deberá tener en cuenta a la República Argentina en lo geopolítico y estratégico en el marco regional, continental y mundial.


Ha quedado demostrado una vez más que ningún hecho resulta aislado
y ningún acto regional está divorciado de la situación global. Todo acontecimiento local posee una proyección planetaria.


Los resultados de la confrontación, no modifica ni infiere en los con-
ceptos geopolíticos, sino que son sólo producto de los desaciertos de la con-
ducción política y militar.


En el sur, Chile actuó sobre hechos consumados, favorecidos por la pa-
sividad argentina. En primer lugar, dejamos ocupar los islotes por un puña-
do de hombres y ovejas. En segundo lugar, consentimos en un laudo ar-
bitral sin la debida preparación y lo que es mucho más grave, con un árbitro
(Corona Inglesa) que es un país invasor del nuestro. Todas las circunstan-
cias eran adversas.


Chile valiéndose de una estrategia pragmática, procedió en forma simi-
lar a las grandes potencias. Primero ocupó, después discutió.


Por último, nos asimos como áncora de salvación, a la negociación Pa-
pal, sobre las mismas bases del laudo arbitral, cambiando sólo las formas y
la secuencia del trámite.


Pero la naturaleza del problema sigue siendo la misma, los elementos
los mismos y la solución (mediación) no podrá apartarse de las circunstan-
cias reales.


No se discute ningún espacio o soberanía chilenos, lo que está en dispu-
ta es el espacio, el interés y la soberanía argentinos.


De ahí entonces, sea cual fuere el resultado de la controversia, Chile
nunca cederá intereses ni perderá espacio. Tiene pues asegurada la victoria
de antemano.


Ante esta grave situación, la República Argentina debe formularse el
claro objetivo de no ceder, con su correspondiente línea de acción.


Nos atenemos a la opinión de uno de los mejores expertos en la mate-
ria, además de un claro defensor de la soberanía. El General de División
(RE) Dn. Osiris Villegas ha expresado en medios periodísticos (diario Men-
doza 21-Feb-80) los siguientes principios:


  • "El arreglo de la cuestión limítrofe que resguarda los intereses argen-
    tinos comprometidos en la región austral, no debieron ser el produc-
    to de un acuerdo parcializado, porque el problema es uno solo, de
    conjunto. La solución tiene que ser totalizadora o no será
    definitiva".


  • "Ese resguardo se obtendrá si se logra fijar el Cabo de Hornos como
    punto terminal terrestre del límite, por legítimo derecho; preservar la
    validez del principio Atlántico-Pacífico, con división oceánica dada
    por el meridiano mencionado, y quedar en posesión, como mínimo,
    de las islas Nueva, Evout, Barnevelt,
    Deceít y la mitad oriental de
    Hornos".


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