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Lección II

La Injusticia Humana (1:18-3:20)

1.-Introducción

La ira de Dios se revela desde lo alto contra el hombre que desobedece a Dios, pues existen todas las pruebas de la existencia de Dios, de tal manera que nadie puede ni debe negar que Dios viva. Sin embargo el ser humano está envanecido en sí mismo y no expresa gratitud y adoración al Creador. Esta lección estudia la injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad, que niegan, a través de sus actos pecaminosos la existencia de Dios.

2.- Manifestación de la ira de Dios (1.18)

Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda la impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad” (v.18).

Sorpresa.” Pablo venía hablando de fe, salvación, misericordia y gracia y ahora truena con la ira de Dios. Aquí el Apóstol comienza a disertar acerca del pecado. Dios de manera extrema muestra su disgusto contra la perversidad del hombre, que habiendo extraviado la revelación de Dios, se ha desviado por sendas erradas efectuadas a través de acciones abominables. La hechicería, la brujería, idolatría generalizada, la irreverencia hacia Dios, son actos desagradables a Dios. Toda la gloria es sólo de Dios y para Dios. Dios no comparte su gloria con nadie. El hombre o la mujer que practica el ocultismo, la hechicería, la brujería, la idolatría, detiene la verdad del evangelio con el engaño de Satanás.

La ira de Dios se revela desde el cielo contra la impiedad, todo irrespeto a Dios y la injusticia de los hombres que actúan en oposición a la verdad, para dar libre circulación a la maldad. “Los incrédulos impíos perseveran y se oponen e impiden el paso y procuran echarla por tierra, a la verdad y a la gracia de Dios, que ya mediante la naturaleza se manifiestan en a ellos lo suficiente para dejarles sin excusa.”18

Porque mi boca hablará verdad y la impiedad abomina mis labios” (Proverbios 8:7).

El Evangelio de Dios revela la justicia de Dios por fe, pero también revela, la ira de Dios por el pecado, porque Dios es justo.

La piedad es conocimiento de Dios y santidad divina. La impiedad es desconocer a Dios. Los hombres detienen con injusticia la verdad de la Palabra cuando propagan la falsedad. Los falsos maestros propagan falsedad, promueven falsas doctrinas. Esas doctrinas son contrarias al conocimiento de Dios.

Si alguno enseña otra cosa y no se conforma a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad, está envanecido, nada sabe y delira acerca de las cuestiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, blasfemias, malas sospechas, disputas necias de hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia; apártate de los tales” (1 Ti 6:3-5).

La impiedad es maldad, perversidad, prevaricación. La impiedad es pecado, la injusticia del hombre es iniquidad, maldad.

Toda injusticia es pecado” (1 Juan 5:17ª).

La ira de Dios se revela desde el cielo contra toda perversidad, contra toda prevaricación, contra toda iniquidad del hombre, contra toda injusticia de los que roban el dinero del Estado, contra todos los falsos maestros que mezclan el error con la verdad para engañar. La justicia de Dios se revela desde el cielo contra los que quieren destruir el plan de Dios con la familia, introduciendo cambios en el matrimonio que no son aprobados por Dios.

La ira de Dios se revela contra aquellos que rinden culto a Satanás y sus demonios y quitan la gloria y el honor de Dios. La ira de Dios se revela contra el hombre que se centra en sí mismo y no pone su mirada en Dios, el Creador, Dueño y Señor de toda la creación, naturaleza y humanidad. “Con todo, la tremenda responsabilidad del libre que pesa sobre la personalidad humana le coloca ante esta disyuntiva ineludible: o escoger a Dios y su misericordia, o rechazar a Dios en aras de una libertad mal entendida para andar en un camino que está bajo la sombra de la ira de Dios.” 19

La ira de Dios se revela desde el cielo contra los pecadores que no obedecen a Dios, que quisieran ignorar a Dios, pero que no pueden, porque su misericordia, su eterno poder, su amor, su omnisciencia, su omnipresencia, su fidelidad, su gracia, su orden divino, sus leyes naturales, y los demás atributos absolutos e intransferibles de su divinidad se hacen claramente visibles a los ojos del hombre, de generación a generación. Todos los hombres son responsables de dar una respuesta satisfactoria a la revelación de Dios, expresada de una manera evidente, palpable con todos los sentidos. De modo que no hay excusa para rechazar que Dios es el Ser Supremo por excelencia, el único y verdadero Dios. “…que el hombre ha sido creado para contemplar esta excelente obra, y que Dios le ha puesto ojos en el rostro para que, contemplando tan bella imagen del universo, pudiera conocer a su autor.”20

3.-La Creación: una revelación del poder y la deidad de Dios (1:19-20).

Porque lo que de Dios se conoce le es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas de modo que no tienen excusa” (v.19- 20).

El hombre no puede ignorar la existencia de Dios. Aún aquellos a los que no se les ha predicado el evangelio, no pueden alegar ignorancia acerca de la existencia de Dios, porque lo que de Dios se conoce le ha sido revelado al hombre. Su poder y su naturaleza Dios se lo manifestó al hombre a través de la naturaleza, con su flora y su fauna, los mares, el firmamento, las montañas, las flores, los ríos, los animales, y con el mismo hombre, a través de su conciencia, todo lo cual es prueba de la existencia de Dios. Es lo que se conoce como su revelación natural, es su eterno poder y deidad. Sin embargo muchos quieren reconocer la grandeza de la creación, no así el poder de Dios, el Creador de la creación. No obstante, nadie tiene excusa.

Todos los seres humanos han oído. Dios ha revelado ciertas verdades acerca de sí mismo por medio de la Creación, y todas las personas tienen acceso a esta verdad. Todos somos culpables de rechazar este conocimiento universal de Dios.” 21

Al contemplar el mar, el firmamento, las estrellas, el sol, la luna, truenos, relámpagos, el cambio de las estaciones del año, la diversidad de flores, aves, animales y toda la belleza de la naturaleza, el hombre experimenta en su conciencia la existencia de Dios, dejándolo sin excusa. Pero el hombre, inclinado hacia el pecado, prefiere la impiedad y la injusticia. El hombre distorsiona la verdad mediante la idolatría, rindiendo tributos a seres extraños, antes que a Dios. De todos modos su revelación natural, su eterno poder y verdad visible a todos los seres humanos deja a los idólatras y sedicioso sin pretexto, no tienen excusa.

4.- Corazones ingratos (1:21-23)

Pues habiendo conocido a Dios no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios se hicieron necios, y cambiaron la gloria de Dios incorruptible, en semejanza de imagen de hombre corruptible, de ave, de cuadrúpedos y de reptiles” (v.21-23).

¡¡Ayayay, eso es terrible!!

Al enorgullecerse más y más los hombres acerca de su pretendido conocimiento, se hundieron más en la ignorancia y en el absurdo. Estas dos cosas siempre caracterizan a aquellos que rechazan el conocimiento de Dios –se vuelven a la vez insufriblemente soberbios y profundamente ignorantes.”22

Aquí se observan dos aspectos descuidados por el hombre:

*-Glorificar a Dios como a Dios.

La gloria es para Dios. Dar la gloria al hombre es trágico. El resultado no es halagador. La Biblia invita a los creyentes a dar gloria a Dios. Glorificar a Dios es alabarle, adorarle, exaltar su nombre, darle el primer lugar con todo lo que el hombre posee y hace. La Biblia invita glorificar a Dios como a Dios. El Salmo 29:1 dice “Tributad a Jehová, oh hijos de los poderosos.”

