Dimension etica de la educacion cubana en la


Acercamiento progresivo del contenido clasista y humano univer­sal en la moral



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Acercamiento progresivo del contenido clasista y humano univer­sal en la moral. Esta se expresa como una tendencia en la orientación hacia el logro de los valores morales humanos universales. Esta regularidad tiene su fuente objetiva en el proceso de las luchas de clases como fuerza motriz del desarrollo histórico de la humanidad.




  • Papel creciente del factor moral en la sociedad. Es manifestación de una parte importante dentro de la ley general del papel creciente del factor subjetivo, en el devenir histórico de la sociedad.




  • La moral actúa como factor de perfeccionamiento de la personali­dad. Dada las especificidades del reflejo moral de la realidad, en su contenido cognitivo - valorativo, se destaca el carácter deontologizador e idealizador de la conciencia moral, cuya dialéctica expresada en la tríada gnoseológica del ser moral, el deber ser y el ideal moral, es movida por el espíritu crítico y autocrítico, como otro rasgo característico de este reflejo, dada la insatisfacción que permanentemente los individuos sienten por los niveles de moralidad alcanzada, siendo orientados en su actividad moral en la búsqueda del perfeccionamiento humano y el logro de determinadas virtudes y valores personales cada vez más elevados.




  • Incremento de la educación moral. Toda reproducción de un sistema moral social e incluso el cambio de uno por otro, tiene en su base el proceso constante de la educación moral, que se desarrolla por vía de la educación indirecta, espontánea, a través del sistema de influencias sociales o por la vía de la educación directa, por medio de las instituciones destinadas y las personas preparadas con este fin, de forma prevista y orientada. El incremento de la educación moral en el seno de la socieded tiene su fuente objetiva en el desarrollo gradual de las fuerzas productivas, la ciencia y la técnica en el desarrollo histórico de la humanidad.


2.2 - Indicadores del Progreso Moral
Expresa el grado de profundidad y amplitud de manifestación de la moral en la sociedad, desempeña un papel cognoscitivo e informativo al revelar lo cualitativo y los rasgos característicos de la moral, en un período determinado del desarrollo histórico concreto de la sociedad.


  1. Aumento de las posibilidades de la moral para influir positi­vamente en el proceso de liberación social y perfeccionamiento espiritual del individuo como sujeto moral.




  1. Ampliación de la esfera de aplicación moral en la vida social como regulador.




  1. Perfeccionamiento de las estructuras y funciones de la con­ciencia moral, social e individual.




  1. Aumento de las posibilidades objetivas y capacidades subjeti­vas de la elección moral cada vez más libre, en la formación de personas autodeterminadas.




  1. Desarrollo de la teoría ética.




  1. Aumento de las posibilidades y condiciones de la moral en su función educativa.




  1. Ampliación y desarrollo de la moral de las profesiones.




  1. Elaboración de códigos de ética profesionales.




  1. Aumento del papel valorativo de la moral ante el avance de la ciencia, la técnica y problemas globales del mundo contempo­ráneo, que orienten actitudes transformadoras.

La formulación general de estos indicadores elaborados por el autor marxista A. I. Titarenko, posibilita analizar y valorar las proyecciones ideológicas del pensamiento y las actitudes de los individuos, grupos, sectores o clases, dentro de la esfera de la moral en diferentes momentos históricos concretos del desarrollo de una sociedad, lo que resulta más apropiado para el estudio de la moralidad histórica, a diferencia de otros indicadores más específicos válidos sólo para caracterizar los rasgos del Progreso Moral en un tipo determinado de sociedad.


El enfoque metodológico del Progreso Moral en el estudio del proceso histórico cubano, permite adentrarnos en el contenido del factor moral, sobre la base de encontrar el justo lugar que ha tenido la moral dentro de determinados períodos y en la trama de ciertos acontecimientos históricos significativos.


