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FLORENTINO DIAZ LOZA



GEOPOLITICA
PARA LA PATRIA
GRANDE

EDICIONES TEMATICA S.R.L.

BUENOS AIRES

Reconocimiento
La presente obra fue elaborada con el concurso de equipos interdis­ciplinarios. Especialmente colaboraron las siguientes personas:

Doctor Antonio Augusto Armanini Señor Wladimiro Debeljuhd Licenciado Rodolfo Richard Jorba Licenciada Carmen Agueda Palmero Licenciado Eduardo Miranda Gallino Doctor Héctor C. Sauret


Es una satisfacción expresar las cuantiosas deudas intelectuales contraídas. Declaro también la imposibilidad de amortizarlas.
Mi agradecimiento a la importante labor de la:

Profesora María Margarita Mon de Sabadini

Señora Elba Cavigliaso

Señorita Delia E. de Galvagni

Señorita María Martha Dana

Arquitecto Ignacio Ocampo


El Autor

© Ediciones Temática S.R.L., 1987


© by EDICIONES TEMATICA S.R.L., Paraná 467, Piso 3°
(1017) Buenos Aires, Argentina.

Todos los derechos reservados

I. S. B. N. 950 - 9235 - 22 - 9 (2da. edición)

Queda hecho el depósito que marca la Ley 11.723


IMPRESO EN ARGENTINA.

Prólogo

Nada tan honroso pero de tan difícil responsabilidad que introducir en la lectura de un libro como “GEOPOLITICA PARA LA PATRIA GRAN­DE”, Sin embargo, es una tarea que emprendo con total complacencia, no sólo por la índole y contenido de esta obra, sino también, por la amistad que me une a su autor, con quien he compartido muchas horas de inquietu­des en particular acerca de los problemas que nos afectan, la geopolítica y la necesidad, en esta materia, de plasmar una verdadera doctrina nacional que sirva de base para una política que quiebre la dependencia en que, todavía, vivimos.


El Autor
El Coronel (R) FLORENTINO DIAZ LOZA, es un hombre nacido y criado en la Mesopotamia argentina. Nace en Entre Ríos, pero pasa su niñez y adolescencia en Corrientes. Es aquí, en el seno de los suyos, entre los muchachos y gauchos correntinos donde empieza a sentir el país que ya vibraba en él, en sus esencias espirituales. Ingresado al Colegio Militar de la Nación, elige el arma de Caballería, graduándose en 1947 como subtenien­te. Cursa luego la Escuela Superior de Guerra, donde adquiere el título de Oficial de Estado Mayor. Profesor, miembro de Estados Mayores, Jefe de Unidad, alcanza sus distintas jerarquías con dignidad y alto concepto. Con su especial virtud para el manejo de los subordinados, con sus desasosiegos y preocupaciones, ante una hora difícil, octubre de 1971, se rebela militar­mente hablando contra el Gobierno, entonces presidido por el Teniente Ge­neral Alejandro Agustín Lanusse. La oportunidad, el desistimiento de muchos comprometidos, lo que nunca falta en hechos de esta naturaleza, hacen fracasar el intento, siendo condenado a casi dos años de prisión, los que cumple en el penal de las Fuerzas Armadas, en Magdalena, provincia de Buenos Aires. En todos estos largos y complejos años, ha acumulado estu­dios y experiencias, ha reflexionado sobre la realidad argentina, siempre desde una perspectiva profundamente nacional. Educador por excelencia, proyecta sus conclusiones, con clara responsabilidad, desde la cátedra, la tribuna, el artículo periodístico y el libro. Tres temas lo atraen: el profe­sional, hasta u retiro. Luego, la política y la geopolítica. Vale la pena men-
cionar los más importantes. Profesional (libros): "Táctica de blindados" (enero de 1963); "Reflexiones sobre la doctrina de unidades blindadas" (mayo de 1973). El Círculo Militar premia estas obras como primero y se­gundo premio respectivamente de la "Literatura Militar". Políticos, dos obras: "Las armas de la Revolución" (Peña Lillo, mayo de 1972) y "Doctrina Política del Ejército" (Peña Lillo, agosto de 1975). En Ge­opolítica, destacamos una serie de artículos publicados en ESTRATEGIA: “Argentina. Coyuntura histórica del siglo XX" (1972); "Geopolítica del Brasil" (1974); “Argentina. Análisis coyuntural” (1975); "Geopolítica de Chile" (1977); "Alto Uruguay. Culminación de la maniobra del Alto Para­ná" (1979); "Geopolítica de la Cuenca del Plata. El Paraná argentino" (1981); "Importancia geopolítica del Caribe" (1981).