La gloria es de Dios. El poder es de Dios. El hombre, más que glorificar a Dios quiere glorificarse a él mismo. Esto es evidente hasta en el liderazgo de la iglesia. Glorificarse a sí mismo o glorificar al hombre no es agradable a Dios. Eso es transgresión, es desobediencia a Dios, pues haciendo esto se toma el lugar de Dios.

El hombre fue creado para adorar a Dios, y si no adora a Dios, tiene que buscar otros medios, cayendo en adorarse a sí mismo, a ídolos creados por sus propias manos o al enemigo de las almas. “En la tradición judía la idolatría era la etapa final del pecado al cual el impulso al mal reduciría a una persona; era uno de los peores pecados.”23

La fama, la pasión por el poder y las riquezas, un elevado nivel social y un liderazgo influyente constituyen ídolos que quitan el lugar a Dios.

Pero, “Él convierte en nada a los poderosos, y a los que gobiernan la tierra hace como cosa vana. Como si nunca hubieran sido sembrados, como si nunca su tronco hubiera tenido raíz en la tierra; tan pronto como sopla en ellos se secan, y el torbellino los lleva como hojarasca. ¿A qué pues me haréis semejante o me comparareis? Dice el Santo. Levantad en alto vuestros ojos, y mirad quién creó estas cosas; él saca y cuenta su ejército; a todas llama por su nombre; ninguna faltará; tal es la grandeza de su fuerza, y el poder de su dominio”(Is 40:22-25).

Pero los ídolos asechan por doquier en espera de la oportunidad de atrapar a aquellos que no tienen conciencia plena del peligro a que están expuestos. “Aunque liberados de la idolatría en su sentido más explícito por la aplicación a nuestros corazones de la obra de Dios en Cristo, somos todavía vulnerables a los ídolos en el sentido de permitir que otras personas, cosas, o actividades desvíen nuestra adoración y servicio del único Dios verdadero.”24

*- Gratitud hacia Dios.

Otra bendición desperdiciada por el creyente y los no creyentes es el privilegio de tener gratitud hacia Dios. La generalidad de los creyentes ora, implora a Dios para recibir algunos beneficios, sin embargo, con algunas excepciones, al recibir el milagro se olvida de dar gracias a Dios. El agradecimiento a Dios por los favores recibidos, sean materiales o inmateriales, físicos o emocionales, es de bendición para la vida de cualquier individuo. Se debe dar gracias a Dios constantemente por lo que Él es, por sus atributos. Lo contrario es ingratitud, fruto del egoísmo, que transporta en sus adentros la simiente de diversos males.

El pretendido creyente que no es agradecido al Señor y a sus hermanos no tardará mucho antes de manifestar toda una secuela de actitudes rebeldes. Aquí la resistencia a glorificar a Dios y la falta de gratitud ante el Dador de todo bien producen raciocinios vanos, o inconscientes, por los cuales las tinieblas penetran en el corazón, o sea el centro del ser moral e intelectual del hombre.”25

El hombre que no tiene gratitud hacia Dios es incapaz de tener gratitud hacia su prójimo. “Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia” (He 12:28).

Como consecuencia de no glorificar a Dios y no mostrar gratitud hacia Dios el hombre caído mantiene un envanecimiento en sus razonamientos, por lo que su necio corazón se entenebrece, se oscurece, se endurece y se esclaviza espiritualmente. Profesa ser sabio, sin embargo es necio e ignorante. Sus razonamientos humanos son huecos y conducen a más oscurantismo. “Dios a nadie fuerza a servirle, sino que le da a cada uno lo que cada uno busca. A la salvación y al cielo lleva aún a los que no le buscan, pero a nadie manda al infierno; es el impío el que se va allá, por haber escogido vivir sin Dios o contra Dios. Dios ama al hombre de todo corazón, pues ésa es la naturaleza de Jehová, que de una forma u otra se repite con frecuencia a lo largo de la Biblia.”26

5.-Su iniciativa personal los lleva a su muerte espiritual (1:24-32)

Por lo cual también Dios lo entregó a la inmundicia en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos, ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén. Por esto Dios lo entregó a pasiones vergonzosas; pues aún sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismo la retribución debida a su extravío. Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen; estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad, llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños, y malignidades; murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia, quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo lo hacen, sino que también se complacen con los que las practican” (24-32).

Este es un pasaje espinoso y escalofriante. Esta porción del libro de Romanos presenta las consecuencias que acarrea el abandono del hombre por parte de Dios. El hombre se empecina en practicar el pecado y vivir una vida depravada y “Dios lo suelta en banda,” lo deja a su propia decisión hasta que este se da cuenta de su situación de muerte espiritual. Dios “no se limita meramente a soltar la nave, sino que confirma su desastroso curso río abajo. Dios reacciona contra la decisión humana de darle la espalda sujetando a las personas a las consecuencias de sus acciones.”27 Ellos “falsearon las leyes espirituales, morales y físicas de la vida del hombre, que debía su existencia a Dios, y, por lo tanto, cosecharon espantosa ruina en sus mentes, almas, cuerpos y relaciones naturales y sociales.”28 Cristo es el único que puede salvar al hombre que se encuentra en ese estado.

El hombre no da a Dios el lugar que le pertenece. El hombre le quita a Dios la gloria y la honra. Voltea el rostro para no ver los atributos de Dios. Pero Dios que respeta la voluntad del hombre, porque así Dio lo hizo, respeta su decisión, con el propósito de que este se confronte con su propia iniquidad y vuelva sus ojos al creador. “Porque Dios no quiere que nadie perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 P.3:9).

Porque cambiaron la gloria de Dios incorruptible por la corrupción, Dios le entregó a la inmundicia, a la inmoralidad, a la suciedad. Los entrega a sus deseos mundanos que están dentro de sus propios corazones. Dios deja que el hombre se enfrente a su propia iniquidad.

Dios entrega al hombre a la inmundicia que está en sus propios corazones, que es su propia concupiscencia, la cual los lleva a contaminar sus propios cuerpos, cometiendo adulterio, practicando la homosexualidad, el lesbianismo y demás aberraciones sexuales. La lista es bastante larga. Al deformar su propia humanidad Dios permite que las personas se condenen a sí mismas. “…la causa del pecado jamás viene de Dios, y que la raíz de ésta reside siempre en la persona del pecador;”29 Además, cambiaron la verdad de Dios, el evangelio de Dios por las obras de la carne, la idolatría, la adoración a los ídolos y la adoración al hombre, la adoración a sí mismo, la adoración del humano al otro humano. La idolatría produce perversidad moral, niega la omnipotencia de Dios, quita la gloria y la honra a Dios, el único que merece ser honrado y glorificado. “El corazón del hombre es, por naturaleza, perverso y engañoso. Ni el propio individuo puede percatarse de de la perversidad engañosa de su corazón, pero por ella queda encadenado al pecado y al vicio.”30

Es el hedonismo y el narcisismo dos de los grandes males de este tiempo en que el hombre se encuentra hechizado por el liderazgo, el éxito y la prosperidad, la fama. El altruismo y el humanismo desvían la adoración a Dios.