2. 3 MORALIDAD HISTÓRICA Y VALORES EN LA SOCIEDAD CUBANA. PREMISAS DE LA EUCACIÓN MORAL Y CIUDADANA.
Dra. nancy Chacón Arteaga
CUBA BAJO LA DOMINACION COLONIAL ESPAÑOLA, 1820 - 1898.
ANTECEDENTES:
En la Cuba del siglo XV y principios del XVI, es reconocido por historiadores y observadores de la época, así como por arqueólo­gos, antropólogos, etnólogos e historiadores cubanos, la existen­cia de pobladores aborígenes, que con ciertas diferencias en el estatus de su desarrollo, se asentaban en diferentes zonas de la isla, principalmente en la región oriental.
Por su aspecto y la forma de organización social de sus comuni­dades, los indocubanos se encontraban en el nivel del paleolítico superior correspondiente al homo sapiens, procedentes de un mismo tronco etnolinguístico, de la familia de los araucas, emigrados de la América del Sur, de la zona del río Orinoco de la actual región de Venezuela.
Los siboneyes pre agroalfareros y los taínos con una cultura agroalfarera, se comunicaban entre sí con un lenguaje común, y no se reconoce la existencia de formas de explotación en sus relaciones.
Los indocubanos habitaban en bohíos formando caseríos o aldeas, distantes unas de otras, en su organización social, basada en la forma gentilicio tribal de la familia, tenía un carácter matri­lineal en su tránsito a lo patriarcal. El incesto era prohibido y sancionado en sus costumbres y normas morales, los enlaces matri­moniales aún relativos, debían hacerse entre miembros de diferen­tes familias, fuera de la comunidad o aldea.
Las condiciones de su producción y economía que quizás aportaba algún excedente de producción, determinaba la propia forma de su organización en la cual era predominante el significado de la colectividad, en relación con el individuo aislado o de una familia en específico, de esta forma el principal esfuerzo de la colectividad económica que desplegaban estaba encaminado a la búsqueda común del sustento colectivo y a su distribución equitativa según las necesidades, como un elemental sentido de la justicia.
En corres­pondencia con esto, existía una división social no sólo en el trabajo, sino en la estructura jerárquica de la comunidad según las funciones, dentro de la que se encuentra el cacique o jefe del grupo, el behique o sacerdote y el consejo de ancianos, entre los cuales se compartía la autoridad y a los que todos debían respeto y obediencia.
El cacique era el máximo responsable de salvaguardar los derechos y deberes del colectivo, dirigía las acciones productivas, distri­buía los bienes de consumo e interfería en los problemas que pudieran surgir en las relaciones personales, dirigía las fiestas y cultos religiosos.
Este tipo de organización no política de los indocubanos, se erigía sobre la base de una regulación a partir de los elementos sincréticos que conformaban la conciencia de estos aborígenes, dados en una fuerte fusión entre los elementos de la religión y el arte, penetrados por la moral, lo que en su conjunto se manifestaba en las expresiones religioso artísticas, de sus ritos, cultos y arte rupestre, así como en sus normas y cos­tumbres, todo coherentemente armónico como sus condiciones mate­riales de vida.
Lo que nos permite caracterizar a la moral de los indocubanos, como una forma temprana o inicial de su manifestación, aunque fundamental para la regulación de la convivencia de estos grupos humanos.
El sentido del bien y el mal, la justicia, el distribuir o compartir entre todos los bienes que se disponen, el respeto y obediencia según funciones y jerarquía de los miembros de la tribu, el sentido de dignidad en cuanto a la consideración y estima de cada uno según su posición (división natural y social del trabajo), el sentido de pertenencia y fidelidad al grupo consanguíneo, los deberes y responsabilidades a asumir por cada uno y ante su grupo, entre otras, son representaciones morales que subyacen en las costumbres y normas que encauzan la forma de organización y dirección de los procesos de la actividad económica y de la vida cotidiana de este tipo de comunidad.
2. 3. 1. LA COLONIA
Con la irrupción de Cristobal Colón después de la llegada a la mayor de las Antillas en 1492, y con el proceso de iniciación de la conquista, puede decirse que los indocubanos fueron capaces de convertir su pacífico espíritu y benevolente carácter, en una actitud de resistencia, que sin tradición o antecedente alguno asumieron, desprovistos de armamentos para su defensa, de una estrategia y organización, que tuvieron que improvisar, a partir del arribo del indio Hatuey que huía de Santo Domingo, y que alertara a los indocubanos de lo que les esperaba con la entrada de los "extraños seres", los españoles, a estas tierras.
Los conquista­dores españoles realizaron la represión para pacificar la resistencia que ofrecieron los indocubanos, en ello, el indio Hatuey fue capturado y quemado vivo en la hoguera para purificar su alma.
Cuenta la anécdota histórica, que ante el ofrecimiento de los españoles de la posibilidad de hacerse cristiano antes de morir y que su alma se elevara al cielo, Hatuey rechazó esta propuesta para no tener que encontrarse nunca más con los conquistadores españo­les, lo que apunta hacia un sentido moral de rebeldía y de dignidad humana, cuando se trata de la imposición oprobiosa del poder de unos hombres sobre otros, desde la perspectiva de sus condiciones de vida.
Sofocada la resistencia en la zona oriental, después de dos años, en 1512 Diego Velázquez funda la primera villa en la región cono­cida hoy por Baracoa.
En la isla el inhumano sistema de encomienda a que fueron someti­dos los indocubanos, trocado en una esclavitud de trabajo forzado, condujo al exterminio masivo de los aborígenes, sustituídos por los negros arrancados de Africa y traídos como esclavos a tierras cubanas. A fines del siglo XVI, nace la industria azucarera en Cuba, provocando la elevación de la entrada de esclavos africa­nos.
La moralidad que impera en la isla es la que traen los conquista­dores y colonizadores españoles, que refrendaba los desmanes y desafueros del vil sistema esclavista de explotación, y el senti­miento de desarraigo, penalidades e ignominiosa vida de los negros del barracón.
Durante la primera etapa de la Cuba Colonial que tiene la luz hacia 1515, y abarca los siglos XVI y XVII, hasta finales del siglo XVIII, se lleva a cabo un proceso gradual de formación de lo criollo, como resultado de la transculturación(1) y el mestizaje que se produce entre los elementos étnicos, lingüístico y sociocultura­les, principalmente entre lo español, lo indio y lo negro, que arroja una descendencia en suelo cubano, con determinadas caracte­rísticas propias, aunque todavía algunos se sintieran aún españoles, y otros asumieran como una obligación su obe­diencia al gobierno del régimen colonial español.
Esto evidencia el hecho de que aún no existía del todo la formación del sentido de pertenencia al suelo común, ni sus aspiraciones eran lo sufi­cientemente fuertes para que los uniera entre sí frente a España, y se distinguieran como una comunidad con una identidad propia con res­pecto a ésta, por lo que aún no se había fraguado la nueva nacio­nalidad, sin embargo, ya existían elementos pasos para la consecución ulterior de este proceso.
En la segunda mitad del siglo XVI, existían en Cuba nueve villas (Baracoa 1512, Bayamo 1513, Trinidad 1514, Sancti Spíritus, San Cristóbal   La Habana   , Puerto Príncipe y Santiago de Cuba 1515, 2da. mitad del siglo XVI Guanabacoa y Remedios), en ellas existía un desarrollo desigual, centrando España su atención en La Habana, la cual fortificó para protegerla de los ataques de corsarios y piratas, así como garantizó el paso lo más seguro posible del sistema de flotas creado a tales efectos. Esto repercute en el lento desarrollo cultural en el interior de las villas de la Isla, y en la corrupción y desmoralización que caracterizó a la villa habanera, hecho al que se refiere el historiador Sergio Aguirre:
"Los integrantes de las flotas bajaban a tierra y no tenían nada en que ocuparse. Generalmente pasaban el tiempo jugando, bebiendo o faltando el respeto a las mujeres. Se establecieron prácticas de indisciplinas y las peleas resultaban frecuentísimas, con dramá­ticas consecuencias, a veces de muertos y heridos. Por otra parte, hombres y mujeres del mal vivir que venían en las naves se oculta­ban para no continuar viaje a España, a veces eran delincuentes castigados que escapaban al campo y se convertían en preocupación para las autoridades de la Isla.
Pronto La Habana del siglo XVI tuvo una fama malísima. La de ser uno de los puertos del planeta con más desenfrenada corrupción moral."(2)
Durante todo el siglo XVII y primera mitad del XVIII, aunque de forma lenta, se produce una evolución económica a través del contrabando, oportunidades de comercio legal con los franceses, y se mantenían las esferas de la producción del tabaco, el azúcar y la cría de ganado.
De 1700 a 1762, existe un alumbramiento en la cultura sobre todo en La Habana, aparecen escuelas primarias y de enseñanza supe­rior, se introdujo la imprenta (1723), y surgen los primeros poetas criollos. Este impulso se aceleró posterior a la Toma de La Habana por los Ingleses (1762 63), y los beneficios que trajeron el dominio del Rey Carlos III en España y su política del "Despo­tismo Ilustrado", repercutiendo en la Isla con reformas progresistas que posibi­litaron un florecimiento cultural.
Es necesario destacar, que la resistencia ofrecida a los ingleses, ante el ataque sorpresivo a la Habana, estuvo protagonizada por los nacidos en la isla, que dieron las primeras muestras de un sentimiento nacional, en la solidaridad y dignidad desplegada, en la actitud de defender el suelo común, destacándose actitudes como la del alcalde de Guanabacoa, José Antonio Gómez (Pepe Antonio), que dirigió las milicias de campesinos en una ejemplar resistencia, ante el retiro del frente del coronel español designado para impedir el desembarco de las tropas inglesas.
Otro ejemplo de esta actitud asumida por los criollos, es la del coronel Ruiz de Aguiar, el que ofreció fuerte resistencia y se negó a firmar la capitulación para intentar recuperar el territorio ocupado por los invasores.
A este momento significativo, le antecedieron los reiterados ataques de que fue objeto la Isla durante los siglos XVI, XVII y XVIII, por las furezas navales de los países que entraban en guerra contra España, así como los constantes ataques de corsarios y piratas, que provocaban una reacción de unión entre los pobladores de los diferentes territorios de la Isla para defenderse y resistir; este proceso tuvo su gradual aporte a la formación de un sentimiento y de una conciencia nacional.
Otros acontecimientos internacionales repercutieron favorablemente en esta etapa, tales como la Revolución de Independencia de las trece colonias de Norteamérica, la Revolución Industrial Inglesa y la Revolución Francesa.
Este contexto socioeconómico y cultural, incide en el proceso de conformación de la cubanía, y del sentimiento de pertenencia y arraigo de los nacidos en la isla, aunque con dife­rentes matices según la posición objetiva social y de clase, todo lo que redunda en la formación de sentimientos morales, inherentes a este grupo que comienza a tener una conciencia de la cubanía como nacionalidad, lo cual se proyectará a partir de la manifesta­ción de las corrientes ideológicas de finales del siglo XVIII (1790), y primera mitad del siglo XIX.
Cabe señalar las palabras del Dr. Don Fernando Ortiz en la evaluación de este complejo proceso:

"Los negros debieron sentir, no con más intensidad pero quizás



más pronto que los blancos, la emoción y la conciencia de la cubanía. Fueron muy raros los casos de retorno de negros al Africa. El negro africano tuvo que perder muy pronto la esperanza de volver a sus lares y en su nostalgia no pudo pensar en una repatriación como retiro al acabar la vida. El negro criollo jamás pensó en ser sino cubano. El blanco poblador, en cambio aún antes de arribar a Cuba, ya pensaba en su regreso, si vino fue para regresar rico quizás ennoblecido por gracia real. El mismo blanco criollo tenía por sus padres y familiares conexiones con la península y se sintió por mucho tiempo ligado a ellos como un español insular”.(3)
La cubanía se fue gestando, entre los criollos negros, mulatos y blancos sin fortuna, entre los que se conformó una conciencia que se expresará en un sentido de arraigo al suelo común que los viera nacer, así como en la voluntad de hacerse distinguir y reconocer como cubanos, sobre todo ante lo español.
Este proceso raigal de la nacionalidad, desde adentro y abajo de la población criolla, tuvo la incidencia de los factores económicos y socioculturales, que condicionaron la conformación gradual de la conciencia nacional, la cual tuvo su momento importante de concreción, en la medida en que los hacendados criollos, pudieron delimitar y expresar, sus intereses económicos, sociales y políticos frente a España, bajo las influencias ideológicas progresistas de las luchas de independencia en América Latina, la independencia de Norte América y la Revolución Francesa.
Sólo hasta estos momentos no puede hablarse consecuentemente de una moralidad, también nueva que se proyectará, no solo en las costumbres y normas practicables en los hábitos de las nacientes familias cubanas, sino en las representaciones del Deber Ser que contribuyen al impulso del proceso de transformaciones y nacimien­to de lo cubano, así como las representaciones de un ideal moral social de lo cubano, que orienta la proyección de un pensamiento ético filosófico, que se desarrolla en la época colonial cubana a finales del siglo XVIII e inicios del XIX.
En la tendencia progresiva de la moral se destaca,la sistematización de un pensamiento ético referido a la liberación nacional cubana del siglo XIX, al decir del autor cubano Armando Chávez Antúnez, proyectada en la tendencia más revolucionaria que delinearon las figuras del Padre José A. Caballero (1762   1835), el padre Félix Varela (1787   1853), de José de la Luz y Caballero (1800   1862) y de José Martí (1853   1895).
En la obra (pensamiento y acción) de los representantes de la ilustración cubana del siglo XIX, se formularon los conceptos esenciales que expresaban el proceso de conformación de la nacionalidad como cubanía, y de formación gradual de la conciencia nacional cubana. Los valores contenidos en estos conceptos, expresaban los intereses ideológicos de carácter político y moral, aunque estuvieran expresados desde las posiciones de una concepción ya sea religiosa, filosófica o estético artística.
Dentro de estos valores se destacan el sentido de la patria y el patriotismo, el amor a la independencia de Cuba y a la soberanía, la justicia social y la unidad nacional, los que se alzaron como ideales sociales enarbolados en la necesaria y justa contienda bélica contra la dominación española, donde se comenzará a fraguar el proyecto revolucionario cubano.
El contenido moral de los valores que conforman la nacionalidad y la conciencia nacional, lo aportaron valores esenciales tales como : la dignidad humana, en su sentido universal, nacional y personal, la intolerancia e intransigencia ante la dominación española y la solidaridad humana, en el sentido de la necesaria cohesión entre individuos y grupos de diferentes sectores y clases, para la lucha por el logro de tales ideales.
Esta trilogía de valores morales, esta asociada a un conjunto dentro de los cuales, el deber moral ocupa un lugar jerárquico, al expresar el imperativo histórico de subordinar el interés individual al interés social de la patria, de la nación cubana, en la lucha afanosa de los cubanos, por su reconocimiento y validez, ante España y el mundo, esto requería de virtudes tales como el sacrificio personal, el altruísmo, la capacidad de resistir en condiciones muy adversas y precarias entre otras.
Esta tendencia progresiva y revolucionaria de la moral, se abrió paso en lucha contra las posiciones conservadoras y hasta reaccionarias como el caso del anexionismo y el autonomismo tardío en vísperas del estallido de la gesta independentista de 1868.
En 1819 aparece la formulación del sentido de la Patria y el sentimiento del Patriotismo, en la obra de Félix Varela "Misce­lánea Filosófica".Sus artículos publicados desde el exilio en Estados Unidos, en el papel político, científico y literario, “El Habanero”, fundado por él desde 1824-1825, constituyeron un aporte esencial a la formación del espíritu nacional y al compromiso moral de los buenos y verdaderos cubanos por hacer realidad la voluntad de la independencia de Cuba, con una revolución que le competía al propio esfuerzo de los cubanos.
Para ello era necesario renunciar al arraigo a los calculadores intereses económicos y a las riquezas acumuladas por unos cuantos cubanos, rechazando enérgicamente las posiciones conservadoras, que se trocaban en reaccionarias y en freno de la auténtica posición revolucionaria ante el problema nacional. Sus Cartas a Elpidio, en 1835-1838, fueron el legado de su pensamiento hacia las nuevas generaciones de cubanos, con la esperanza de que asumieran un compromiso moral ante la revolución cubana por la independencia y prosperidad de la patria.