Como puede verse, Florentino Díaz Loza, no es un advenedizo, que aprovecha las sombras para penetrar furtivamente en una disciplina tan vas­ta, compleja y polémica, como es la Geopolítica. Miembro del Instituto Ar­gentino de Estudios Estratégicos y de las Relaciones Internacionales y partí­cipe activo del Consejo de Redacción de ESTRATEGIA -órgano éste de aquél- compartió con otros, análisis y discusiones acerca de la materia ge­opolítica. Su objeto, su papel en el plano de la política y la elaboración de un modelo geopolítico para el país fueron cuestiones más que examinadas. Las conclusiones a las que arribó nuestro grupo de trabajo, no pueden ser c1udidas en este preámbulo, ya que las mismas constituyen coordenadas ba­ses para interpretar el contenido de "GEOPOLITICA PARA LA PATRIA GRANDE".



La Geopolítica

Entendemos que la Geopolítica "es la ciencia que estudia las relaciones (influencias recíprocas) entre los factores geográficos y las comunidades po­líticamente organizadas".

E interpretamos al respecto que, en el actual grado de la evolución his­tórica de la humanidad, el Estado nacional (incluidos los Estados polina­cionales) constituye la comunidad apuntada en la definición.

Desde esta perspectiva son elementos fundamentales de la geopolítica:



  • El territorio (situación geográfica absoluta y relativa, configuración, re­lieve, clima, recursos naturales, etc.)

  • La sociedad (entidad biocultural con menesteres propios de su naturaleza biológica y de necesidades, apetencias y posibilidades de su nivel cultural)

  • El gobierno (por la política y estrategia nacionales que desarrolla, las cuales derivan de dos aspectos fundamentales: su ideología y su doctrina política).

A efectos de no extendemos y para servir sólo al objeto de este sintético proemio, agreguemos:

  • Los factores geográficos no determinan, sólo condicionan. De ahí que en

geopolítica nos enrolemos, sin hesitar, en la escuela posibilista.

    • La geopolítica no es política. Aquella constituye un factor de análisis dentro de los estudios, apreciaciones y decisiones de la política. De ningu­na manera la sustituye. La política, toma en cuenta los datos de la geopo­lítica, pero los conjuga a la luz de otros factores, tales como objetivos, poder propio, de sus oponentes así como de sus capacidades, etc.

    • En resumen, dados estos conceptos, vale señalar dos principios, que adoptamos como básicos y esenciales de la geopolítica:

    • Los espacios nacionales geoeconómicamente integrados, con alto nivel de industrialización, son polos naturales de atracción para los Estados más débiles, sobre los cuales, por otra parte, aquellos proyectan sus apeten­cias de recursos naturales y humanos.

    • El factor geopolítico fundamental es el grupo humano, su capacidad cre­adora, su fuerza espiritual, su aptitud para transformar y aprovechar la naturaleza, su inventiva científico-técnica, su voluntad para dominar los factores adversos de la geografía, su resolución para aceptar y encontrar respuestas adecuadas a los desafíos. El Poder, en síntesis, que es capaz de crear y desarrollar para satisfacer sus intereses y concretar sus objetivos.


Un modelo geopolítico nacional
Teniendo en cuenta todos estos aspectos, así como la historia, realidad, circunstancia, perspectivas y posibilidades de la Argentina actual, un grupo de trabajo del Instituto, elaboró el modelo geopolítico que llama "ARGEN­TINA PENINSULAR", sobre la base de que nuestro país, con Chile apare­ado, constituye la península del sector sudamericano del continente. En ra­zón de ello, en lo geopolítico, la Argentina es:

  • Continental. Esto es, que debe integrarse al continente, a través de su área inmediata: el Cono Sur.

  • Bioceánica. Es decir, que se proyecta sobre dos mares: el Pacífico (sin menoscabo de la soberanía del país "apareado") y el Atlántico Sur (que incluye desde el punto de vista geopolítico al Océano Glacial Antártico).