El hombre ha cambiado la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Dios los entrega a pasiones vergonzosas y Dios los deja que se condenen a sí mismos al permitir su propia deformación humana. El lesbianismo y la homosexualidad son pasiones promiscuas vergonzosas con las que no se aprueba tener en cuenta a Dios, más bien es propio de una mente reprobada. Una mente reprobada es capaz de pensar los más malévolos pensamientos.

El hombre cambia la verdad de Dios por su propia verdad. El hombre vive de acuerdo a sus pensamientos, sin tener en cuenta que Dios es la verdad y la verdad sólo proviene de Él. Por eso el pecado no proviene de Dios. Ni la transgresión, ni la iniquidad provienen de Dios. Así los deseos de la carne no provienen de Dios, sino de una mente reprobada.

El impío no aprueba tener en cuenta a Dios; peca de manera voluntaria. El hombre por naturaleza está inclinado al pecado. La inclinación es una opción, no una obligación. Pero el hombre ejerce el pecado por su voluntad. Es la voluntad del hombre que elige una determinada actitud y acción respecto a una actividad pecaminosa.

De acuerdo al libro de Génesis, Dios hizo al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza y le dio libre albedrío. Es por esta característica de la imagen de Dios en el hombre que éste es libre de escoger su camino y por tanto es responsable de sus actos.

De modo que el hombre impío ha decidido voluntariamente dar la espalda a su Creador. Dios por su misericordia y amor eterno espera que el hombre se vuelva a él, para darle una nueva vida. Está en la voluntad del hombre disfrutar de este beneficio.31

Espontáneamente el hombre impío ha escogido hacer cosas que no convienen. El hombre inconverso ha decidido ser injusto, idólatra, fornicario, perverso, avaro, envidioso, asesino de sus semejantes. El hombre ha escogido hacer la guerra, hacer el mal en sentido general.

Es por su propia voluntad que el hombre inconverso ha decidido ser contencioso, engañador, murmurador, detractor, aborrecedor de Dios, injurioso, soberbio, altivo, inventor de males, desobediente a los padres, en fin, el hombre que no ha entregado su vida a Dios está atestado de toda injusticia. Pero el inconverso no sólo ejerce la maldad por voluntad propia, sino que se complace en ver a otros practicarla. El hombre siente placer de ver que otros caen en su misma corrupción. El infiel y adúltero se goza con la infidelidad y adulterio de los demás, aunque no lo aprueban cuando son ellos las víctimas. Así también el homosexual se complace en el desenfreno y aprueba que otros lo practiquen. Pero ellos están conscientes del juicio de Dios y saben que los que practican tales cosas son dignos de muerte.

El hombre caído es consciente del estado de perversidad en que está sumido. Sin embargo ningún pecador entiende la implicación de sus actos y su conducta pecaminosa, aunque sí tiene consciencia del mal que practica. Conscientemente sabe que está en pecado, pero no conoce la implicación de su desobediencia. Ellos no se conforman con practicar el pecado ellos mismos, sino que animan a otros a practicarlos, con lo que se convierten en asociación de malhechores.

En el Comentario Bíblico Mundo Hispano, Gustavo Sánchez expresa que “Como consecuencia de su rechazo a Dios fueron entregados a la existencia estrecha y sin gozo de una mente baja y una conducta impropia. No dejaron abierto otro camino” (p. 67).

6.-Principios por los cuales Dios juzga al pecador (2:1-16)

Por lo cual eres inexcusable, oh hombre quienquiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo. Más, sabemos que el juicio de Dios contra los que practican tales cosas es según verdad. ¿Y piensas esto, oh hombre tú que juzgas a los que tal hacen, y haces lo mismo, que tú escaparás del juicio de Dios? ¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento? Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido atesoras para ti mismo ira en el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios, el cual pagará a cada uno conforme a sus obras: vida eterna a los que perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad, pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia; tribulación y angustia sobre todo ser humano, que hace lo malo, el judío primeramente y también el griego, pero honra y gloria y paz a todo el que hace lo bueno, al judío primeramente y también el griego. Porque no hay acepción de personas para Dios. Porque todos los que sin ley han pecado, sin ley también perecerán; y todos los que bajo la ley han pecado, por la ley serán juzgados. Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no tengan ley son ley para sí mismos, mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su consciencia, y acusándole o defendiéndole sus razonamientos el día que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi evangelio” (1-16).

1.- Conocimiento (2:1)

Por lo cual eres inexcusable, oh hombre quienquiera que sea tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo.” (v.1).

Este versículo hace referencia a lo expuesto en los versículos 18-20, del capítulo 1. Pablo estaba analizando el pecado de los moralistas judíos y gentiles de entonces que enseñaban ética sin poder purificar sus propias vidas. Había inconsistencia en su estilo de vida. Se debe aparentar lo que se es, y ser lo que se aparenta. El pecado es universal, alcanza a todo género humano, al tiempo que su juicio también alcanza a todos.

Aplicado a la iglesia actualmente, se describe a los creyentes carnales que constantemente están juzgando a los demás hermanos, al considerarlos inferiores espiritualmente, incapaces hasta de hacer una oración. Sin embargo esos que se consideran más espirituales al hacer una oración sacan a relucir sus egoísmos y otras debilidades. Quien quiera que sea, es cualquier cristiano que se considera superior espiritualmente a otro. En el reino de Dios nadie es superior a otro. No obstante hay personas a las cuales nunca se les ha dado la oportunidad de servir en una congregación, porque siempre son los “más espirituales” que se consideran aptos para servir. Independientemente que quien quiera servir siempre encontrará cómo hacerlo, lo cierto es que, quienes se consideran espiritualmente superiores, en ocasiones tienen más cosas de qué avergonzarse secretamente ante Dios, que aquellos que no están haciendo alarde de su espiritualidad. En realidad no tienen excusa, pues saben bien lo que hacen.

El que de vosotros esté sin pecado, sea el primero en arrojar la piedra” (Juan 8:7). A veces los cristianos hacen críticas contra los gobernantes, políticos, líderes religiosos, pero, sin quitarle certidumbre a esas faltas, ellos mismo están llenos de otras injusticias que sólo Dios y los que están cercano a ellos pueden saberlo, por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quien quiera que seas tú que juzgas, porque tú haces lo mismo.

La túnica de moralidad de ciertos creyentes que se consideran y son considerados por otros que están más cerca de Dios y son más escuchados que los demás, no escapa de la omnisciencia de Dios, que discierne los pensamientos y propósitos del corazón.

El mismo Jesús dijo: “No juzguéis, para que nos seáis juzgados” (Mateo 7:1).

2.-Veracidad (2: 2-3)

Más sabemos que el juicio de Dios contra los que practican tales cosas es según la verdad ¿Y piensas esto, oh hombre tú que juzgas a los que tal hacen, y haces los mismo, que tu escaparás del juicio de Dios?” (v. 2-3).

El hombre de Dios no ignora el juicio de Dios contra los que practican tales cosas, contra los que juzgan a los demás con su propio juicio, con su propia medida. El juicio de Dios caerá sobre ellos de manera verás. Es cierto que así será.

Cuando Pablo dice ¿Y piensas esto, oh hombre, tú que juzgas a los que tal hacen y tú haces lo mismo…? repite lo mismo anteriormente expuesto en el versículo uno. Es la misma idea y casi las mismas palabras. Pablo repite la misma expresión para recalcar la importancia de no juzgar a los demás. Es deber del creyente orar por el hermano que evidencie que está faltando, sin dejar de velar por sí mismo.