La “Polémica Filosófica”, desarrollada en torno a la “Ideología, Moral Religiosa y Moral Utilitaria”, de 1838-1840, presidida por José de la Luz y Caballero y otros destacados filósofos cubanos de la época, marcó un importante hito en las pautas de las concepciones éticas y de las normas y costumbres morales.


En ella se esclareció el sentido en que los pensadores cubanos, asimilaban las ideas éticas del utilitarismo y el interés bien entendido, de la ilustración francesa del siglo XVIII, al considerar el deber, como principio de toda moral, despojado de su carácter general abstracto, en la medida en que se conjuga con el principio de la utilidad, despojado a su vez, de todo cálculo frío de las acciones y vileza en las intenciones morales de los operantes.
El deber moral se consideraba por los defensores del principio utilitario, estrechamente unido al sentido de la justicia, al bienestar social, y la felicidad, en la medida en que un hecho o acción, representara un bien, sobre la base de la utilidad y beneficio común.
Esta posición progresista de los filósofos cubanos, respecto al entendimiento del principio utilitario y su vinculación con el principio del deber en la moral, sí tenía en cuenta la correlación entre el fin y la selección de los medios para su realización, así como las intenciones que mueven las acciones de los individuos, para catalogarlas como buenas o malas, justas e injustas; de esta forma el deber moral, no solo se entendía como deontología, sino como una forma práctica y objetiva para la observancia de las acciones humanas en el terreno de la moral, donde lo racional y emocional confluyen.
Esta polémica arrojó luz sobre el contenido de los valores del deber, la justicia y la felicidad, en su orientación hacia la prosperidad de la patria y el perfeccionamiento del individuo, a su vez contribuyó a conformar las representaciones del deber ser y el ideal moral, para el accionar educativo y las normas morales de la época.
Dentro de las cualidades morales que se promovían en la formación de los jóvenes que realizaban estudios, se encontraban, la conciencia de los deberes y compromisos para enaltecer a la patria y corresponder a sus elevadas exigencias, la decencia y urbanidad en la compostura y el porte, el decoro y la honradez en las acciones, el desempeño unido de la sabiduría y la limpieza moral de los corazones, en favor de la verdad y la justicia.
Esta concepción, no quedó en la proyección ideal de la época, sino que se realizó como parte del ser moral, en la formación de una generación de jóvenes, discípulos de José de la Luz, que ante el estallido de la lucha independentista de 1868, se unieron a la causa, engrosando muchos de ellos las filas del ejército mambí.
El tratamiento más elevado y maduro que tuvo la concepción de la Patria y el Patriotismo, lo encontramos en la obra de José Martí, desde su primera pieza de teatro “Abdala” escrita a los 16 años, hasta su definición en el artículo “La República española ante la Revolución Cubana”, escrita en 1873, esto está unido coherentemente a la concepción de la Independencia de Cuba y a la elaboración de una estrategia para la organi­zación y dirección del obrar y de la voluntad de los cubanos, para encauzar el logro de la misma, que se concretó en la concepción que animó la creación del Partido Revolucionario Cubano en 1892, como elemento central dentro del proyecto martiano.
El contenido moral de este proyecto se asentaba en los valores de la dignidad plena del hombre, como el primer bien, como la ley de leyes que concibió, y que debía regir en la futura República independiente, considerando la igualdad y valor de los hombres como única raza humana, merecedora de una consideración y respeto, sobretodo, a partir de sus actitudes ante el mundo, diferenciándose los que aman y construyen, de los que odian y destruyen.
Esta dimensión del hombre, bajo la perspectiva del humanismo martiano, asocia entre sí a los valores de la libertad humana, el decoro, la honradez y la honestidad, el antirracismo y la justicia social, concretadas en acciones que se orientan hacia el deber, ante todas las obligaciones que el hombre y la mujer contraen en sus vidas para ser cultos, trabajadores, buen padre o madre de familia, amistosos, pero en primer orden, ante la Patria.
La proyección del pensamiento cubano revolucionario del pasado siglo XIX,estuvo dirigida hacia la finalidad de incidir en la transformación de una enseñanza escolástica a una enseñanza científica, y de transformar las condiciones socioeconómicas y políticas del statu quo de colonia, al de liberación e independencia, justicia social y dignidad humana.
Todo lo anterior apunta hacia la ampliación del papel de la moral en las diferentes esferas de la realidad de la Cuba colonial, como elemento regulador, orientador y valorativo, de acciones de compromiso con la realidad histórica y de lucha constante por la realización de tales valores. Estos indicadores progresivos se abrieron paso a través de los males morales que engendraba el sistema colonial español en la socie­dad cubana.
El estado de ilegalidad que se daba en los comercios habaneros, por la afluencia de

barcos mercantes que entraban y salían en el puerto habanero, casas en las que se

establecía todo tipo de ventas y compras, juegos y fiestas, que fueron objeto de

prohibiciones por el gobernador general de la Isla, y que más de una vez fuera

burlado, entronizándose la costumbre de obrar fuera de la legalidad, o tomando la

legalidad muy poco en serio.