  • Patagónico-antártica, lo cual significa la continuidad geográfica entre la Argentina continental y la Argentina Antártica, que se logra con el de­sarrollo integral patagónico y el control marítimo y aéreo intermedios.

Más allá de estos aspectos situacionales, el modelo "Argentina Penin­sular", consiste en un territorio, transformado en unidad compacta, a través de polos nacionales de desarrollo, medios y sistemas de conexidad, sin áreas privilegiadas, como ha sido el caso de la "Pampa Húmeda" y una sustancia, del cual es marco el territorio: la cultura nacional, tanto en sus aspectos espirituales (ciencia, valores morales, estilo de vida, instituciones políticas y sociales, etc.) como materiales (técnica y económica). A este res­pecto, la cultura nacional debe alcanzar niveles óptimos ya que, su de­sarrollo integral, constituye el verdadero poder nacional, con el cual hemos

de afrontar los desafíos internos y externos que operan y operarán sobre la sociedad argentina.




Volvemos a la obra y al autor
En el marco de estas ideas y de otras conclusiones que laboriosamente ha elaborado, la obra de Díaz Loza es síntesis y proyecto. No viene al caso reproducir aquí conceptos y definiciones ya que ellas podrán ser mejor disfrutadas a medida que cada uno se adentre en su lectura. Pero me pare­cería una omisión imperdonable si al menos no enumero algunos aspectos que hacen a la conceptuación geopolítica del autor en torno a la Argentina, y que corren, como hilo conductor a través de toda la obra.

En resumen:



  • La Argentina, integra la continentalidad, insertada en el Cono Sur. Está favorecida a su vez, por su posibilidad bioceánica.

  • El desarrollo integral del país, en particular de las zonas marginales a la Pampa Húmeda, es piedra angular de la vertebración global (espacio­cultura nacional) de la nación.

  • La Argentina ha carecido de una doctrina geopolítica nacional. Ello ha ocurrido por la ideología y doctrina de algunos sectores dirigentes, adoce­nades detrás de intereses foráneos que condenaron al país a un papel de proveedor de materias vimas y alimentos. Un modelo agroexportador que entró en crisis a partir de 1930 sin que, salvo determinados períodos, se intentara modificar.

  • Es indispensable transformar con urgencia, el potencial disponible, en poder nacional. La unidad nacional es parte de esta meta prioritaria. La etapa siguiente, que puede compatibilizarse con la anterior, es la confor­mación de un poder regional.

  • Este poder regional, se asienta en la comunidad de intereses de los países del Cono Sur primero y de los restantes de América Latina después. Ello e indispensable para afrontar los desafíos externos, en particular de un nuevo sujeto de la vida internacional: las grandes empresas multinaciona­les.

El libro que el lector ha de abordar, deparará además una sorpresa.

Ella generará sin duda discusión y polémica. Es que Díaz Loza, llevado de su vocación y actitud política no se queda en la geopolítica. El, un hombre nacional, de profunda fe religiosa, consustanciado con la Doctrina Social de la Iglesia y sólidamente adherido a las grandes expectativas populares, incursiona en solvencia, en los aspectos políticos de la problemática na­cional. Casi diría que la geopolítica le sirve para lo que realmente bulle dentro de sí mismo la política.

Estimo en definitiva que este libro no es de los que pasarán desapercibi­dos. Promoverá discusiones y controversias. Se debatirán sus conclusiones. De ahí también su importancia. Valdrá sin dudas lo que se acepte, pero más

aún servirán las inquietudes que despierte. Díaz Loza, franca y lealmente, loma posiciones, adopta tesituras claras y frontales. No se mimetiza. Está allí, presente y sin cortapisas. Que es, por otra parte, su modo, su estilo. Va­le la pena leerlo.


Colofón
En algunas de las páginas del libro, el autor incursiona sobre mi perso­na y mis ideas. Me describe según su perspectiva. Ha sido generoso conmigo. Creo que me deja más que bien parado. Todo es producto de su amistad y de una generosidad que compromete mi agradecimiento. Los lectores que me conocen sonreirán sin duda, unos compartiendo, otros disintiendo. Por mi parte, a los que nada saben de mí, les sugiero que los tornen con toleran­cia y benevolencia.
Buenos Aires, 7 de septiembre de 1982
General Div. D. Juan E. Guglialmelli

Prólogo a la segunda edición

La vida ha sido pródiga conmigo en satisfacciones intelectuales.