Velad y orad para que no entréis en tentación; el espíritu siempre está dispuesto, pero la carne es débil” (Mateo 26:41).

Los judíos miraban con sumo desprecio a los pobres paganos, y hasta los creían incapaces de salvación, mientras que ellos mismo eran tan inmorales como los paganos, aun no siendo idólatras (no volvieron a serlos hasta después de la cautividad de Babilonia). Por tanto eran inexcusables, pues cían en los mismos pecados que condenaban en los gentiles; tenía, en realidad, menos excusa, ya que los gentiles disponían únicamente de la luz natural, mientras que los judíos poseían la revelación positiva de Dios por medio de Moisés y de los profetas.32

El espíritu siempre está dispuesto a las buenas obras, más la carne está dispuesta a pecar. Juzgar a otro es algo muy delicado y peligros. Juzgar a otro acarrea juicio sobre quien practica este pecado. Antes de ejercer juicio sobre otro, el hombre debe mirar su interior y descubrir su propia hipocresía, su injusticia hacia los demás basados en su propia justicia injusta. En ocasiones sólo defienden sus propios intereses injustos.

Muchos moralistas, filántropos, altruistas, humanistas, activistas femeninas, defensores de los derechos humanos, y hasta creyentes, actúan de palabras, pero no son veraces; cuelan el mosquito, pero se tragan el camello. Habría que convivir cerca de ellos para darse cuenta de quiénes son realmente. Pero el Omnisciente lo sabe todo y todo lo ve. ¡Y es imparcial!

¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe.

El hombre hipócrita y justo en su propia opinión, que juzga a los que tal hacen, aquellas cosas que él mismo practica, no hace más que atraer mayor juicio sobre sí mismo. Dios no le juzga solamente por esas prácticas malignas, sino también por su hipocresía reflejada en el juicio de otros basado en su propia justicia.” 33

Recibe lo que das (2:5)

¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento? Pero por su dureza y por su corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios” (v.2-5).

En todo pecado cometido voluntariamente conociendo las consecuencias que conlleva, hay desobediencia abierta a la autoridad y primacía de Dios.

Quien juzga a los demás por sus pecados, por las actuaciones de su prójimo, es tan pecador como el que más. No escapará del juicio de Dios. Quien juzga a los demás menosprecia las riquezas de la benignidad, de la paciencia y la longanimidad de Dios. Ignora que la benignidad de Dios atrae al arrepentimiento. Ignora que con la benignidad de Dios se llega al corazón y se identifica la necesidad de los pobres, los niños, los ancianos, los extranjeros. Ignora que la paciencia de Dios espera hasta el arrepentimiento del pecador. Quien juzga a los demás menosprecia la riqueza de la longanimidad de Dios, ese atributo por el cual se puede soportar la conducta perversa de otros sin airarse y pecar.

La dureza de corazón genera dureza en cada acto de la vida. Atesora maldad para sí mismo, atesora ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios. Una persona dura en el trato con sus semejantes, con el cónyuge, con los hijos, con los subalternos, está cavando su propia tumba, afila cuchillo para su garganta. Tarde o temprano recogerá su inversión.

Un corazón duro necesita arrepentimiento. El arrepentimiento consiste en dar un giro de 180° dando la espalda al pecado, encaminándose hacia un nuevo estilo de vida junto a Jesucristo. El arrepentimiento es un cambio en nuestra manera de pensar, que produce un cambio en la manera de v

3.-Juicio justo (2: 6-10)

El cual pagará a cada uno conforme a sus obras; vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad, pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia; tribulación y angustia sobre todo ser humano que hace lo malo, el judío primeramente y también el griego, pero honra, gloria y paz a todo el que hace lo bueno, al judío primeramente y también al griego”(v.6-10).

Dios pagará a cada uno conforme a sus obras. Si sus obras son de justicia, recibirá justicia justa, si sus obras son de injusticia recibirá asimismo justicia justa.

Las obras de bien social son aceptas a Dios cuando proceden de un corazón que quiere agradar a Dios, porque ha creído en Él y ha aceptado el sacrificio de Cristo en la cruz, como real y verdadero. Cuando esas obras proceden de un ego que quiere satisfacción personal, que quiere glorificarse, con una motivación falsa, son aborrecidas por Dios.

La obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará” (1Co3:13).

Pablo dice que Dios pagará a cada ser humano conforme a sus obras. Primero Dios dará:

- Vida eterna a los que perseverando en bien hacer, como un estilo de vida, buscan gloria y honra e inmortalidad, buscan la vida eterna. Esas obras son producto de la fe en Cristo para salvación. Estos son los redimidos, los lavados con la sangre de Cristo, que pueden producir buenas obras como resultado que han sido limpiados con la sangre del Cordero Santo.

- Ira y enojo a los que sean contenciosos y no obedecen a la verdad, no obedecen a Dios, sino que son idólatras. Pablo enfatiza aquí que obedecen a otros dioses. Entre esos dioses está el dios dinero, el dios fama, el dios éxito. La ira y el enojo conllevan a una vida de injusticia, de tribulación y de angustia, propia de todo ser humano que hace lo malo. Estos son los no redimidos, los que no han sido lavados con la sangre del Cordero. Dios pagará a los no redimidos con ira y enojo. “Los tales nunca han respondido al llamamiento del evangelio. En lugar de ello, han preferido obedecer a la injusticia como su amo. Sus vidas están caracterizadas por contención, pendencias y desobediencia –una prueba cierta de que jamás fueron salvos.”34

El carácter de un individuo indica si ha sido o no redimido. El carácter incide en el comportamiento del individuo. La conducta del creyente es reflejo de que ha creído en Cristo. Es una muestra de su salvación.

Una característica de los no redimidos es que son contenciosos. Dice la Biblia que “el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable” (2 Timoteo 2:24ª). Una persona puede asistir a la iglesia por años y si su carácter no ha tenido un cambio favorable es muestra de que no ha sido regenerado.

Otra característica de los no redimidos es que no obedecen a la verdad, más bien obedecen a la injustica. Los no redimidos no obedecen a Dios, son rebeldes espirituales. Son enemigos de Dios. No hay término medio, o se es, o no se es. No hay claroscuro.

Dios establece su justicia cuando dice en Mateo 6:24 “Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro.” Por tanto el que no obedece a Dios, obedece a Satanás.

4.-Juicio imparcial (2:11-16)

Porque no hay acepción de personas para con Dios. Porque todos los que sin ley han pecado, sin ley también perecerán; y todos los que bajo la ley han pecado, por la ley serán juzgados; porque no son los oidores de la ley los justos ante Dios, sino los hacedores de la ley serán justificados. Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos, mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos, en el día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi evangelio.” (v. 11-16).

¿Qué es justo? Justo es justo, medida exacta, ni de más, ni de menos. Dios es justo, Dios es imparcial. Nada sobra, nada falta. No hay acepción de personas para con Dios. Por la gracia de Dios el hombre después de la caída mantiene, no obstante maltratada, la imagen de Dios, y tiene conciencia de su culpabilidad que contrasta con la justicia de Dios. La imagen de Dios no está borrada del todo. Su naturaleza refleja la ley de Dios escrita en el corazón del hombre.

Porque misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que holocaustos” (Oseas 6:6).