A este fenómeno está asociado la indisciplina, como un mal que en sus raíces más

Históricas encuentra el rechazo a una férrea disciplina colonial impuesta, que

limitaba y laceraba las libertades del cubano, y que como tal reclamaban y sentían el derecho

de poder disfrutar.


Por otra parte en el sentido laboral de la disciplina referida al caso de los cubanos libres que trabajaban para el colonizador espa­ñol, se establecía una relación paternalista patrón trabajador, donde los límites de la disciplina eran movibles, dándole un grado de relatividad a la concepción de la disciplina, en la que el cubano a su vez generaba la manera de utilizar y aprove­char para sí todo tipo de ventaja u oportunidad que esta rela­ción pudiera ofrecerle.
En relación con el problema laboral no dejaron de estar presente los males, que en una sociedad colonizada sobre la base del trabajo esclavo, trajera consigo una concepción tergiversada acerca del verdadero lugar y papel que el trabajo tiene en la vida del hombre y por consiguiente se desarrolló una actitud hostil y de rechazo a la actividad laboral.
En el análisis de la obra de José A. Saco sobre las memorias de la vagancia en Cuba,(4) escrita en 1830 y publicada en 1832, entre otras, deja al descubierto entre líneas una denuncia a la situación del régimen colonial español, en el orden de lo so­cial, de la educación y del sistema político, aún con la lógica de su enfoque y posiciones asumidas en la época, que aunque no formara parte de la línea del pensamiento revolucionario que se proyectara en el siglo XIX, aportó una caracterización lo más fiel posible de los males morales, vicios y corrupción, que se vivía en la Isla.
Saco exigió en ese trabajo "medidas practica­bles", algunas de las cuales convergían en el desempeño de la educación, coincidente con la posición del filósofo y pedagogo José de la Luz y Caballero, coetáneo y amigo de Saco. Ambos tenían la fe y la confianza de que en que en el papel de la educación se encontraba una de las armas y vías certeras de contrarrestar los vicios e imperfec­ciones morales de la realidad colonial cubana de entonces.
En esta obra Saco hace una reflexión sobre la concepción del trabajo, viendo la causa fundamental de la vagancia en los juegos de la época que señala como un vicio o mal pernicioso que arruina a la familia, y que conduce a múltiples calamidades y penalidades, y constituye un mal ejemplo y una influencia negativa en la educación de los hijos en dicho seno familiar.
"El trabajo  dice Saco  es una virtud que solamente se practica, o por el placer que experimenta el espíritu, o por los recursos que proporciona para satisfacer las necesidades de la vida.....
El artesano y el jornalero que empiezan su tarea desde que raya el día, y sufriendo privaciones y angustias, no las acaban hasta que se pone el sol, no pueden continuar un género de vida tan trabajoso, sino instigados del hambre y desnudez. Así es que siempre están dispuestos a trocar su condición presente por otra que a sus ojos sea más fácil y llevadera.
¿ Y no es bastante seductora la del juego de lotería ?, la idea sola de que divertidos, y sin exponerse a ninguna pena legal, pueden ganar diez o veinte pesos en el corto espacio de cinco minutos, es suficiente para entibiar en unos el amor al trabajo, e inspirar a otros el odio a esta virtud".(5)
Queda explícito, en estas palabras en qué medida las condiciones del trabajo explotador, enajenado y que encierra además las profundas huellas de las diferencias sociales, discriminaciones e injusticias entre los individuos, generan posiciones morales negativas ante el trabajo.
Siendo un hombre de su época marcado por las propias limita­ciones y los defectos engendrados por la sociedad colonial en que le tocó vivir, sin poder superarlas, Saco se proyec­ta en su discurso con una posición racista que lo caracterizaba a pesar del profundo sentimiento patriótico que lo animaban en su producción intelectual, achacándole a la "infeliz" raza negra importada a nuestro suelo, el haber traído consigo grandes males, dentro de ellos, el hecho de alejar a la población blanca de las artes (entiéndase los oficios propios del trabajo manual y físico), la cual se destinaba a los negros esclavos, por lo que eran trabajos mal vistos y rechazados por una parte importante de la sociedad, menospreciados y subvalorados como "ocupa­ciones degradantes", que Saco consideró como un extravío funesto de las ideas de nuestra sociedad, pues reconoce que estos ofi­cios son el más firme apoyo de todos los Estados en el mundo.
Por otra parte Saco ratifica en vano los esfuerzos por encauzar esta situación en el propio sistema colonial, a partir de la promulgación de leyes protectoras de la industria, ennobleciendo las artes, las que no lograron romper las trabas mentales que al respecto estaban arraigadas en la escala de valores morales vigentes en la época. De esta forma José A. Saco proclamó una revolución en las ideas, apelando a la familia como vía gestora de su influencia educadora en los hijos.
"Los padres de familias deben ser los principalmente encargados de ello, pues las lecciones que dan a sus hijos en la niñez, son casi siempre la norma de la conducta de éstos. Sé muy bien, que el mal que nos aflige depende en gran parte de la educación doméstica, y así parecerá una contradicción, que yo vaya a buscar el remedio a las mismas fuentes de donde nace la enferme­dad."(6)
Sin embargo, Saco estaba convencido de que los resultados de las primeras acciones atraerían tras la fuerza del ejemplo la gene­ralización de una nueva actuación y formas de concebir el pro­blema de la actitud laboral ante las diversas artes del trabajo manual.
Sin acudir al camino más radical del independentismo como vía de encontrar a su vez una solución al problema social, Saco apeló a la reforma, y a la forma de instrumentar las medidas propuestas, aplicando la autoridad de las leyes pero con la cautela debida para que "no se diga que atropella la libertad individual" de los vagos compelidos a optar por alguna profesión que escogerán consecuentemente de forma voluntaria.