En esta nueva ocasión, mi acendrado sentimiento por la solución de los problemas que nos impone la circunstancia histórico-social en­cuentra en el éxito de la primera edición de "GEOPOLITICA DE LA PATRIA GRANDE", un nuevo motivo de alegría. Cuando publicamos aquellos originales preparados con el temple argentinista y la pasión patriótica de don Florentino Díaz Loza, sabíamos que entregábamos al lector un ensayo de calidad. Además nos constaba la trayectoria pedagógica del autor y los merecimientos que su respetada opinión obtenía en los diversos ámbitos de actuación. Porque la lúci­da idea unida a la relampagueante prosa tenían esa fluidez atrapado­ra que toda cosa importante posee. Veíamos ese espíritu nacional fla­meando sin concesiones ni oportunismos, y creímos en la tesis geopo­lítica porque nos devolvía aquellas concepciones estratégicas de Her­nandarias y de San Martín, epígonos leales de una intuición sabia del valor geográfico en función política.

Hoy, la notable demanda del agotado libro nos impone otra edi­ción, otro compromiso con el pueblo lector, con el estadista previsor, con el investigador profundo. Y como no podrá ser de otra manera, el pensador, "además de corregir errores tipográficos incluye la temá­tica malvinica. Esa que nos induce a prevenir que debemos malvini­zar el Continente porque creemos que el ingrediente aparente de fata­lidad en el acontecer trágico llevar inexorablemente ínsito una fatali­dad contraria, es decir, una fatalidad irreversible de triunfo, de alegría, de liberación definitiva de todo sojuzgamiento.

Si alguien pretende encontrar en estas páginas y mapas un ejerci­cio de especulador político se llevará un desengaño. Contienen un

mandato histórico cuya asunción contribuirá a la continentalización, es decir a la configuración, no declamatoria, de los Estados Unidos de Sudamérica. Si alguien supone intenciones hegemónicas en el sen­tido maquiavélico se decepcionará. Encontrará sí la ubicación autén­tica de un ideal unido sin esfuerzo a una realidad. Esa es la tarea cumbre de Díaz Loza; desentrañar la clave orientadora de una razón de ser antes que la de un determinismo. Porque éste sólo se da en la historia de las naciones cuando aquella razón de ser ha sido escrutada con visión y sin alardes; con genio exegético y sin subjetivismos inte­resados.

Estamos ante una obra que honra al pensamiento argentinista no sectario. El espíritu común de nuestro pueblo la necesitaba.
Dr. Francisco José Figuerola

Introducción
De acuerdo con la evolución de los procesos, los problemas políticos trascienden las regiones y países para incidir en el orden mundial.

La humanidad marcha hacia un destino crítico y su salvación está en la humanidad misma.

La complejidad del proceso se presenta, primero, partiendo de la duplicación poblacional en corto lapso, lo que impone un planeamiento y una programación ajustados para fundar una nueva organización mundial. Esta organización debe permitir enfrentar los problemas inherentes a la escasez de materia prima para la alimentación y a la complejidad que presenta el constante progreso de la super-industrialización.

Por otra parte, en razón de las implicancias que tendrán los factores anteriores, en los contextos sicosociales, económicos, sociales y políticos que van determinando un nuevo tipo de humanidad con caracteres estímu­los, ambiciones y frustraciones derivados de un estado de permanente con­fusión y conflicto.

La pérdida de Fe, corolario del largo proceso, puede hacer desembocar a la humanidad en un angustiante y destructor nihilismo.

Los caminos a seguir están delineados por la autodestrucción o la autosalvación.

La autodestrucción es la guerra, con o sin bomba nuclear.

La autosalvación es la toma de conciencia del peligro, lo que implica cambiar la mentalidad del hombre, restaurando su vieja espiritualidad, y subsidíariamente, emplear las ciencias y técnicas para el rescate a tiempo de la humanidad.

Los pueblos se debaten entre la dependencia y la creciente autodetermi­nación. Al poder hegemónico sustentado por los poderosos, se le opone una situación incierta y dolorosa de las naciones oprimidas, que adquiere un ca­rácter trágico a medida que se procesa una larga y sangrienta lucha.

La eterna lucha por dominar y dejar de ser dominados, adquiere hoy, a la luz de un mundo en acelerada transformación un carácter apocalíptico. La pugna establecida posee una naturaleza matizada de desigualdad, contradicción, incertidumbre y paradoja.