El hombre posee un estado de conciencia de pecado que le dice lo que está bien y lo que está mal. Desde ese punto será juzgado aquel hombre desconocedor del evangelio. En su omnisciencia Dios sabe quiénes responderían sí al evangelio, aún éste no haya sido predicado.

Esta situación, de quienes no han oído el Evangelio adquiere un aspecto ligeramente diferente si se es seguidor de Arminio o de Calvino. Los arminianos creen que la Gracia proveniente de Dios hace que todas las personas estén en estado de poder responder al Evangelio. Dios en su presciencia sabe quiénes lo aceptarían y quienes no, cuando no hayan tenido la oportunidad de habérsele predicado. Los calvinistas creen en la necesidad de una respuesta personal, pero en su argumento de la Soberanía de Dios, afirman que la causa final de la salvación está en la elección específica de una persona para salvación.

Al pensar en las almas de familiares que ya han muerto o en regiones donde no ha llegado el Evangelio, es necesario darse cuenta que Dios en su Gracia ha hecho posible la salvación de todos los hombres por la obediencia a Cristo, y que Él solo percibe los intentos del corazón. Él obra según la justicia más estricta.

Algunos gentiles tenían posturas éticas elevadas y estilos de vida morales. Ellos no se veían reflejados en el juicio general expresado en 1:18-32. Estos gentiles condenaban la idolatría y la corrupción generalizadas entre los que los rodeaban. Pero Pablo insistió en que el juicio también se aplicaba a ellos. Eran responsables porque ellos también eran culpables de las mismas clases de cosas. El juicio está basado en la revelación de Dios en la creación y en las consecuencias de ellos. El énfasis de Pablo está sobre el justo juicio de Dios.”35

Los gentiles, los no creyentes que no conocen la Palabra, hacen, por esa naturaleza moral, lo que le guía la conciencia, lo que es correcto según su código de honestidad y moralidad escrita en su corazón. Estos no creyentes aunque no tengan la Biblia como norma de vida, porque no la conocen, pero sí conocen al Creador, por la ley inscrita en su corazón, son guiados por su conciencia respecto a distinguir entre el bien y el mal. Esas leyes morales que se encuentran escritas en sus corazones, es el motor que impulsa su conciencia y da testimonio de una vida inducida a la justicia y a la injusticia. Desde ese estado de conciencia, por esa ley natural escrita en el corazón de todo hombre, Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres. Así será juzgado el ser humano que no ha conocido el Evangelio. “Todos los pueblos, por sí mismos establecen sus leyes, y por eso vemos claramente que existen conceptos primitivos de justicia y derecho impresos naturalmente en los espíritus humanos. Por eso puede afirmarse que tienen la ley sin tener Ley; porque aunque no tengan la Ley de Moisés escrita, no obstante, no están desprovistos de justicia y equidad, porque de otro modo no podrán diferenciar la perversidad de la virtud, reprimiendo la primera con castigos y encomiando la segunda con su estimación, aprobándola por su juicio y recompensándola al otorgarla un lugar honorable.”36

El tema no es fácil, y hemos de recordar: a) La Obra de la cruz que es fundamental para toda la manifestación de misericordia; b) las operaciones de la gracia de Dios sin las ningún ser humano puede percibir u obrar el bien; que Dios escudriña el corazón de todos y sabe todos sus intentos.”37

Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios” (Miqueas 6:8).

Buscad lo bueno, y no lo malo, para que viváis; porque así Jehová Dios de los ejércitos estará con vosotros” (Am.5:14).

El hombre conocedor de la Palabra, aquél al que se le ha predicado el evangelio y ha cerrado sus oídos para no oír, y ha rechazo a Dios será juzgado desde ese mismo estado de juicio imparcial. Pablo dice que no son los conocedores de la Palabra los justos ante Dios, sino los hacedores, los que hacen la voluntad de Dios. “La imparcialidad de Dios opera conforme a la condición en que cada ser humano se halla frente a la luz que hay en su conciencia, pues esta es la que declara la moralidad de la acción humana.”38

Los principios eternos de la naturaleza de Dios son las normas absolutas para la conducta del hombre.39

7.--La Palabra vivenciada (2:17-29)

He aquí, tú tienes el sobrenombre de judío, y te apoyas en la ley, y te glorías en Dios, y conoces su voluntad, e instruido por la ley apruebas lo mejor, y confías en que eres guía de los ciegos, luz de los que están en tinieblas, instructor de los indoctos, maestro de niños, que tienes en la ley la forma de la ciencia y de la verdad. Tú, pues, que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo? Tú que predicas que no se ha de hurtar, ¿hurtas? Tú que dices que no se ha de adulterar, ¿adulteras? Tú que abominas de los ídolos, ¿cometes sacrilegio? Tú que te jactas de la ley, ¿con infracción de la ley deshonras a Dios? Porque como está escrito, el nombre de Dios es blasfemado entre los gentiles por causa de vosotros. Pues en verdad la circuncisión aprovecha, si guardas la ley; pero si eres transgresor de la ley, tu circuncisión viene a ser incircunciso. Si, pues, el incircunciso guardare las ordenanzas de la ley, ¿no será tenida su incircuncisión como circuncisión? Y el que físicamente es incircunciso, pero guarda perfectamente la ley, te condenará a ti, que con la letra de la ley y con la circuncisión eres transgresor de la ley. Pues no es judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne; sino que es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no viene de los hombres, sino de Dios” (v.17-29).


Este pasaje implica un gran valor espiritual respecto a la hipocresía de la expresión externa de la religión que no es compatible con una transformación interna del individúo. Esto se puede ver desde la óptica del cristianismo.

El creyente en Cristo tiene el sobrenombre de cristiano, se apoya en la Palabra y se gloría en Dios. El cristiano conoce la voluntad de Dios, tiene la ley inscrita en su corazón, como embajador de Cristo, es su representante, confía en que es guía de los que no conocen a Dios, lleva el Evangelio a los que no son de Cristo, predica la Palabra, insta a tiempo y fuera de tiempo, es maestro de la Palabra, y, a través de la Palabra prueba la ciencia. Pero ¿Vela su espíritu? ¿Se ve a sí mismo? ¿Ve sus pequeñas zorras? ¿Sabe cuáles son sus faltas que ofenden a sus hermanos? Jesús dijo en Marcos 14:38 “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.” Velad y orad son palabras dichas por el mismo Jesús.

Pablo hoy confronta a ese creyente que enseña a otros y le pregunta ¿No te enseñas a ti mismo? Es muy importante predicar la Palabra, es la Gran Comisión que encomendó Jesucristo. ¿Pero es honra para Dios quien predica a tiempo y fuera de tiempo y en su vida personal no hay integridad? La vida del creyente evidencia su salvación. Una vida no íntegra no es honra para Dios, es abominación a Dios. Una actitud así deshonra el nombre de Dios frente a los inconversos que vigilan las acciones del creyente. Testimonios incorrectos alejan de la salvación a aquellos que no conocen a Dios. El creyente por conciencia sabe de su mal comportamiento, sabe que es abominación a Dios, pero se deja guiar de la carne que está viciada. Dios ve y sabe y revela, lo que humanamente no es posible ver.