Para esta ejecutoria, se propone la realización de censos por hombres públicamente reco­nocidos como confiables por su honestidad y honradez en las diferentes localidades, ayudados, por los vecinos, a identificar a los vagos y ociosos como potenciales viciosos y delictivos de la sociedad.


Esto no era suficiente si no se acompaña de otras medidas encami­nadas a hacer prevalecer la virtud, el ennoblecimiento moral y cultural de las personas por sobre los males, vicios y degradación que se respiraban en la Cuba colonial.
Estos elementos denotan de la existencia de un enjui­ciamiento ético de la realidad social a la luz del deber ser y de un ideal moral social, que aunque en la década del 30 del pasado siglo XIX, aún no estaba nítidamente conformado, dado el gradual proceso de formación de la conciencia nacional cubana, sí contaba con los atisbos del sentimiento de los criollos que tendían a identificarse como cubanos.
Con el estallido y desarrollo de la gesta independentista en el período 1868   1878, el progreso moral se fortalece con las posiciones valientes y heróicas de los patriotas mambises, generándose una capacidad de resistencia y una voluntad firme, de luchar en condiciones desfavorables respecto a la superioridad militar y económica del ejército español, que hacía crecerse a las fuerzas mambisas en el arrojo, la temeridad y la estrategia militar, apoyados en una gran fuerza moral.
En este período se da un paso gradual de avance en la profundi­zación de las concepciones y posiciones antirracistas de los cubanos, a partir del acto revolucionario del Padre de la Pa­tria, el hacendado criollo, Carlos Manuel de Céspedes, al lanzar el grito de independencia el 10 de Octubre, reuniendo a sus esclavos en su finca La Demajagua, dándole la libertad y exhortándolos a engrosar las filas de la lucha por la independencia de Cuba: La Patria de Todos.
Blancos, Negros y Mulatos, se unieron a lo largo de esta con­tienda, su resultado fue el mayor aporte, al proceso de confor­mación de la conciencia nacional cubana; en el seno de este complejo proceso se fraguaron los símbolos patrios: El himno de Bayamo asumido como nacional, la bandera cubana y el escudo de la Patria.
El altruísmo fue una cualidad moral desarrollada en la contienda bélica de los diez años, expresada en las actitudes desin­teresadas y de desprendimiento que tuvieron los terratenientes y hacendados criollos que entregaron sus fortunas y vieron arrui­nar sus riquezas, puestas a favor de la causa independentista.
La fidelidad a estos ideales cultivaron la lealtad de incontables casos de actitudes de inmolación antes que rendirse o cejar en el empeño.
La solidaridad, fue una exigencia ético humanista que evidencia su presencia en esta gesta, la que cristalizará en la partici­pación de hombres honestos de otras tierras, arrastrados por el convencimiento de la justeza de la causa y sus ideales. Entre los cubanos ésta fue una etapa en que creció la solidaridad en la medida en que se extendieron los territorios en beligerancia. Este espíritu solidario abarcó a la población de las zonas más occidentales que simpatizaban con la lucha independentistas sin ocultarlo y manifestándolo a través de diferentes formas, con mayor repercución en la Habana.
En este período se siembran las raíces del sentimiento de in­transigencia e intolerancia hacia el régimen de dominación colo­nial española, convencidos como dijera Antonio Maceo, el Titán de Bronce que "la libertad no se mendiga, sino se conquista con el filo del machete", lo cual expresa la razón y justeza moral de la lucha insurrecta de los cubanos, generando actitudes de rebeldía y valentía.
No obstante estos elementos señalados, indicadores de la tendencia progresiva de la moral en este signifi­cativo período de auge revolucionario, el carácter prolongado, desvastador y desgastador de esta guerra, unido a causas históri­cas tanto objetivas como subjetivas, trajeron consigo el fracaso de este primer intento de los independentistas cubanos, donde cabe señalar la gradual generalización de la desmoralización del ejército mambí, expresados en males concretos de indisciplina, regionalismo, caudillismo, entre otros, que condujeron en los momentos finales a claudicar con la firma del Pacto del Zanjón en 1878.
Sin embargo, resulta interesante ver como las potencialidades huma­nas en el acervo de la moral, como una fuerza movilizadora y orien­tadora tendiente al bien, al deber, al honor y a la dignidad del hombre en cada circunstancia epocal, conflicto o dilema, personal o histórico, es capaz de indicar el camino alternativo, como búsqueda y salida en los momentos de caos y crisis donde la degradación moral se regodea.

El Pacto del Zanjón tuvo su antítesis o contrapartida en la Pro­testa de Baraguá, que fue un destello de luz que alumbrara el itinerario de la continuidad de la lucha, como expresión de la tenacidad y fidelidad de los cubanos comprometidos con los ideales de independencia nacional y social.