Hablar de Oriente y Occidente es cháchara política; abundar sobre el Capitalismo y el Marxismo es avalar el enfrentamiento de intereses y de

errores compartidos. Hoy se hace necesario considerar al mundo como una unidad y, como tal, se debe buscar la solución del mayúsculo problema que enfrenta la humanidad. Una Unidad creada y alumbrada por un nuevo signo, basada en la comunidad de ideas e intereses, en el diálogo comprensivo y en la fe de los pueblos.

Occidente sólo existe como concepto geográfico, carece de unidad ide­ológica y política. El alineamiento de naciones responde a una concepción capitalista al servicio de intereses de las grandes potencias, potencias y orga­nizaciones multinacionales, basado en un convencionalismo pensado y estructurado para mantener la dominación.

Esta falacia, no es una hipótesis intelectual, sino una realidad de los hechos, simétrica en los objetivos y formas a la hipocresía del mundo orien­tal marxista.

La crisis que vive el mundo de hoy afecta a nuestro País, pero no quiere decir que la crisis sea de la Argentina con el mundo. Nuestras creencias y va­lores no deben estar impuestas por el ambiente exterior.

Ante la preocupación de ciertos sectores de adoptar una gran política para insertar a la Argentina en un mundo agresivo, desordenado, ávido de dominio y lleno de antinomias, respondemos que la única respuesta correcta e la Gran Nación, conducida por un Estado Fuerte.

La Nación unida y consolidada por el pueblo y sus dirigentes, indepen­diente, soberana, se incluirá en el mundo, respetada y a salvo de intereses e ideologías extrañas.

La Nación invertebrada, dependiente, aculturada, no se insertará ja­más, sino que, orbitará en la satelización y la explotación, como un objeto intrascendente.

El País que mira hacia afuera, termina importando el sentimiento y el pensamiento.

No interesa la "imagen que se da al exterior", sino la autenticidad y la legitimidad en lo interior. La interioridad de una Nación, fundamenta la personalidad del Estado.

La actitud correcta es la de elaborar una filosofía propia asentada en la critica y en la conciencia, para ser guías de nuestro propio destino y no ad­mitir pasivamente que nuestra personalidad nacional sea adulterada o conformada desde el exterior. La defensa de los propios valores y principios, conforma los parámetros más firmes y genuinos que fundamentan la legiti­midad.

Es necesario entonces, que mediante una crítica de la concepción del mundo, logremos una solidificación de la personalidad nacional, fijando con realidad, el ser histórico. También es imprescindible consolidar la cultura, basamento para la perfectibilidad, sobre la base de difundir críticamente verdades descubiertas, proyectarlas y convertirlas en acciones nacionales vitales de lo moral e intelectual.

Propiciar que la sociedad argentina se capacite para poseer un pensamiento

coherente, unitario y efectivo, comprende en estos momentos, un hecho importante y original, imprescindible de intentarlo y asumirlo.

El hombre argentino vive hace tiempo una infelicidad, frustración y postración cívica, de descontento absoluto. Le aqueja una manifiesta inca­pacidad para asimilar experiencias y comparar hechos, situación que secta­riza la visión, omite el todo y en trampa a los protagonistas.

Sectores que se titulan revolucionarios, carecen de innovación, imaginación y de capacidad de crear nuevas posibilidades. Han olvidado que el estado revolucionario, es un estado mental, progresivo, basado en la reali­dad y en la conciencia.

El descontento, que es el estímulo primario para la acción, para ser valorado y verdadero, debe asumir una situación concreta. El descontento gene­ralizado y absoluto, lleva al conformismo y a la inactividad entregadora. Nada hay más peligroso para una nación, que el cansancio hacia el descon­tento; que provoca complacencia, indiferencia y abulia.

Hoy en día, la misión más trascendente recae en el esfuerzo de alimen­tar e iluminar la sociedad civil. En el pueblo se hallan las raíces de la nación el fundamento de la existencia como Estado y las fuentes insustituibles del poder.

Una teoría realista y nacional, se identificará con una praxis necesaria y también nacional.

La adhesión orgánica entre la teoría y la práctica, la justificación de es­ta última para ser más eficiente, y la multiplicación de los programas teóri­cos, que a su vez, también deben ser justificados en la realidad, exige una se­rie de condiciones Objetivas, para comprender la situación y situaciones, descubrir las necesidades, relacionar los factores y elementos ofrecer soluciones.