En verdad la circuncisión, el evangelio, aprovecha si hay arrepentimiento, si hay conversión, si se vive en santidad, pero si se es transgresor, si se vive en desobediencia, si persiste una conducta depravada, una conducta pecaminosa, la predicación viene a ser como nada. Si el hombre guarda la ley natural que tiene inscrita en su corazón ¿No será tenida su moral como obediencia a Dios? Pablo repite de nuevo la misma expresión al decir: “Y el que físicamente es incircunciso, aquel que no ha confesado a Jesucristo como su Salvador personal, no conoce el Evangelio, pero guarda perfectamente la ley natural de Dios, ese condenará al creyente que tiene conocimiento de la teología, pero no practica el amor de Dios. Ese se constituye en juez terrenal para condenar al creyente que abomina a Dios. Ese creyente carnal que predica y enseña la Palabra, pero es pecaminoso, transgresor de la misma Palabra, será además, piedra de tropiezo para la salvación de los demás.

Pablo dice que no es judío el que lo es exteriormente. Así, no es cristiano el que lo dice y no permanece perpetuamente en una relación íntima con Cristo. No se es hijo de Dios por una expresión exteriorizada, por predicar un sermón. Es por el testimonio que viene evidenciado por esa relación íntima con Cristo. “Es el corazón,” dice Pablo. Es tu santidad, no es letra muerta, no es conocimiento de la teología, es relación con Dios, es el Evangelio vivo lo que sirve de testimonio a los inconversos y glorifica a Dios. Así un gentil obediente evidenciaría el verdadero sentido de la circuncisión, al mismo tiempo que un judío transgresor desvirtuaría el verdadero valor espiritual de la misma. Es la práctica de lo que está adentro del creyente y se manifiesta hacia afuera. La conversión se produce interiormente y se expresa exteriormente. Es por esto que Pablo dice: “la alabanza no viene de los hombres, sino de Dios.” La alabanza a Dios viene por una relación personal entre Dios y el hombre. Esa relación íntima entre Dios y el hombre es que produce la alabanza que el hombre da a Dios. Esa alabanza viene de Dios.

Un impedimento para que el cristiano avance lo constituyen aquellos cristianos que edifican con su enseñanza, pero destruyen con su conducta. No hay coherencia en sus vidas. Para el creyente es válido enseñar lo que se practica y practicar lo que se enseña. Tanto la enseñanza como la predicación deben comenzar por uno mismo. La práctica en el trato diario con los demás, es la mejor referencia de lo que se predica con palabras. Eso es integridad. Eso es signo de conversión. Dios espera coherencia sincera de vivir por sus normas. Eso es vivenciar la Palabra. Vivir el Evangelio de manera práctica.

8.-Mayor conocimiento conlleva una mayor responsabilidad (3:1-8)

¿Qué ventaja tiene, pues, el judío? ¿O de qué aprovecha la circuncisión? Mucho, en todas maneras. Primero, ciertamente, que les ha sido confiada la palabra de Dios. ¿Pues qué, si algunos de ellos han sido incrédulos? ¿Su incredulidad habrá hecho nula la fidelidad de Dios? De ninguna manera; antes bien sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso; como está escrito: Para que seas justificado en tus palabras, y venzas cuando fueres juzgado. Y si nuestra injusticia hace resaltar la justicia de Dios, ¿qué diremos? ¿Será injusto Dios que da castigo? (Hablo como hombre.) En ninguna manera; de otro modo, ¿cómo juzgaría Dios al mundo? Pero si por mi mentira la verdad de Dios abundó para su gloria, ¿por qué aún soy juzgado como pecador? ¿Y por qué no decir (como se nos calumnia, y como algunos, cuya condenación es justa, afirman que nosotros decimos): Hagamos males para que vengan bienes? (v1-8).

En esta parte de las Escritura Pablo responde algunas interrogantes.



Primero: ¿Qué ventaja tiene pues el judío o de qué aprovecha la circuncisión? ¿O de qué aprovecha el bautizo, si no sirve para salvación? En vista de que el ser judío era algo especial, Pablo le aclara que es así, pero no para salvación. Así parece que Pablo está dando respuesta a algún interlocutor judío. Es necesario el bautizo, porque es la manera de decir públicamente que se es cristiano, seguidor de Jesucristo. El creyente está diciendo públicamente que ha experimentado un cambio en su corazón, que es una nueva criatura y está dando participación pública de tal acontecimiento. El creyente es privilegiado por ser parte del pueblo de Dios. Es una ventaja magnánima.

Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva” (Ro.6:4).

Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor” (1 Corintios 1:9).

A través de la Palabra de Dios el creyente sabe que tiene al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Sabe que en todo momento puede acudir a Dios y recibir su misericordia, su gracia, su paz, su favor, su consuelo, su provisión.



Segundo: ¿Pues, qué si algunos de ellos han sido incrédulos? ¿Su incredulidad ha hecho nula la fidelidad de Dios?

De ninguna manera. Dios es fiel. Dios es veraz. Dios no es hombre para mentir. En medio de la infidelidad de algún creyente en particular Dios permanece fiel a una congregación. Dios es fiel a su Palabra. El Señor es fiel a sus promesas, por amor a su Nombre. La fidelidad forma parte de su carácter.

Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. Él dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?” (Número 23:19ª).

No os he escrito como si ignoraseis la verdad, sino porque la conocéis, y porque ninguna mentira procede de la verdad” (1 Juan 2:21).

En cualquier prueba Dios sale amnistiado como cumplidor de sus promesas. El creyente piensa en la fidelidad de Dios en forma de recibir beneficio. Sin embargo, es bueno tener presente que la incredulidad no hace nula la fidelidad de Dios. Dios es también fiel cuando castiga la desobediencia. Algunas personas hacen caso omiso al Evangelio, dicen que son fábulas, pero la Biblia es clara respecto a quien cree y a quien no cree. De manera que la Biblia es la Palabra de Dios, y Él siempre honrará su palabra. Él no se transa, lo que dice lo cumple, porque Dios es veraz. En Dios no hay mentira porque Dios es la verdad, y ninguna mentira precede a la verdad.

Tercero: Y si nuestra injusticia hace resaltar la justicia de Dios, ¿qué diremos? ¿Será injusto Dios que da castigo? En ninguna manera. Dios no viola su propia justicia. Dios no niega sus propios principios. Dios no borra la ley inscrita en el corazón del hombre. ¿Cómo juzgaría Dios al hombre, sino con sus propias leyes y principios. Dios no quebranta sus propios preceptos. La pecaminosidad del hombre sólo hace resaltar la justicia de Dios. En medio de tanta injusticia humana es evidente la justicia y la fidelidad de Dios. En medio de la maldad de este mundo caído sobreabunda la maravillosa gracia de Dios.

Cuarto: Pero si por mi mentira la verdad de Dios abundó para su gloria ¿Por qué aún soy juzgado como pecador? ¿Y por qué no decir: Hagamos males para que vengan bienes? Esta es una encrucijada en la cual Pablo lanza esa pregunta retórica la cual nadie va a contestar. Esa pregunta está dirigida a aquellos que los calumniaban. Esos calumniadores entendían que Pablo enseñaba la doctrina de pecar para resaltar la justicia de Dios. “Pecador era un insulto terrible en círculos judíos; y el que Pablo llamara pecador a todo mundo ha de haber causado un fuerte impacto.”40 Ellos en su mente carnal no tenían capacidad para entender la doctrina del perdón del pecado por la sóla gracia recibida por la fe. Jamás puede un verdadero cristiano hacer males para que vengan bienes.