El General Antonio Maceo, protagonista de tan significativo momento histórico, representó el sentido más auténtico del honor y la dignidad de los cubanos y de la Patria; Maceo dio la dimensión necesaria en el justo momento al valor moral de la rebeldía e intransigencia revolucionaria del cubano, forjada al calor de esta lucha.
El historiador Elías Entralgo , aporta algunas interesantes valo­raciones que es conveniente tener en cuenta acerca del sentido revolucionario de la protesta de Baraguá:
"Uno de los rasgos psíquicos y éticos más acusados y permanentes de Maceo fue el de haber sabido distinguir la indisciplina de la rebeldía. La indisciplina es disociación; la rebeldía obra en nombre de una mejor asociación. La indisciplina siempre obedece a causas pequeñas, en tanto que la rebeldía casi siempre culmina en acto de grandeza". (7)
La Protesta de Baraguá, dio vida a la tendencia revolucionaria del progreso moral, que se abría paso en condiciones adversas, de fracaso de la guerra, y de sentimiento de frustración e incertidumbre.
"El le imprimió   nos dice Elías Entralgo   sentido revolucionario a la página de Baraguá desde su más primigenia decisión. Le aus­cultó a la Revolución los latidos, y creyó, con fé ardiente, que el status porque atravesaba no era una decadencia, sino una cri­sis. De otras como aquella se había salvado el empeño bélico iniciado en la Demajagua diez años atrás".(8)
En la memoria histórica del pueblo cubano, el momento de la Pro­testa de Baraguá, mantiene una vigencia permanente no sólo por el simbolismo patriótico de su contenido, sino por la objetividad

conque revela las posiciones de las fuerzas revolucionarias cubanas ante el problema de lo nacional, así como el papel estimulador y movilizador de la moral, en la asunción de actitudes de compromiso con la realidad social y los imperativos históricos.


En este trabajo citado, Elías Entralgo enjuicia críticamente los males de la realidad de la República Neocolonial a la altura de la década del 40 del siglo XX en que realizara esta sentida oratoria.
La etapa posterior a la guerra fue ganada por el renacimiento de las posiciones reaccionarias autonomistas, la moral se arraigaba cada vez más en las costumbres cotidianas de las familias, empo­brecidas aún más y en un número mayor a consecuencia de la guerra; los males de la colonia se acentuaron.
El espíritu de la Revolución no se dejó morir, estaba latente, y obraba en silencio, para resurgir con nuevos bríos en una etapa cualitativamente superior, como resultado de la tregua fecunda a partir del estallido de la gesta independentista de 1895, bajo la organización y dirección del delegado del Partido Revolucionario Cubano, José Martí, con un nuevo proyecto que diera continuidad al programa del 68 en cuanto a la Independencia de Cuba y la aboli­ción de la esclavitud (decretada su abolición por España en 1886), pero con una nueva previsión en cuanto al proyecto de la futura República.
El proyecto y la estrategia política de Martí, estuvo dotado de un contenido moralizante, sobre la base de la construcción de una ética, que aportó los principios morales que sustentara toda su concepción política para llevar a cabo la nueva empresa revolucionaria, contando con los mecanismos de apelar a la conciencia, el honor y la voluntad de los cubanos.
En esta nueva contienda bélica, la moral, se enriquece con el fortalecimiento y profundización de los valores y cualidades ya forjadas y ahora heredados con la fusión de una veterana generación cargada de experiencias y vivencias de la guerra anterior, y una nueva que bebió en ese caudal, para encami­nar sus pasos por un camino más firme y certero.
El proyecto martiano de la Revolución, tiene un fundamento ético  humanista que lo vertebra, aglutinando todos los valores morales necesarios para poder actuar consecuentemente a la altura de los objetivos propuestos y acometer con inteligencia, dignidad, arrojo y coraje la ejecutoria de la lucha por la Independencia.
José Martí, aporta al progreso de la moral, un pensamiento ético como elemento integrador y fundamento de su coherente proyecto político - social de la Revolución cubana, y de su propia vida.
En esta nueva etapa revolucionaria, el valor moral de la intransi­gencia y la intolerancia ante la dominación colonial española, amplía su proyección con el aporte martiano del antimperialismo, avizora­do como un tigre en acecho listo para saltar sobre la presa con su zarpazo prepotente, en Cuba y en nuestras tierras de América.
El contenido ético humanista del proyecto revolucionario que anima ideológicamente la acción de este nuevo período de la lucha inde­pendentista, se alimenta de su profundo carácter popular y democrá­tico del mismo, reconociéndose el lugar de las masas humildes, desposeídas, trabajadoras y explotadas como las auténticas fuerzas motrices de la revolución, que podrán alzarse redimidas en el culto de los hombres a la dignidad humana a partir de la edificación de una República "con todos y para el bien de todos".
La irrupción en el conflicto de los Estados Unidos, condujo a la negociación de una paz con España, bajo el ignominioso desconocimiento de las reales fuerzas redentoras cubanas del régimen colonial español y de la personalidad de Cuba y de su pueblo. Tal y como sentenciara Cintio Vitier en su ensayo "Ese Sol del Mundo Moral".
"Otra vez parecía triunfar el "imposible", y ahora con más fuerza que nunca. Sobre el país desangrado, arruinado, inerme y solo, en la forzuda o gustosa colaboración de cubanos eminentes, se prepa­raron las condiciones para iniciar la etapa de la "neocolonia", avizorada desde diez años atrás por José Martí, rechazada siempre con idéntica energía por Antonio Maceo.(10)
El camino de la búsqueda del lugar y papel de la moral dentro del contexto histórico cubano, no puede encontrar una certera solución si no se tiene en cuenta la inser­ción de esta problemática ética en el fenómeno de la identidad nacional.
En el concepto de Identidad Nacional Cubana, se expresa el comple­jo proceso histórico en el que se genera la interrelación e interdependencia recíproca de los aspectos socioculturales y de la idio­sincrasia, como resultado de los choques y contradicciones exis­tentes entre los diferentes factores humanos que confluyen y se modifican en suelo cubano, así como factores económicos y políticos, dando lugar a la conformación y des­pliegue de una conciencia nacional.
La Identidad Nacional Cubana emerge sobre la base del proceso de transculturación, en el marco de las contradicciones socioeco­nómicas y políticas de la Cuba colonial; en sus raíces étnicas encontramos una gama de componentes: indígena aborígen, negros africanos, blancos españoles, asiáticos y caribeños, que avalan el profundo mestizaje criollo, que dará paso a lo cubano como una cualidad nueva.