La función de la teoría no es sólo proporcionar una guía, sino funda­mentalmente educar el juicio, ponderar el razonamiento, procurando mo­delos y proyectos tendientes a evaluar las formas y modos que la acción asu­me en la realidad. Por esta razón, más allá de una coincidencia siempre difícil de lograr, habrá que' esperar una simbiosis de identidad ideológica entre una y otra. Toda praxis sin teoría, cae en la sustitución de valores en la improvisación y en el descontrol. Toda teoría sin práctica, no traspasa los umbrales del idealismo.

En este marco, y en la medida en que el hombre sepa servirse de ella la Geopolítica adquiere una fundamental importancia.

Por ello, el proyecto geopolítico que se pergeñe, ha de llevar implícito desde su origen el resultado del proceso.

En mérito a este planteo, deseamos aportar el compendio de los estu­dios realizados sobre la situación mundial, el proceso histórico y un planteo geopolítico Argentino-Sudamericano, para enfrentar la dinámica disyunti­va. En este sentido, se pretende presentar una concepción proyectiva en el tiempo y el espacio, que permita superar en oportunidad los factores negativos,

los estados críticos y los rumbos desacertados que se hayan emprendido.

La geopolítica es la disciplina que vivifica espacios y se introduce en la dinámica de las mutaciones políticas de los pueblos. La política, privilegian­do la geografía, instrumenta en su beneficio el factor, espacial. La historia de las naciones se ha desarrollado así, en el marco de una situación geopolítica con objetivos permanentes y trascendentes, en marcos coyunturales mutables y a veces contradictorios.

Pretendemos no sólo enmarcar la situación contemporánea, sino, principalmente, orientar sobre una teoría geopolítica al servicio del pueblo hispanoamericano, en particular del Argentino.

No existe la teoría perfecta; en cambio tiene vigencia la idea perfectible. A este concepto nos atenemos.

El presente trabajo no posee carácter técnico, sino que pretende proporcionar los cimientos doctrinarios y metodológicos sobre la problemática que plantea la geopolítica. Está basado en el dialogo interdisciplinario de un equipo de estudiosos, con el que se pretende:


  • Entregar un aporte a la Nación para afirmar el desarrollo, de nuestra personalidad, identidad cultural y política, y nuestra soberanía económica, teniendo como fin primordial la vertebración nacional.

  • Testificar sobre la imperiosa necesidad de robustecer nuestras fronteras, integrar nuestro territorio, sus recursos Y sus hombres.

  • Propender además a la conformación de la añorada "Patria Grande", sobre la base de las integraciones nacionales en el continente Hispanoamericano.

  • Especificar el rechazo categórico de toda ideología "internacionalista", sea el liberalismo capitalista o el marxismo-leninismo, o un "chauvinismo" malsano, atípico y antihistórico.

  • Determinar una clara conciencia geopolítica, que advierta sobre los ene­migos históricos, las potencias hegemónicas, los Estados subimperiales que comparten con las primeras, el plan de expansión y dominio.

  • Establecer en el mundo desarrollado, la actitud viable y lógica de los pueblos dependientes y colonizados, en mérito a la constante búsqueda de una creciente autodeterminación.

  • Concretar como objetivo lógico y viable, la imprescindible unidad regional y continental.

El carácter fagocitador del proceso, deja siempre el menor margen de error posible. Muchas veces se confunde el límite de la lucha por el desarrollo y la supervivencia, del avance con el retroceso, de la integración con la disgregación.

El mayor peligro lo sufren los pueblos sin la suficiente identidad, carentes de conciencia nacional, faltos de grandeza para la lucha, Ignorantes de las realidades geopolíticas, inseminados por una perniciosa transculturación y penetrados por intereses económicos extraños.

El marco apocalíptico de la situación pone a prueba las virtudes de los pueblos y de sus dirigentes.

El día de América ha llegado para emerger como faro en las tinieblas o para apagarse sumergida por "los intereses extraños a su seno.

La hora de la Argentina es hoy, para ser vanguardia valerosa por la autodeterminación o subyacer intrascendente, prisionera de los vaivenes orbitales en un mundo en acelerado proceso de transformación, inevitable e irrefutable.

EL AUTOR



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