9.-Toda la humanidad es culpable delante de Dios (3:9-18)



¿Qué, pues? ¿Somos nosotros mejores que ellos? En ninguna manera; pues ya hemos acusado a judíos y a gentiles, que todos están bajo pecado. Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; No hay quien entienda; No hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. Sepulcro abierto es su garganta; Con su lengua engañan. Veneno de áspides hay debajo de sus labios; Su boca está llena de maldición y de amargura. Sus pies se apresuran para derramar sangre; Quebranto y desventura hay en sus caminos; Y no conocieron camino de paz. No hay temor de Dios delante de sus ojos” (3:9-18).

¿Qué, pues, hay algún pueblo mejor que los demás? En ninguna manera. Muchas personas se consideran buenas. Se consideran mejores que otras. Aunque el hombre se considere bueno o quiere que lo consideren bueno, en su interior no es ignorante de su maldad. Aparenta ser bueno, pero su conciencia lo acusa.

Hasta ahora Pablo ha hecho una auditoría a la pecaminosidad del hombre y ha mostrado la corrupción interna que habita en él. El informe final está revelado en el Antiguo Testamento en el Salmo 14:

1ro. No hay justo, ni aún uno.

No hay un solo hombre en esta tierra que pueda probar una vida sin pecado. Jesucristo que fue cien por ciento humano y cien por ciento Dios, es el único que no conoció pecado. Cristo es el único justo. En esta tierra no hay uno que pueda alcanzar salvación y vida eterna por sus propios méritos, ni aún el más grande de los intelectuales. Es sólo por los méritos de Jesucristo, quien dio su vida para salvar a esta humanidad perdida.

2do. No hay quien entienda.

El pecado inicia por la falta de entendimiento. El hombre natural tiene el entendimiento entenebrecido, es incapaz por sí sólo volverse a Dios. El apóstol expresa su seguridad de que no hay quien busque a Dios. El hombre en su estado natural no puede buscar a Dios. No hay quien quiera hacer la voluntad de Dios. Es la obra del Espíritu Santo que hace posible que el hombre se vuelva a Dios y le obedezca. Por tanto es necesaria la intercesión ante Dios del creyente a favor del inconverso y en su propio favor.

La naturaleza humana tiende a la depravación. Esta es consecuencia de lo que en teología se denomina la depravación total del hombre caído, “por la que significamos que el pecado ha afectado a cada parte de su ser. Es evidente, nadie ha cometido todos los pecados, pero tiene una naturaleza capaz de cometerlos todos.”41 Es obvio que no todos los hombres son netamente depravados, pues hay en algunos un asomo de conciencia y buenas costumbres. No obstante en el corazón de todo hombre anida la maldad humana. De modo tal que en ciertas circunstancias podría ser mentiroso, murmurador, ladrón, adúltero, hipócrita, homosexual, infiel. De aquí la violencia en los hogares, la violencia en el tránsito, la corrupción a todos los niveles en las instituciones públicas y privadas y eclesiales. Esa es la fotografía de la depravación de la humanidad. ¿Es que el violento no sabe que su violencia es pecaminosa y desagrada a Dios? El corrupto no busca a Dios, más bien ignora a Dios. Es que vivir una vida de pecado es falta de entendimiento de quién es Dios. La intelectualidad es diferente a la espiritualidad. Se puede ser gran intelectual y al mismo tiempo un gran corrupto o un gran violento, o un gran abusador. ¿A quién se castigará por el mayor hoyo fiscal en la historia de esta amada Quisqueya la bella? Esta es una pregunta retórica al estilo Pablo. La violencia no sólo es física. Es emocional y hasta económica.

Si Pablo hubiese querido dar un catálogo más completo de pecados, podría haber citado los pecados del sexo: adulterio, homosexualidad, lesbianismo, perversión, bestialidad, prostitución, violación,, lascivia, pornografía, y obscenidad. Podría haber citado los pecados asociados con la guerra: destrucción de inocentes, cámara de gas, hornos, campos de concentración, instrumentos de tortura, sadismo; y los pecados del hogar: infidelidad, divorcio, malos tratos conyugales, crueldad mental y violencia contra los niños. Añádase a esto crímenes de asesinato, mutilación, robo, allanamiento de morada, fraude, vandalismo, cohecho, corrupción. También los pecados del habla: profanidad, chistes sugerentes, lenguaje sensual, maledicencia, blasfemia, mentira, murmuración, comadreo, calumnia, y querellas. Otros pecados personales son: embriaguez, drogadicción, soberbia, envidia, codicia, ingratitud, vida mental impura, odio, y amargura. Esta lista es aparentemente sin fin –polución, contaminación, racismo, explotación, engaño, perfidia, quebrantamiento, de promesas y más…_ ¿Qué más prueba se necesitan de la depravación humana?42

Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente” (1 Corintios 2:14).

El hombre natural es ignorante debido a la dureza de su corazón que lo tiene cerrado para Dios.

Efesios 4:18 refiriéndose al hombre que anda en la vanidad de su mente, expresa: “teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón.”

La ignorancia del hombre es fruto de la dureza que hay en su corazón, que le impide buscar a Dios. El hombre sin Dios se encuentra ciego espiritualmente. Es frecuente oír el testimonio de un creyente recién convertido testificar “que antes de su arrepentimiento se encontraba ciego espiritualmente, tenía el pensamiento entenebrecido, no podía ver su pecado.” Pero después que el hombre conoce a Jesucristo, es regenerado, es natural confesar su maldad. Es ahí donde recibe liberación. Esa es la libertad más apreciada que puede recibir un ser humano. Pero sólo la pueden experimentar los que se han hecho uno con Jesucristo. “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gá 3:28).

3ro. El hombre sin Dios está inclinado al mal.

Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.” (v.12).

Cada hombre tiene una conciencia. La conciencia es una balanza que pesa el accionar de cada hombre.

En el momento de la caída la imagen de Dios en el hombre fue deteriorada, aunque no perdida totalmente. Fue rota. El hombre se desvió de su naturaleza original y adquirió una naturaleza corrupta. La corrupción del hombre lo hace inútil. Lo inútil es lo que no aprovecha. No sirve para nada bueno. El apóstol recalca que no hay uno justo, no hay uno bueno. Está llamando la atención respecto a que no hay nadie justo ni bueno. Por tanto todo ser humano tiene algo que no agrada a Dios. El único justo es Dios, el único bueno es Dios. El hombre tiene una naturaleza pecaminosa con la que tiene que luchar cada día.

Pero estos blasfeman de cuantas cosas no conocen, y en las que por naturaleza conocen, se corrompen como animales irracionales” (Judas 10).

Desviarse del camino correcto es una manera segura de errar al blanco. El camino correcto es Jesucristo. El mismo dijo “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Juan 1 4.16).

El Señor siempre bueno nos dice en el Salmo 32:8ª “Te haré entender y te enseñaré el camino en que debes andar.”

4to. Hay veneno en la conversación del hombre que no tiene a Dios.

Pablo sigue recordando el Salmo 14: “Sepulcro abierto es su garganta; con su lengua en engañan. Veneno de áspid hay debajo de sus labios.”

Jesús dijo: “De la abundancia del corazón habla la boca. De toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio” (Mateo 12:34b; 36).