En general este concepto expresa el proceso de conformación de rasgos y particularidades inherentes a la formación de la concien­cia nacional cubana y a la cubanía.
Dado el hecho de que la nacionalidad cubana nace en franca lucha por el reconocimiento de su identidad ante el yugo colonial espa­ñol, la misma ha estado estrechamente vinculada a los ideales políticos de la autodeterminación y soberanía patriótica, avalado por la justicia y el compromiso moral, en la búsqueda de los medios para su conquista y preservación.
Esto presupone una corre­lación entre el fin y los medios, mediatizado por la moral, pre­sente a lo largo de la historia de la Revolución cubana. A su vez esto hace que en la vida espiritual cubana, exista un fuerte vínculo entre política y moral, que se expresa como una regularidad del proceso histórico cubano.
Unido a este análisis se infiere que la comprensión del fenómeno que expresa el concepto de identidad nacional, encierra la idea del automovimiento en el devenir histórico del quehacer revolucio­nario cubano, donde se realiza la autoafirmación y enriquecimiento del contenido de la cubanía en la medida en que la ideología revolucionaria alcanza progresivamente diferentes niveles de am­plitud y profundización, legitimada por la política, la moral y la producción cultural en cada época histórica concreta.
Las condiciones concretas de la realidad cubana en cada período histórico recorrido, han impuesto determinadas exigencias ideológi­cas, políticas y morales, que de forma reiterada el pueblo cubano ha tenido que afrontar, en los diferendos Cuba - Metrópoli Española y Cuba - Imperialismo Yanqui, lo que ha generado el problema de la necesidad de la unidad y la cohesión de los cubanos comprometidos con la causa de la independencia, el patriotismo, el latinoamericanismo y en los momentos actuales del socialismo, ante lo cual no han falta­do las posiciones contrarias que han atentado y puesto en peligro en más de una oportunidad tan elevados empeños.
La interacción de estas encrucijadas históricas o diferendos, en los marcos de una confrontación aguda de lucha política e ideológica, ha arrojado una continuidad en las consignas enarboladas por el pueblo, en cuya esencia se expresa lo común, que integra al proceso revolucionario cubano y como un momento central en él, el fenómeno de la identidad nacional, asociado a la patria y su destino.
En los momentos de contradicciones extremas, este fenómeno es asumido como un conflicto moral entre la vida con dignidad nacional o la muerte en lo personal, si se prescinde de ella. Por esta razón, la lucha por la vida de la nación, de la patria, es al precio más elevado, que puede costar la propia vida personal, tal y como recoge la letra del himno nacional cubano, “morir por la patria es vivir”.
El contenido de estas consignas expresan:
¡LIBERTAD O MUERTE!
¡INDEPENDENCIA O MUERTE!
¡VIVA CUBA LIBRE!
Gritos de batalla de los mambises en las gestas insurrectas.
¡PATRIA O MUERTE!
Grito de lucha por las conquistas revolucionarias de las masas populares, después del 1ro. de Enero de 1959.
¡SOCIALISMO O MUERTE!
Grito de lucha por la defensa de la autodeterminación del camino escogido por y en beneficio de las masas populares, en condiciones de resistencia ante el doble bloqueo y la intensificación de la política imperialista anticubana, que llevó al país a un período especial a partir de 1991.
La autoafirmación de lo cubano, entraña un contenido moral, expresado en la posición de compromiso moral ante el problema nacional, que es el problema de la patria y sus destinos, lo que genera el sentimiento de orgullo y el sentido de permanencia, que se manifiestan en posiciones de arraigo y fidelidad.
El éxodo después del triunfo de la Revolución, ha reunido a una comunidad de emigrados cubanos (asentada mayoritariamente en los Estados Unidos), cuantiosa y heterogénea, que a diferencia de los emigrados del siglo XIX, en los que se apoyara Martí para la preparación de la lucha independentista, adoptan diferentes posiciones; desde los que se inclinan a un acercamiento honesto en función de la reuni­ficación familiar, con actos de solidaridad y respeto a la autodeter­minación y soberanía de Cuba, y que incluso se pronuncian en contra del bloqueo del gobierno Norte Americano, por su esencia inhumana, los que denotan aparente indife­rencia o "neutralidad", hasta los que asumen posiciones abierta­mente anticubanas, ultra reaccionarias, mafiosas o terroristas como enemigos acérrimos de la Revolución, su obra y su pueblo.
En relación con el proceso de identidad nacional, estas actitudes y posiciones no privan al individuo de su condición de cubano en el orden natural, pero en el plano moral y práctico, no contribuyen, ni aportan al proceso de autoafirmación de la Identidad Nacional Cubana.
En este enfoque del análisis coincidimos con el Dr. Don Fernando Ortiz, quien expresara su reflexión en torno al problema de: "Los factores humanos de la cubanidad", en conferencia a estudiantes de la Universidad de La Habana en 1939, donde expresó:
“...Hay cubanos que, aún siéndolos con tales razones, no quieren ser cubanos y hasta se avergüenzan y reniegan de serlo. En estos la cubanidad carece de plenitud, está cas­trada.
...son precisas también la conciencia de ser cubanos y la voluntad de quererlo ser. ...esa plenitud de identificación consciente y ética de lo cubano.
Pienso que para nosotros los cubanos nos habría de convenir la distribución de la cubanidad, condición genérica de cubano, y la cubanía, cubanidad plena, sentida, consciente y deseada; cubanidad responsable, cubanidad con las tres virtudes teologales, de fé, esperanza y amor." (11)

En la autoafirmación de la identidad nacional en el contexto revo­lucionario cubano, se ha delineado de forma nítida la tendencia del progreso moral que ha predominado históricamente, en una fuerte lucha entre los valores morales y los vicios, la degrada­ción y corrupción moral coexistentes, que en ocasiones han preva­lecido en determinadas condiciones del proceso histórico cubano.


En esta tendencia del Progreso Moral, se destaca una trilogía de valores morales humanos universales, que aglutinan el resto de los valores morales que en su conjunto orientan y regulan actitudes y conductas de avanzada y progresistas de personalidades relevantes, grupos o sectores, clases, familias o individuos, en la vida cotidiana e histórica, que han estado comprometidos con las exigencias históricas de cada época, en la lucha por el logro de determinados ideales de independencia nacional y patriótica.
A su vez, estos valores han llenado el contenido moral de la polí­tica y del proyecto social de la Revolución desde el pasado siglo hasta nuestros días.

Estos valores son:



  1. La Dignidad Humana (personal, nacional, universal)

  2. La intransigencia e intolerancia ante todo

tipo de dominación extranjera


  1. La Solidaridad Humana.



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