Con estas declaraciones el mismo Jesús revela que el carácter de una persona es expresado con lo que sale de su boca, que proviene del mismo corazón. Con su lengua engañan, son mentirosos, hablan banalidades. Engatusan. Sus palabras son apariencia, la realidad es otra. Para el inconverso, chistes sugerentes y un lenguaje sensual son parte natural de su vida. Para el creyente una buena conducta es una buena obra que es testimonio de que en ese creyente mora el Espíritu de Dios. Donde está el Espíritu Santo no hay depravación.

Porque en la boca de ellos no hay sinceridad; sus entrañas son maldad. Sepulcro abierto es su garganta, con su lengua hablan lisonjas” (Sal 5:9).

5to. De la abundancia del corazón habla la boca.

Su boca está llena de maldiciones y de amargura”. Su boca está llena de maldición que sale de su propio corazón. Brota de un corazón amargado, un corazón herido. “Cómo podéis hablar lo bueno siendo malos” dice Jesús. Un corazón herido hiere a otro y a otros. Solo Cristo sana un corazón herido. Sólo Cristo pone dulzura en un corazón amargado. Es sumamente difícil la convivencia con personas que están heridas emocionalmente. Sólo Cristo hace pasible la paz en medio de esa tormenta. La paz con Cristo origina paz entre los demás.

Vuestros labios pronuncian mentira, habla maldad vuestra lengua” (59:3b).

El Espíritu Santo hace énfasis en esta expresión acerca de la maldad del hombre pecaminoso. Es terrible el hombre que no conoce a Dios. Es difícil la vida de un creyente compartida con familiares, padre, madre, esposo, esposa, o hijos que no conocen a Dios.

6to. Sus pies se apresuran para derramar sangre

Un corazón herido, amargado, ciego por el pecado, no sólo maldice, sino que es capaz de matar, incluso a los seres que supuestamente ama. La violencia intrafamiliar es transmitida de generación en generación por medio y a través del entorno familiar. Es producto de corazones heridos que han sido maltratados por sus seres amados cercanos. Sólo el amor de Dios, por medio de la fe en Jesucristo puede transformar esos corazones y con eso dar fin a la violencia en las calles y dentro de los hogares.

7mo. Quebranto y desventura hay en sus caminos

Una boca maldiciente está conectada a un corazón amargado. Este corazón amargado es capaz de derramar sangre entre sus semejantes. Esta acción produce quebranto y desventura en sus caminos. Se quebranta la familia y se quebranta la sociedad. El maltrato y el abuso son tan comunes actualmente, que en la Policía Nacional, en el Ministerio Público y otras instituciones públicas y privadas de República Dominicana existen departamentos dedicados exclusivamente a tratar con personas maltratadas y abusadas por sus seres “amados” que viven bajo el mismo techo. Ellos no han podido encontrar solución a este mal porque la solución no está en medidas terrenales, la solución está en Jesucristo, el único que puede transformar esas vidas. De ahí que los creyentes no deben ser indiferentes con tanta necesidad de Cristo que tiene la gente. Porque no se puede ignorar que algunos creyentes sólo quieren recibir pero no quieren dar por gracia lo que han recibido por gracia. Todo lo anterior es causa de desventura de esta pobre humanidad que vive en dolor y en angustia. De manera tal que la iglesia como tal y los creyentes en particular tienen su cuota de responsabilidad en este asunto.

8vo. Este mundo carece de paz

Y no conocieron camino de paz.” Aquí el apóstol se está refiriendo a la paz social, no a la paz interior. Es frecuente leer en los periódicos y oír en las noticias sobre “acuerdo de paz” entre líderes, especialmente políticos. Esa paz no es posible en este mundo lleno de egoísmo, ambición y abusos. Es difícil un lugar en la tierra en que la gente esté segura totalmente. Esta paz será alcanzada cuando venga Cristo, el Príncipe de Paz. Porque sólo Cristo rompe las ligaduras de impiedad. Solamente hay paz donde reina Jesucristo.

9no. No hay temor de Dios delante de sus ojos

Ese es el gran problema del hombre inconverso, no tener temor de Dios. “Debido a que los oídos de los hombres están aguzados para atender la mentira del pecado y no la verdad de la justicia, ellos no tienen temor de Dios y su ignorancia los lleva a tener un concepto errado de lo que significa temor de Dio.”43

El impío no tiene temor de Dios porque tiene falta de sabiduría. “El temor de Jehová es el principio de la sabiduría” dice Salmos 110:10. “Más el temor de Jehová es enseñanza de sabiduría” dice Proverbios 15:33. El hombre sabio busca a Cristo que es la fuente de la sabiduría.

10.- Conclusión de Pablo (3-19-20)

Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios; ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado.” (v. 19-20).

Quienes estaban bajo la ley eran los judíos. Ellos la conocían y había que cumplirla. Pero no era posible para salvación. Contra la ley no había argumento. Los transgresores tenían que cerrar la boca. “Vean los rectos, y alégrense, y toda maldad cierre su boca.”(Sal. 107:42). “La gente se quedaba con la boca cerrada en la corte cuando no podía presentar objeción en su propia defensa. La mayoría del judaísmo también concordaba en que todas las personas pecaban algunas veces y que necesitaban la gracia de Dios.”44 Sólo la gracia de Dios es suficiente para salvación.

Así el juicio de Dios, no sólo para los judíos, sino también para los cristianos. Por las obras de la ley ningún ser humano será justificado. Así que”Dios nunca declarará a una persona apta para entrar en su presencia sobre la base de las obras que haya acumulado”45 ¿Quién puede refutar los mandamientos de Dios? Solamente alguien que no esté en su juicio cabal puede hacerlo.

Todo el mundo está bajo e juicio de Dios. La ley no es para salvación, pero sirve de termómetro espiritual. La ley es el termómetro que revela el estatus espiritual del hombre. ¡¡Qué cosa!! La ley no es suficiente para que el hombre sea justificado delante de Dios, pero enseña el camino a Cristo.

Conclusión

La ley revela al hombre su estatus espiritual, revela su santidad y su grado de pecaminosidad. La ley revela el pecado y está destinada a refrenar el pecado, pero paradójicamente la ley provoca el pecado. Todos los pecadores, aun los niños, tienen conciencia de pecado. La ley revela el pecado, motiva el pecado y convence de pecado. Hay un proverbio popular que dice la Ley es la ley. La ley muestra al hombre su condición interior al tiempo que le revela su condición espiritual pecaminosa.

La ley no salva, pero revela el camino de salvación que es Cristo. Entonces la ley no es mala, es buena. “Ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley”(1 Corintios 15:56).

¿Qué diremos, pues? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. Pero yo no conocí el pecado sino por la ley;” (Ro 7:7ª)

La ley es buena porque pone en el tapete la santidad de Dios, revela la pecaminosidad del hombre y muestra el camino de salvación que es Cristo Jesús.

Preguntas

1. ¿Qué es la piedad?

2. ¿Qué es la misericordia de Dios?

3. El hombre decide pecar voluntariamente o hay una fuerza maligna que lo incita a pecar.

4. ¿En qué consiste dar gloria a Dios?

5. Diga dos consecuencias que acarrea el hombre caído por no glorificar a Dios.

6. En el evangelio de Dios se revela la justicia de Dios por fe, y también se revela la ----de Dios por el pecado.

7. Cuál es el libro de la Biblia que indica que Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza?

8. Mencione 4 principios por los cuales Dios juzga al hombre.

9. Diga un impedimento para el avance del creyente.

10. Mencione tres motivos por los cuales se puede decir que la ley es buena.



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